06 de Diciembre de 2017

 

¿Quién ganará las elecciones? (I)

Por Jorge Rubiani

La historia no admite lo contrafactual. Es decir que el estudio del pasado no considera lo que “pudo haber sido y no fue”. Se trata de saber lo que fue, con todos sus detalles y protagonistas, sobre hechos que –deben probarse– ocurrieron efectivamente.

El futuro, sin embargo, admite suposiciones, augurios, profecías, pronósticos, vaticinios o pálpitos que muchas veces no son sino la verificación de lo ya conocido o previsto. En las últimas décadas, a la combinación de cualquiera de estas corazonadas (no son sino eso) le pusieron un nombre “científico“: encuesta. La que para legitimar su validez hace uso de entrevistas a unas 1.500 personas que, telefónicamente, responden sobre “masomenos” lo siguiente: ¿Es usted afiliado al partido tal? ¿Va a votar en las próximas elecciones? ¿Si fulano es el candidato, va a votar igual?, e interrogantes por el estilo que allá en el fondo no son sino miles de corazonadas. Ya que los “encuestados” –se supone– dicen lo que verdaderamente sienten y harán lo que dicen si es que de aquí a las elecciones no cambian de idea. O si, finalmente, acuden al lugar de votación. Pero sus respuestas convierten el resultado de la consulta en algo tan confiable como el pálpito de mi mamá para jugar a la quiniela. Acertaba a veces...

Las elecciones que se vienen serán nuestra realidad de los próximos cinco años, y conociendo los rostros que vemos en todos los rincones del país en “formato sonriente“, aunque fuera de lo legalmente permitido, podríamos casi anticipar lo que nos depara ese futuro cercano. Pues nuevamente tendremos en nuestras instituciones de gobierno una colección de mujeres y varones que ya fueron intendentes, gobernadores, concejales, ministros y parlamentarios. Casi todos, por más de un período y cargando la mayoría de ellos un prontuario de fracasos o el recuerdo de una gestión no muy eficiente. Y hasta sospechados algunos, cuando no directamente imputados, de malos tratos a la cosa pública. ¿Pueden producir estos nombres la excitación que deberíamos sentir ante una elección nacional? ¿La emoción de una posibilidad distinta a lo que a estas alturas parece ya una fatalidad? Si no “lo creyereis“, asomémonos a las listas de todos los partidos para notar que están los de siempre: viejos nombres con las viejas banderas agregándose a la nómina algunos pocos nuevos –muy pocos– “entremezclados” en lugares elegidos por ellos mismos, aunque a nosotros nos corresponderá simular hacerlo el día de las elecciones para que el voto libre y directo que consagra la Constitución parezca “de verdad”.

Entonces, gracias a nuestra ingenuidad y a las listas sábana, nuestra vida continuará tan igual y campante como hasta ahora, pues ni bien asumidos y como en todos los períodos, los autoelegidos designarán, negociarán, cuotearán o “arreglarán” a su vez y de alguna manera los nombres de quienes van a estar en los demás cargos, mediante el método fenicio de siglos anteriores a la era Cristiana: “yo te doy esto y tu me das aquello”. Procedimiento para el que no tienen en cuenta ni la Carta Magna o la idoneidad, ni la seriedad de las instituciones, la imagen de gobierno, el futuro del país u alguna otra “minucia” parecida.

Para esto, las encuestas pronosticarán y las elecciones terminarán dilucidando lo trivial: quién entra o quién quedó afuera; o el lugar que ocupan los electos en la constitución de las Cámaras. La cuestión es solo “entrar” o estar agazapados entre los primeros suplentes; porque TODOS harán lo mismo y poco, disfrutarán de iguales beneficios, incurrirán en los mismo derroches, se protegerán con los mismos fueros, y la misma distensión irresponsable evitará que se despojen de ellos cuando la justicia lo reclame. Aunque esta hará lo de siempre, desde luego. Es decir, NADA, porque el Parlamento controla y sanciona a los jueces... y decide su presupuesto. Y a este contrasentido le otorgamos el rango constitucional de Equilibrio de Poderes” (no se ría). En consecuencia, la impunidad, el derroche y la ineficiencia volverán a ser nuestra realidad. Algo así como nuestro viaje al pasado, de tanto reiterado. O, por lo mismo, nuestro futuro conocido.

Pero falta lo principal: ¿quién ganará las elecciones? Asunto peliagudo, porque el resultado depende de todo... menos de la capacidad del candidato o de su Plan de Gobierno. Si este existiera, de esto no se habla. Porque ya lo recomendaron los expertos en la mercadotecnia electoral: que si cualquiera de los pretendientes anunciara lo que haría si es electo, sería un acto kamikaze. Es decir, muere en el intento, electoralmente se entiende.

Entonces: ¿quién será el próximo presidente de la República? Sin dejarnos seducir por lo que digan las encuestas ni de lo que presumen los candidatos, analicemos las posibilidades en la próxima entrega.

jrubiani@click.com.py

 
 

ABC COLOR EN FACEBOOK

 
 
 

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo