Tercer aguinaldo

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La Cámara de Diputados quiso probar, no la contundencia de su poder, sino la capacidad de reacción ciudadana frente a un hecho grotesco: el triple aguinaldo de los funcionarios de esa cámara. A su vez, el Poder Ejecutivo aprovechó la situación creada con el mismo hecho para probar hasta qué punto resulta inamovible el puntaje de impopularidad que le otorgaron las encuestas.

A simple pulso, se puede notar que la medida de Diputados provocó la repulsa general que lo obligó a dar marcha atrás. Para no ser arrastrada por la corriente de impopularidad, Senadores optó por anular el pago de otra bonificación a sus empleados y de esa forma quedó en la columna del medio. No sé si fue medido o no el grado de aceptación de la decisión del Ejecutivo de prohibir el pago de bonificaciones en todos los organismos del Estado, pero gracias a ello cosechó algunas felicitaciones.

Ante la opinión pública se instaló a raíz de esto la falsa sensación de que dentro del Gobierno hay una corriente corrupta y otra sana, hay unos malos y otros que los combaten. En consecuencia, a raíz del “aguinaldazo”, los diputados quedan como malos y el Ejecutivo como el bueno.

Sin embargo, en el caso en cuestión no creo que la realidad se presente de esa forma.

En la base de la corrupción política hay una clientela que debe ser alimentada. En la tarea de la distribución de alimentos existen muchos intermediarios que se disputan la cantidad y el territorio. Ustedes ya saben cómo funciona eso, de modo que huelgan las explicaciones.

Algunos organismos del Estado estuvieron repartiendo mucho antes que Diputados las bonificaciones y nadie se escandalizó por ello. Solo cuando Diputados hizo lo propio para alimentar a los suyos, se produjo el despertar ciudadano y fue cuando el Ejecutivo “se dio cuenta” que estaba mal pagar triple aguinaldo.

Aquí en realidad salió ganando la clientela del Ejecutivo, porque los que ya cobraron difícilmente tengan que devolver el dinero y además porque mientras se aplaudía al Ejecutivo por golpear a Diputados, asumían sus cargos nada menos que en Yacyretá los nuevos clientes del Ejecutivo con bandera colorada al cuello.

Mucho juego de cintura para hacer creer que “el otro” es el malo y que hay uno bueno a pesar de todo. Pero nada definitivo contra la corrupción, de la cual se aprovechan todos y entre todos se protegen para alternar el acceso a las miles de tajadas del Estado.

¿Cuál es la diferencia entre un aguinaldo más en el año a los amigos de Diputados y un sueldazo todo el tiempo a los amigos del Ejecutivo? Éticamente ninguna.

ebritez@abc.com.py