02 de Abril de 2011

 

El derrumbe del poderío español

Por Luis Verón

En esta segunda y última parte de la vida de Don Bernardo de Velasco y Huidobro abordamos los últimos días de su gobierno en la Provincia del Paraguay.

Previamente ejerció una notable e importante labor en la defensa de Buenos Aires contra las invasiones inglesas. No obstante, la revolución en Asunción ya era inevitable.En el aspecto militar, Don Bernardo de Velasco y Huidobro creó un cuerpo de veteranos rentados, sustituyendo al sistema gratuito hasta entonces imperante, en que los milicianos debían defender el territorio "a su costa y minción".   
   
Con estas fuerzas, de las cuales era generalísimo, Velasco defendió firmemente el territorio paraguayo cuando se presentaron connatos de violación, como la realizada por la provincia de Corrientes, en 1806.   

Al poco tiempo de asumir en Asunción, Velasco tuvo que partir a Buenos Aires para coadyuvar en la defensa de la capital virreinal ante el ataque e invasión de las fuerzas inglesas. En los dos años de ausencia, lo interinaron don Manuel Gutiérrez y don Eustaquio Giannini.   

Entre 1806 y 1807, Inglaterra llevó adelante los ataques a Montevideo y Buenos Aires, que formaban parte de una estrategia continental para evitar que Napoleón se adelantase a ejecutar un plan de apropiarse de los recursos españoles en América, en beneficio de la industria francesa.   

Enterada Inglaterra del estado de indefensión de las posesiones españolas y de que un importante cargamento de tesoro proveniente de Potosí estaba a punto de ser enviado a la metrópoli, hizo que en 1806 enviara una de las expediciones invasoras a Buenos Aires.    Los ingleses llegaron a la capital virreinal, la invadieron, lograron la rendición de las tropas españolas y se apropiaron del botín, que llevaron a Londres.   

A esta primera sucedió otra en 1807 (esta vez, con las fuerzas militares también vinieron comerciantes) y que fue resistida por los criollos, mestizos e indígenas (con activa participación paraguaya).   

La primera invasión fue en julio de 1806. Velasco fue convocado con urgencia por el virrey Rafael de Sobremonte para el envío de hombres para la defensa de Buenos Aires. Los ingleses desembarcaron al sur de Buenos Aires y con una fuerza de 1.600 hombres, la ocuparon fácilmente. El virrey Sobremonte reunió todo el tesoro de la Hacienda Real y huyó hacia las sierras de Córdoba.   

Pese a las promesas favorables de los invasores, a la cobarde actitud de los españoles, la población civil de Buenos Aires resolvió resistir la invasión y, ante la huida del virrey, nombraron en dicho cargo a un francés al servicio de España, Santiago de Liniers.   

Para la defensa de Buenos Aires, la milicia paraguaya –un Regimiento de Voluntarios de Caballería– partió de Asunción en agosto de 1806. De esta fuerza también participaron hombres que, después tendrían relevante actuación en la gesta de la Independencia: el teniente Fulgencio Yegros, jefe de la Segunda Compañía; capitanes José Fernández Montiel y Cristóbal Insaurralde y los alféreces Fernando de la Mora y Gervacio Acosta, el cadete Antonio Tomás Yegros, entre otros.   
   
Luego del fracaso de la primera invasión, el Gobierno inglés envió otra poderosa flota que invadió la Banda Oriental. Para reforzar la defensa, a pedido del virrey Sobremonte –que había recuperado su cargo, pero no la confianza de sus gobernados, Velasco ordenó el envío de otros 427 hombres, al mando del capitán Manuel Antonio Cohene y Pedro de Herrera.  

Cuando Velasco comunicó al Cabildo en Asunción su posible alejamiento para concurrir a Montevideo a la defensa de Buenos Aires, la población y algunas autoridades intentaron oponerse, pues había demostrado eficiencia e idoneidad como gobernador.   
   
El 3 de febrero de 1807, luego de dos semanas de asedio, los ingleses tomaron Montevideo y Sobremonte nuevamente huyó, pero fue detenido por orden del Cabildo de Buenos Aires. La Real Audiencia tomó el poder virreinal y exigió la presencia de Velasco en Buenos Aires, y, teniendo en cuenta su veteranía y pericia militar, se le nombró Mayor General de las Tropas de Infantería y Caballería, además de subinspector general de la ciudad de Buenos Aires.   
   
