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26 de Agosto de 2018

 

Un nuevo aniversario

Por Alcibiades González Delvalle

El lunes se cumplió un nuevo aniversario del final de la revolución de 1947, tal vez la más trágica de las muchas que ha padecido nuestro país. Como en toda guerra civil, las consecuencias se extendieron por varios años, y aun así no desaparecieron del todo. En una esquina del recuerdo queda alguna llama del rencor y la frustración.

La lucha armada de 1947 fue tanto más trágica porque ha sido el resultado de un malentendido, aunque los espíritus estaban ya abonados para que germine el odio. Hubo un solo responsable de la barbarie entre compatriotas: el dictador Higinio Morínigo, cuya codicia por el Poder precipitó al país en una de sus peores desdichas. Y así siempre. Aunque muchos individuos se adhieran luego a la violencia, hay un iniciador, el que da la palada inicial, el que carga la atmósfera social y política de agresión violando la Constitución Nacional y las leyes. 

¿Por qué la culpa de Morínigo? A finales de 1946 se deshizo el “gobierno de coalición” –pronto conocido como “gobierno de colisión”– conformado por colorados, febreristas y militares. Al retirarse los febreristas, se debatió la cuestión de si debían hacerlo también los colorados. El sábado 11 de enero de 1947, cumpleaños de Morínigo, el dictador se reunió con los más altos jefes militares en Mburuvicha Róga para tratar el problema. Morínigo ya tenía la solución, pero como en otras tantas veces en situaciones peligrosas acudió a su reconocida astucia. Los militares resolvieron que se retirase también el Partido Colorado. Morínigo gobernaría con las Fuerzas Armadas hasta que una Convención Nacional Constituyente sancionara –“lo antes posible”– la esperada Carta Magna por la que los políticos y el resto de la ciudadanía suspiraban desde hacía años. 

Morínigo despidió a sus invitados hasta el lunes, dos días después. En la nueva reunión, les daría dos anuncios: Contaría sólo con los militares en su gabinete y la fecha de convocatoria de la Convención. 

El lunes, a la hora convenida, regresaron los asistentes de la reunión del sábado. Pero sólo fue para que se encontrasen con el Partido Colorado en el Poder. La decisión de Morínigo la tomaron como una burla y regresaron a sus unidades con la lógica frustración. Desde entonces el país se llenó de rumores de golpe de Estado. 

La versión callejera –que tenía un sólido sustento– dio lugar al trágico malentendido. El 7 de marzo de 1947, en horas de la mañana, los febreristas asaltaron la Policía de la Capital. La noticia llegó de noche a Concepción a oídos del capitán Bartolomé Araujo que estaba en el proyecto de un hipotético alzamiento. Araujo tomó el asalto a la Policía como la señal para actuar. Montó en su bicicleta y fue a tomar el cuartel. Se inició así la revolución que duraría cinco meses hasta el puerto de Villeta donde hubo muchos muertos y por donde pasaron miles de paraguayos para refugiarse en la Argentina. 

Yo vivía en San Antonio con mi madre, una hermana y una tía. El pueblo estaba envuelto en rumores que nos llenaban de pesadillas con los ojos abiertos. Venían, como arrastradas por el viento, las versiones más sobrecogedoras. 

Pegada a nuestra casa funcionaba un bar donde los colorados pasaron su última noche antes de ir al frente de batalla. Los niños nos pegábamos al cercado para seguir de cerca una animada fiesta. Un conjunto musical desgranaba briosas polcas que arrancaban gritos desafiantes. San Antonio amaneció vacío. Los obreros del frigorífico desaparecieron, así como las burreras que poblaban el mercado. La comisaría estaba también desierta. Nunca la habíamos visto sin el centinela cabeceando de sueño. El desierto nos daba miedo a través del miedo de las personas mayores. 

Unos días después arribaron al pueblo las fuerzas revolucionarias. Pronto el patio del hospital se llenó de heridos diseminados por el suelo, de donde subían quejidos que nos erizaban. Vinieron amontonados en camiones de carga con las lesiones al descubierto. 

Pasarían muchos años para preocuparme en conocer algo más de lo acontecido en aquellos días interminables de miedo, rezos, versiones inquietantes. 

¿La revolución de 1947 se inició en el 46, en el 41 o en el 40? La violencia es el resultado de una larga y generalmente callada gestación hasta que aparece algún ambicioso y prende la mecha. 

Es de desear que este nuevo aniversario nos recuerde el valor de la paz y nuestro compromiso de no tolerar que nadie, impunemente, robe a la gente su derecho a vivir amparada por la ley.

alcibiades@abc.com.py

 
 

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