Retroceso

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Pasaron 28 años de la caída de la dictadura del general Alfredo Stroessner, pero los pilares de la democracia están endebles, resquebrajados y apenas sostenidos. Muchos deberes que cumplir y errores que corregir tienen las autoridades del país en esta transición hacia la democracia. Una las obligaciones es garantizar la seguridad, combatir la corrupción, sancionar a los delincuentes; promover la igualdad y buscar el bien común.

No hay avances en salud, educación, trabajo, seguridad ciudadana ni en desarrollo social. Se elevaron los niveles de pobreza y extrema pobreza. Hay 700.000 paraguayos que no alcanzan un plato de comida en el día, lo que demuestra que la desigualdad social va en crecimiento y la ola de delincuencia y la marginalidad aumentaron en detrimento de la tranquilidad y la paz social.

Los políticos, salvo honrosas excepciones, promovieron la corrupción, la mentira, la doblez y se convirtieron en mercaderes de la política. No les interesa su comunidad ni el país; acceden a cargos de poder para beneficios personales y de grupos. No hay formación cívica ni ciudadana ni conciencia para superar los problemas políticos, sociales y económicos.

Durante la dictadura, en las postrimerías de la década de los años 80, la opinión pública decía que el país estaba en manos de forajidos. En la actualidad existe esa misma sensación con serios riesgos de volver al pasado, pero con mayores niveles de inseguridad y elevado índice de problemas sociales.

Se logró la libertad, pero fueron socavados los demás principios democráticos como el respeto a la Constitución Nacional y las leyes y a las instituciones. Se perdieron los valores como la justicia, la igualdad y el estado de derecho.

Las autoridades tienen la obligación de gobernar y promover el desarrollo y fortalecer la democracia, con dedicación, trabajo y honestidad. Dedicarse a la politiquería criolla, fomentar peleas y divisiones causa mucho daño a la patria.

rmontiel@abc.com.py