03 de Noviembre de 2008

| DEL LIBRO LOS DERECHOS DEL PARAGUAY SOBRE LOS SALTOS DEL GUAIRA

El “uti possidetis” de 1810 favorece los derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá

Ulpiano, Paulo, Justiniano, no sospecharon nunca que ciertas disposiciones de las Pandectas y las Institutas serían alguna vez aplicadas a dirimir las cuestiones de límites entre los países que surgirían en América del Sud muchos siglos después de la desaparición del Imperio Romano. Y menos aun que el interdicto “uti possidetis”, estipulado para defender al poseedor de un bien contra pretensiones extrañas, serviría para fundamentar el buen derecho de la República del Paraguay sobre los Saltos del Guairá desde el momento mismo de su emancipación de España.

Los saltos del Yguazú quedaron en el Brasil por el avance portugués en tierras sudamericanas.

Los saltos del Yguazú quedaron en el Brasil por el avance portugués en tierras sudamericanas. / ABC Color

LA EMANCIPACION

En los artículos anteriores historiamos el proceso de las tentativas efectuadas por España y Portugal para deslindar sus respectivos territorios en la América del Sud. Recordamos que en dos oportunidades, en 1750 y en 1777, firmaron tratados de límites, y que después de infinitas dificultades para llevarlos al terreno, ellos quedaron finalmente sin efecto. El primero, por el Tratado de 1761 y el segundo, como resultado de la guerra de 1801. Llegó el momento de la emancipación, primero de las colonias españolas y luego de las portuguesas, sin que las nuevas repúblicas surgidas de España tuvieran delimitadas sus fronteras con el Imperio del Brasil que fue el sucesor del Portugal. La misma situación existió respecto de las primeras entre sí. No hubo estado hispanoamericano que no debió discutir sus límites con los colindantes. Surgió, así, la necesidad de adoptar algún principio que fuera la base de las nuevas fronteras.



Esa regla fue el “uti possidetis” en cuya virtud los estados americanos tenían derecho a retener las tierras que poseían en el momento de la independencia. Se dice que fue propuesto por el libertador Bolívar en el Congreso de Panamá, si bien, ya el Paraguay y las Provincias Unidas del Río de la Plata lo adoptaron en el primer tratado de límites firmado en la América del Sud, aunque sin definirlo. Nos referimos al tratado del 12 de octubre de 1811 entre el Paraguay y Buenos Aires, que es, en realidad, el antecedente más remoto de la aplicación del “uti possidetis” para la fijación de los límites entre los países de la América Ibérica. Interesa conocer la aplicación de este principio propio del Derecho Internacional americano, en el caso de los Saltos del Guairá, motivo de esta serie de artículos. ¿Cuál de los dos países, Paraguay o Brasil, los poseía en el momento de la independencia y puede alegar a su favor el “uti possidetis”?

¿QUE ES EL “UTI POSSIDETIS”?

El “uti possidetis” es una figura del Derecho Romano, tras- ladada del derecho privado al derecho público americano. Se trata de un interdicto cuyo objetivo era la protección de la posesión, cualquiera fuera su origen y en el supuesto de que ella fuera consecuencia de la propiedad pero sin atender al título. En virtud de este interdicto, el “uti possidetis” da facultad al poseedor a retener lo que ocupa y a defenderlo contra cualquier extraño. Fue con esa inteligencia que se lo adoptó como norma demarcadora entre los nuevos estados sudamericanos. Para comprender los alcances del “uti possidetis” es necesario recordar lo que se entendía por posesión en el Derecho Romano. Ahorraremos al lector fatigosas reproducciones de los grandes jurisconsultos romanos desde Gayo hasta Justiniano, pasando por Ulpiano, Paulo y Teodosio y sin mencionar las Institutas y las Pandectas. Nos limitaremos a extractar al más conocido de los comentadores, el famoso jurista alemán Federico Carlos Savigny, cuyo “Tratado de la Posesión en el Derecho Romano” es clásico en la materia. Y tendremos también en cuenta para este extracto las críticas, muy conocidas, del célebre romanista alemán Rodolfo von Ihering, en sus libros “La Teoría de la Posesión” y “La Voluntad en la Posesión”.

LA POSESION EN EL DERECHO ROMANO

¿Cuáles son los elementos esenciales de la posesión, según el Derecho Romano? En primer lugar, el hecho físico de tener la cosa o el corpus. Pero no basta. La tenencia debe ser intencional. Es necesaria la voluntad de poseer, y la retención de la cosa. Es lo que se llama el animus possidendi, que no es otra cosa que la intención de comportarse como dueño. La primera condición para adquirir la posesión es el factum, o aprehensión, mediante la presencia inmediata. La aprehensión resulta no solo del contacto físico, sino también de la posibilidad de obrar directamente sobre la cosa. La continuación de la posesión depende de la continuación de las mismas condiciones que han dado lugar a su adquisición: corpore y animus. Pero es evidente que para esta continuación no siempre es necesario el poder físico inmediato que era indispensable para la primera adquisición; basta poder reproducirlo a voluntad. “He aquí por qué”, sigue diciendo Savigny, “por qué la posesión, una vez adquirida, no se pierde por el solo alejamiento”. Y abundando en el mismo razonamiento: “La primera condición requerida para conservar la posesión es el mantenimiento de un estado de cosas que permita disponer de la cosa poseída. Pero esta facultad de disponer no debe ser, como cuando se trata de adquirir la posesión, inmediata y constantemente ejercida; basta que se la pueda hacerla renacer a voluntad. La posesión no se pierde, en consecuencia, sino cuando la facultad de disponer se vuelve completamente imposible”.

Por tal razón, la posesión continúa tanto tiempo como dura la facultad de disponer de la cosa libremente, y a este efecto “no es absolutamente necesario que el poseedor esté allí constantemente presente”. La facultad se pierde por la desaparición del corpus o del animus, o de ambos a la vez. El alejamiento no significa pérdida del corpus, sino cuando se le agrega la violenta ocupación por otro que nos impide retornar a nuestra posesión. “Pero para que la posesión del inmueble se pierda por esta circunstancia”, concluye Savigny, “es necesario el concurso del animus por parte del nuevo ocupante”. Un ladrón que entra en un bosque para robar moderas y luego desaparece, no hace perder la posesión.

La aplicación de estas normas al caso del Salto del Guairá es trascendental, según vamos a ver a continuación.


MAÑANA: El “uti possidetis” de 1810 favorece los derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá (Continuación)

de Efraím Cardozo
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