09 de Mayo de 2011
Corrupción convierte a cárceles del país en simples "hoteles de tránsito"
Las roscas corruptas que dominan las cárceles del país convierten a la mayoría de los recintos penitenciarios en simples "hoteles de tránsito" de peligrosos criminales que gozan de todo tipo de privilegios durante su "estadía".
El escape se produjo el martes de madrugada, en momentos en que se desarrollaba una fiesta privada en un pabellón que albergaba principalmente a soldados de la organización criminal brasileña Primer Comando de la Capital (PCC).
Un grupo de delincuentes armados con metralletas y movilizados en seis camionetas atropelló a tiros el portón de la cárcel.
Al mismo tiempo comenzó una revuelta en el interior del penal, encabezada por los elementos del PCC que justamente participaban de la fiesta, que incluía desde costosos whiskys y bocaditos, hasta tres prostitutas brasileñas que, solo por salir de la casa de citas, cobran US$ 100 cada una.
Los gatilleros se posicionaron con sus vehículos en el frente y en los costados del recinto, al mismo tiempo en que los internos reducían con escopetas y pistolas 9 mm a sus custodios.
Casi sin mayores sobresaltos, los seis convictos fueron rescatados por sus cómplices.
Complicidad
El director del penal, Catalino Díaz, fue obligado a renunciar, mientras que otros 17 funcionarios fueron inmediatamente destituidos.
Las sobradas sospechas de complicidad fueron consideradas por la fiscala Camila Rojas, quien ordenó la captura del ex director Catalino Díaz, quien ahora se encuentra procesado y se analiza dónde será recluido.
Los guardiacárceles afectados por la medida de sanción no tuvieron otra alternativa más que confesar que el mismo director era quien otorgaba privilegios a muchos reos.
Los soldados del PCC eran los que prácticamente no tenían restricciones dentro del penal y podían introducir bebidas y armas sin ser controlados.
Las visitas en horarios prohibidos también eran constantes en la cárcel de Pedro Juan Caballero, pero los generosos incentivos de los narcotraficantes supuestamente obligaban a hacer "la vista gorda".





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