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    Cálido, cielo nublado, vientos variables, luego rotando al sur. Precipitaciones y tormentas eléctricas.

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    Cálido a caluroso, cielo mayormente nublado, vientos del noreste, luego variables. Precipitaciones dispersas y ocasionales tormentas eléctricas.

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11 de Febrero de 2018

 

Amores ¿de verano?

Por Nancy Duré Cáceres, ABC Color

El amor es uno de los sentimientos básicos del ser humano. ¿Cómo saber si la relación perdurará o se deteriorará en el futuro?, especialmente cuando se trata de relaciones que se iniciaron como los llamados “amores de verano”. Responde la sicóloga Diana Lesme.

"Desde tiempos inmemoriales, las personas reconocen la importancia del amor en la vida, en sus diversas manifestaciones y formas, ya que es lo que da cuenta de las necesidades de afecto, aceptación, aprobación del otro", expresa la licenciada Diana Lesme.

“Una de las preguntas frecuentes que recibimos los sicólogos es cómo saber si la relación amorosa perdurará o se deteriorará en el futuro, especialmente cuando se trata de relaciones que se formaron durante el verano. Esa estación del año asociada a las vacaciones, la relajación de las responsabilidades cotidianas, la flexibilidad, la aventura y la posibilidad de permitirse pensar y accionar de manera distinta por la intensificación de las emociones. Ni la sicología ni otras ciencias sociales tienen la respuesta precisa a esta pregunta, depende de muchísimos factores y, sobre todo, en esta situación, tal vez más que en otras, se aplica la frase de ‘cada pareja es única’, así como cada persona es irrepetible y, también, sus respuestas y acciones”, reflexiona.

Lesme dice que la disciplina sí puede ofrecer algunas luces sobre los amores que ayuden a que cada quien pueda poner en perspectiva sus relaciones y buscar sus propias respuestas, según estudios hechos en poblaciones diversas en las que se detectan ciertas tendencias de comportamiento a nivel general. “Pero es importante comenzar por precisar algunas cuestiones sobre este sentimiento tan valorado y, en ocasiones, esquivo”, señala.

La sicóloga añade que el amor es un sentimiento que, aunque tiene manifestaciones tanto en el registro corporal como en la vida síquica y socioafectiva, no tiene una localización anatómica. Si bien se lo asocia desde lo popular al corazón, no “habita” en él, sino en la psiquis, un abstracto que cada uno va desarrollando desde el inicio de su vida y en las condiciones que puede. “Es lo que nos ‘humaniza’. Hemos llegado al mundo, existimos porque alguien nos tuvo que haber deseado (consciente o inconscientemente) desde el principio. En condiciones saludables, ese sentimiento perduró y se fue acomodando al desarrollo sicológico, social, neurofisiológico del niño o niña y fue dejando huellas, marcas originarias de cómo ese sujeto transitará del amor filial, fraterno, al de pareja, al del semejante. La realidad evidencia que no siempre son saludables esas condiciones de despliegue temprano de emociones, y es allí cuando se inician y, a veces, forjan marcas negativas, destructivas”.

Complejo y difícil

Lesme manifiesta que el amor es complejo y difícil de capturar en una definición y, aunque existen muchas, se puede aproximar a una, entendiéndolo como un conjunto de afectos profundos de los individuos capaces de desarrollar emotividad. Otra cuestión importante para la profesional es saber que el amor no tiene “límites” predeterminados ni es medible en números. “Es un sentimiento genuino y particular que cada persona despliega desde su subjetividad y, como tal, tiene características originales. Se puede expresar a través de varias vías y formas, incluyendo la atracción física, la ensoñación y las fantasías; el disfrute de simplemente “estar” con otro, con el que tenemos coincidencias, aunque también tengamos diferencias”.

Para la sicóloga queda claro que el amor no tiene en sí mismo características permanentemente asociadas al sentimiento, porque al ser una manifestación subjetiva supone distintas formas de vivirlo, y puede ir cambiando –y, en general, ocurre– conforme va pasando el tiempo, las necesidades, los proyectos, las dificultades y los deseos de ambos miembros de la pareja. Por tanto, se desprende también de ello que el amor “de verano”, asociado a las características referidas más arriba, no constituye en sí misma una “categoría de amor”. “La posibilidad de perdurabilidad de la relación está asociada a factores, como historias de vida y de amores, valores y principios, características de la personalidad, formas de expresar los sentimientos, disposición y disponibilidad psíquica para amar, entre otros”, explica.

