07 de Diciembre de 2017

 

¿Quién ganará las elecciones? (II)

Por Jorge Rubiani

Aunque nada augure que algo pueda cambiar en nuestro país con nuevas autoridades, sumo mi pronóstico a las encuestas difundidas, con la intención de responder finalmente al cuestionamiento del título. Tomo en cuenta a los candidatos que mayor atención reciben de la prensa. De todas las internas, en todos los partidos, empezando desde el orden numérico correspondiente: Lista 1. ANR - Partido Colorado.

El oficialismo agrupado en Honor Colorado consagra la candidatura de Santiago Peña. Un hombre discutido por varios motivos: sus antecedentes liberales, por su candidatura resuelta por el propio presidente Horacio Cartes y por no haber hecho “conscripción” dentro del esquema partidario. O más claramente, “no tiene olor a seccional.” ¿Qué más? Y más o menos lo mismo de lo que dijeron del propio Cartes cuando algunos de los que militan hoy en la vereda de enfrente, lo hicieron candidato. 

En cuanto al primero de los cuestionamientos, la historia de la sociedad paraguaya está plagada de esta “bipolaridad” partidaria. Referencias genéticas que de tanto repetirse, han dejado de tener importancia. Y si la tienen, tenemos que reconocer que también hemos soportado y sostenido a personajes de gran alcurnia política, que fueron unos verdaderos canallas. Que la “pureza de origen” no fue obstáculo para que defraudaran al pueblo de la forma más miserable. Lo mismo puede decirse del unipersonal mecanismo electoral que elevó a Santi al sitial de candidato. Porque el mismo, trastorno de una democracia todavía imperfecta como la nuestra, ha sido utilizado para TODAS las candidaturas, sin importar que al candidato lo hayan elegido 10 personas o una sola. Sin ir más lejos, la coalición electoral que consagra la candidatura de Efraín Alegre como Presidente, eligió como Vice a Leo Rubín. ¿En base a qué méritos? A que son simplemente las formas en que las cofradías partidarias entienden “la participación popular”. 

¿Y qué posibilidades tiene Santi? Muchas. Horacio Cartes partió con menos y ganó su elección. Desconocido en el partido, sin carisma y hasta con antecedentes con la justicia. Ya presidente, le objetaron la conformación de un Gabinete que no se condolió con la expectativa de “las bases” y ahora, al final de su mandato, está con aire y su equipo casi intacto. ¿Por qué más? Porque todos los que bajan a la arena electo-partidaria dicen que se necesita mucho dinero para lo que fuere necesario. Y parece que el Presidente tiene lo suficiente para sostener la candidatura de su delfín, a juzgar por las exhortaciones de sus mismos adversarios que advierten: “no hay que tenerle miedo a la plata de Cartes”. Y el lenguaje electoral pretende ser críptico aunque se revela muy claramente: cuando alguien dice: no hay que, es que hay que. Y si todos admiten que el dinero es importante (sobre todo en los últimos tramos de una campaña electoral), se sabe del caudal financiero del Presidente; y se sabe también que las lealtades partidarias son frágiles y la convicción que se lleva hacia el local electoral, suele disiparse en el cuarto oscuro cuando el correligionario va a marcar el boletín de voto con el bolsillo apretado de billetes. 

¿Qué tiene Santi en contra? Ya señalé algunos defectos en dos artículos publicados en las columnas de ABC durante este año (“Delfines” y “¿El Macron paraguayo?”). Pero le agregaría tres fundamentales: 

1. Falta de autonomía. Si Cartes lo afilió y lo hizo candidato después de haber fracasado su intento reeleccionario, la gente tiene derecho a sospechar que Santi solo es el “Plan B” de aquel proyecto. Especialmente por el protagonismo del presidente en su campaña. Casi una reiteración del dueto Nicanor-Blanca. Y ya sabemos cómo le fue al Partido Colorado en esa elección. 

2. Sobreactuación. El candidato de Honor Colorado incurre en la típica exageración de quien desea adquirir una identidad distinta a la suya. En busca del afecto o aprobación de las bases hace lo mismo que todos, pero forzado y sin talento. Es un grave error de quien pudo haber sido “el candidato distinto” (como en su momento lo fue Blanca) y se empeña en caer bien con medios que no son los suyos. 

3. Justificar a los malevos. De tanto “querer ser”, Santi ha incurrido en penosas justificaciones a personajes funestos y actos que no hubiera tolerado en el Ministerio de Hacienda ni en cualquier otra parte. Igual que en el segundo error, en esto también tuvo oportunidad de marcar distancias y actuar en base a su buena formación y sentido de la decencia ... y no lo hizo. 

Por último ...¿Qué puede hacer si es electo? Hay que esperar a ver qué personalidad nos tiene reservada Santiago Peña como Presidente. Si es la que desarrolló siendo ministro o la de candidato. En cualquiera de los casos, tendrá la obligación de convencer a todos que puede asumir un verdadero liderazgo y que no depende de Horacio Cartes para nada más. Que no termine como el otro presidente de su mismo apellido (Pedro P. Peña) que en 1912, sólo pudo gobernar dos meses y 24 días.

jrubiani@click.com.py

 
 

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