Muchos afirman como condición sine qua non que un bebé no puede sobrevivir sin su madre o que si falta el padre, la madre cubrirá este rol. Se dice y enseña que la mayoría de los hombres no se hace cargo de sus hijos, que abandonan cobardemente a su novia, amante o relación casual al enterarse de que están embarazadas, etc. Así podemos hacer una lista “roja” y folclórica de ideas en contra de los hombres.
Sin entrar en el lado pesado y amargo de las políticas de género, lo esencial es lo de siempre: transmitir a las nuevas generaciones que un niño necesita de ambos padres para su completo desarrollo. Visto y considerando este equilibrio y por el mes del padre, me parece esencial repasar que es él la primera imagen masculina que tendrán los niños, de ello dependerá cómo, tanto el niño como la niña, formen su modelo de hombre para el resto de su vida. Los tiempos cambian y, aunque lentamente, también en Paraguay, el rol del papá en la casa ya no es el del autoritario y castigador (y esto ameritaría discusión en nuestra cultura matriarcal), sino que los vínculos se han enriquecido por un contacto más cercano y cariñoso. A pesar de la herencia de ser únicamente proveedor, como dicen: “por lo menos que le pase una mensualidad a su hijo”, siempre hubo padres que cambiaron los pañales, cocinaron o se sentaron a hacer las tareas con sus hijos.
Un padre da al hijo varón el ejemplo de masculinidad que la mamá no puede dar por razones naturales. Especialmente a la niña le da un modelo de hombre que permanecerá, para mejor, peor y/o alternadamente lo uno y lo otro. Menciono a las niñas porque se multiplica el temor de las violaciones. No se debe instalar como una precaución la desconfianza hacia todos los papás; el miserable que viola a su hija lo es por algún trastorno mental, adicción, etc.
Leo que algunos textos dicen que “no importa quién sea, alguien cumplirá el papel del padre”, si bien esto se refiere a que, si no está el papá, el abuelo, un tío, un vecino, un líder ocupará ese lugar, el padre biológico no deja de serlo; y si el padre está y quiere vincularse, es preciso que las madres faciliten el acercamiento. Si no está que se ejerza el pedido como corresponde, pero en el trayecto no deben trabajar negativamente la imagen paterna sobre los pequeños. Los niños no perciben la situación como pareja, para ellos ninguno vale más que el otro.
Ser un buen papá es un desafío complejo para un hombre, lamentablemente el tema es poco incentivado a nivel global (salvo por la demanda de alimentos) y prácticamente no se toca en nuestra sociedad.
Recuerdo aquí finalmente una frase dicha por una celebridad que, a pesar de los altibajos, amó entrañablemente a su padre, quien dedicó toda su vida al desarrollo de su virtuosismo: “En el cielo, directamente después de Dios, viene un papá” (W.A. Mozart).
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