Lesme comenta que un aspecto importante del desarrollo de las relaciones amorosas es el resaltado por la profesora de Lingüística, Deborah Tannen (1991), de la Universidad de Georgetown (Washington D. C.), quien investigó las repercusiones discursivas de las diferencias de género y otras áreas de las comunicaciones orales. Sostiene que, muchas veces, las comunicaciones entre varones y mujeres están teñidas de fuertes patrones culturales que, de alguna manera, influencian para que sean inconciliables, porque cada uno se mantiene en un registro cerrado en sus verbalizaciones, con estilos comunicativos muy distintos y, sobre todo, porque no escucha lo que realmente el otro plantea. Desde esta perspectiva se hace difícil la comunicación, pero, sobre todo, origina muchos conflictos en la pareja negociar relativos consensos o acuerdos de funcionamiento de a dos. “Cuando trabajo el tema de escucha en la clínica sicológica, sobre todo desde el enfoque sicoanalítico, les suelo decir a los estudiantes de sicología que los clínicos tenemos la responsabilidad de escuchar al otro “con todos los sentidos” y conscientes de que lo hacemos en dos registros: consciente y, sobre todo, desde el inconsciente. Desde allí buscamos ayudarlo a entender sus sinsentidos, desencuentros con las personas y objetivos en la vida. De eso mismo se trata en la pareja, que es más importante de cómo o cuándo se haya establecido durante el verano o el invierno, en vacaciones o en plena temporada de responsabilidades académicas, laborales y familiares; es cómo se acerca uno al otro, cuán disponible y dispuesto está a construir y sostener una relación, a idealizarla y después a tolerar su desidealización. Simplificando las cosas, esto quiere decir que se puede dar un mal denominado “amor de verano” en invierno, otoño o primavera. Un amor que surgió en el verano, en las vacaciones, puede sobrevivir a muchas otras estaciones si se dan las condiciones antes referidas”, asegura.

Era digital

La sicóloga también se refiere a las comunicaciones en tiempos digitales. “Cuando hablamos de comunicaciones, hoy en día no es posible dejar de lado las comunicaciones digitales, porque ellas cambiaron los estilos discursivos, las costumbres e instalado patrones distintos de interacción entre las parejas; en algunos casos facilitando la sostenibilidad de la relación, por ejemplo, en los que hay distancias geográficas de por medio u otro impedimento para la comunicación presencial. En ocasiones, dificultando las interacciones de pareja, en las que mucho de ese “escuchar con todos los sentidos” se pierde en imágenes, cada vez más interactivas, en palabras escritas de modos peculiares, en los tonos afectivos atribuidos culturalmente (y, por tanto, masivamente) a ciertas expresiones o modos de escribir los mensajes”. 

Añade que los códigos cambian rápidamente y la constancia es más difícil y, por consiguiente, los apegos y los amores también y, siguiendo el ritmo del mundo posmoderno, son más “frágiles” y “ligeros”. “Las tecnologías de la comunicación y la información (TIC) se incluyen en ese escenario, en el que se borran las fronteras tanto geográficas como del tiempo; sin duda, incidiendo en las formas en las que las parejas vivencian el amor. La inclusión de las RS (redes sociales) es algo de lo que no podemos escapar y muchas parejas se formaron e incluso sostenido a partir de ellas. No se trata de negarlas, sino más bien de incluirlas de un modo crítico, reflexivo, entre los mecanismos de comunicación y expresión de los sentimientos amorosos”, dice Lesme.

Conclusión 

Para la sicóloga queda claro que las relaciones personales, que uno valora y ama, necesitan dedicación no solo en calidad, sino también en cantidad. Además, destaca que son importantes la tolerancia a lo distinto, la flexibilidad, el optimismo, la alegría y una capacidad de escucha importante. 

Concluye expresando que los amores de verano asociados culturalmente a lo efímero, a la intensidad de las emociones y al goce ilimitado (lo cual es ilusorio) pueden convertirse en relaciones estables y comprometidas, como también pueden quedarse en ese lugar de transitoriedad y pasar a ser historia, dependiendo de una serie de factores y disposiciones más que a la forma y momento de inicio de la relación amorosa. “Esa confianza y apego que caracteriza a las parejas que se aman libremente no están ligados a los convencionalismos sociales, mucho menos a estereotipos ni al calendario que marca fechas preestablecidas por otro para expresar sus sentimientos. Cualquier día y estación del año puede ser buena para enamorarse y construir una relación, desplegando nuestra capacidad amatoria si es lo que genuinamente se desea”.

Modelos: Verónica Ávila e Iván Sosa.

Prendas: Unicentro. Nueva Americana (Shopping del Sol).

Peinó y maquilló: Laura Escobar para Rommy (Centro).

ndure@abc.com.py

Fotos: ABC Color/Silvio Rojas.

 
 

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