A poco de llegar a la capital virreinal, Velasco se hizo cargo de la defensa de la ciudad, tomando acertadas medidas y enfrentando valientemente a los ingleses.  Poco después y como consecuencia del triunfo ante los ingleses, Santiago de Liniers fue repuesto frente al gobierno virreinal.   
   
La intervención de Velasco fue de suma importancia para la victoria sobre los ingleses, por lo que el rey Carlos IV le ascendió a brigadier general de Infantería. Debió de permanecer varios meses más en la capital virreinal para reorganizar la ciudad.    

De regreso a Asunción, Velasco reasumió su gobierno el 9 de junio de 1809.   

Interin ocurrían los hechos mencionados, el otrora poderoso imperio español, anquilosado, hacía agua por todos los costados. Esto alentó a la toma de decisiones separatistas en el Río de la Plata, como la surgida bajo el pensamiento de que si debía seguirse la suerte de España o resistir en América: las Indias eran dominio personal del rey de España y el rey estaba impedido. Por lo tanto, las Indias podían gobernarse a sí mismas.

Tras el Cabildo Abierto de 1810 en Buenos Aires todavía  quedaban varios territorios leales a España, entre ellos el Paraguay.    
   
El nuevo gobierno bonaerense decidió invitar a las demás provincias que conformaban el virreinato a incorporarse a la nueva situación y enviar expediciones al Alto Perú (Bolivia) y al Paraguay para derrocar los gobiernos coloniales y sumar estas provincias a Buenos Aires.   

Ante la situación planteada, el gobernador Velasco reunió un cabildo extraordinario que resolvió el reconocimiento y la jura de fidelidad al Supremo Consejo de Regencia instalado en España; además de recomendar "guardar armonía y amistad" con la Junta de Buenos Aires, instalada el 25 de mayo de ese mismo año.   

En el Paraguay se tomaron medidas preparándose ante cualquier posible ataque. Velasco recorrió las Misiones recolectando armas y municiones y alentó a la población a defender su autonomía ante las pretensiones porteñas. Esta actitud a la vez incentivó y alentó el ánimo de los paraguayos de mantenerse independientes de cualquier régimen e, indirectamente, propició la gesta emancipadora que ocurriría meses más tarde.   
   
La conspiración definitiva  

Posiblemente haya existido más conspiraciones que no hayan sido descubiertas por las autoridades y que no están registradas por la historia. La situación era propicia para ello: la deshonrosa actuación de Velasco en Paraguarí, la brillante actuación de los jefes y los criollos en la defensa de la provincia, las ideas emancipadoras regadas por Belgrano, el licenciamiento sin ser abonados sus haberes de las tropas victoriosas fueron sumando puntos para el descrédito del otrora respetado gobernador.   

La llegada del emisario de la monarquía portuguesa, ofreciendo ayuda al régimen español del Paraguay contra las pretensiones bonaerenses, vino a disminuir el ya muy gastado prestigio de Velasco.   

Las ideas independentistas cobraron fuerza y ni el gobernador ni el Cabildo podían hacer nada para sostener el régimen.

Todo esto llevó a altos jefes a llevar adelante una rebelión contra el régimen español. Previsto para el 25 de mayo –aniversario de la revolución de Buenos Aires–, tuvo que adelantarse, inclusive, los complotados tomaron la riesgosa decisión de derrocar a Velasco diez días antes y sin la presencia de los directores naturales de la conspiración, ante la posibilidad de que esta pudiera ser descubierta.   

El 9 de junio de 1811 Velasco, el último gobernador español fue separado del cargo y metido en prisión por algún tiempo.

1- En el Paraguay, la tarea desplegada por Velasco le hizo merecedor del apoyo popular y del Cabildo, aunque había también sectores afines a la revolución bonaerense y partidarios de un gobierno local, autóctono.

2- Durante las invasiones inglesas al Río de la Plata, Velasco se hizo cargo de la defensa de Buenos Aires, tomando acertadas medidas y enfrentando valientemente a los invasores aumentando su prestigio en la capital virreinal.

3- La rebelión contra el régimen español en Asunción estaba prevista para  el 25 de mayo –aniversario de la revolución de Buenos Aires–, pero tuvo que adelantarse.  Los complotados tomaron la riesgosa decisión de derrocar a Velasco.
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