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17 de Diciembre de 2017

| Libro

Buenos Aires, asuncena

Por Pedro Gómez Silgueira

Buenos Aires no solo tiene orígenes paraguayos al haber sido fundada desde la Madre de Ciudades, sino mantiene nombres guaraníes en 60 calles. El gentilicio de porteño fue un aporte hecho por Asunción. Hace 300 años existía el “mar del Paraguay”. Todo esto nos recuerda un libro que dará que hablar.

En 1719 fue editado, en París, el mapa América Meridional dividida en sus principales partes, del cartógrafo francés Hubert Jaillot. En ella aparecen el río Paraguay o Río de la Plata, desembocando en el “mar del Paraguay”.

Tal es la portada del libro La Buenos Aires Paraguaya, de Manuel Martínez Domínguez, de la editorial Biblos que fue presentado recientemente para conmemorar los 400 años de la división de la provincia del Paraguay o el Río de Plata, acaecida el 16 de diciembre de 1617, a pedido de Hernandarias.

El historiador y actual director del Ateneo Paraguayo aborda el dilema de las dos fundaciones de Buenos Aires, “un puerto paraguayo en su origen” y reinvindica, por ende, el protagonismo y la historia asuncena como la capital más antigua del Río de la Plata.

“El porteño común ignora totalmente los nombres guaraníes que ve a diario. Como estas calles hacen referencia, generalmente, a la toponimia (bélica en su mayoría); se puede relacionar la historia argentina con la paraguaya. Al dar cuenta de esta relación, se hace visible la Buenos Aires como fundación paraguaya, hecho también desconocido por la mayoría de los porteños, quienes creen que la fundación de la capital fue una empresa española peninsular y no una iniciativa asuncena”, arranca el investigador.

Esto –prosigue– nunca fue ningún misterio, pero lo que hizo la historiografía argentina es inventar una “primera” fundación (la de Pedro de Mendoza, en 1536), para restar importancia a la “segunda” (Juan de Garay, 1580), y así dar a Buenos Aires el derecho de primogenitura sobre las demás poblaciones rioplatenses. Al dividirse la provincia, como el sur conservó el nombre español de Río de la Plata, fue fácil para sus historiadores “hilvanar” el Río de la Plata de 1617 con el de 1536, invisibilizando el pasado hegemónico asunceno, el de la Madre de Ciudades, la más antigua capital rioplatense.

El autor sostiene que las calles en guaraní son la excusa que lleva al desarrollo del tema con el objetivo de mostrar –no demostrar– nuevamente la importancia del ciclo asunceno en la conformación de la historia rioplatense, poniendo en relieve que la conquista del Plata fue un emprendimiento paraguayo, es decir, asunceno (Paragua-ý es Asunción).

–¿Este libro comprueba la hipótesis de que la primera fundación de Buenos Aires es un mito y la que realmente existió es la de Juan de Garay en 1580?

–Es un acercamiento a un hecho, convencionalmente considerado “histórico”, realizado desde una perspectiva multidisciplinar. Bartolomé Mitre es quien “inventó” el hecho de que la actual Buenos Aires haya sido fundada “dos veces”. La gente de principios del siglo XIX no tenía esta percepción acerca de la ciudad. La idea de mythos la tomo de Borges, de su poema La fundación mitológica de Buenos Aires, en el que, como por arte de magia, dentro de su orgullo porteño está la respuesta: Paraguay.

–Borges dice que esa ciudad se fundó en la calle Paraguay...

–En el poema dice que en su imaginario, la ciudad se fundó en una manzana de su barrio entre las calles Guatemala, Serrano (actual calle Borges), Paraguay y Gurruchaga. Pero Borges desde su literatura no fue el primero quien habló de mito. El primero fue el cónsul inglés en Rosario, Thomas J. Hutchison, quien en su obra The Parana, se refiere a sucesos relativos a la fundación de Buenos Aires, como “cuento algo mítico” (story somewhat mythical); esto lo escribió en 1868. Hutchison sabía perfectamente que la Buenos Aires de Mendoza no es la misma que la de Garay. En la misma página se lee: “Estableció (Garay) un asentamiento de españoles cerca del viejo puerto de Santa María de Buenos Aires, del que habían sido conducidos cuarenta y cinco años antes”. Para Hutchinson, el viejo puerto al que recaló Mendoza no era la misma ciudad fundada por Garay, que él entonces conocía como capital de Argentina.

–¿A qué conclusión nos lleva este libro?

–Creo que antes que imponer una conclusión, impondría el tema de un diálogo, y este tema es el origen paraguayo, entiéndase asunceno, de la capital de Argentina. Lo más curioso, para mí, no viene del conocimiento racional o intelectual, que proporciona el trabajo, sino de la mágica repuesta que ya da Borges en su poema: el Paraguay como eje transversal en la construcción de la argentinidad, es decir, de la cultura rioplatense, a la que analizándola en detalle podríamos hablar realmente de cultura paraguaya.

–¿Se podría decir que el libro plantea que Buenos Aires y, por ende, la Argentina eran parte del Paraguay?

–La Argentina y todas las ideas que hoy ella conlleva, no. El territorio físico que hoy detentan los límites políticos de la actual República Argentina, sí. El libro no lo plantea, lo hace visible. Recordemos: el Cabildo de Asunción y los adelantados no saldrían a realizar fundaciones fuera de su jurisdicción. 

–¿Por qué Hernandarias cometió el error de realizar la división de 1617?

–Hernandarias no cometió ningún error. Hernandarias fue, quizá, el más probo de los gobernantes que tuvo el Paraguay e hizo lo mejor que pudo en pro de los intereses del rey de España, su señor, lo que le costó desavenencias con el entorno ya corrupto y altanero de los principales del Paraguay. Hernandarias planteó al rey la división por la dificultad que la grandiosidad de la provincia acarreaba a su gobierno, y la planteó de esta forma: las tres ciudades del Guayrá en actual territorio brasileño, por un lado, y las cinco ciudades de la cuenca del Paraná, por el otro, Asunción, Concepción del Bermejo, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires. Por consejo del virrey del Perú, el marqués de Montesclaros, el rey dividió la provincia de la manera consabida.

–¿Los paraguayos somos rioplatenses?

–Hoy, la cosmovisión forjada por la historiografía e intereses porteñistas hacen que ya no lo seamos. En la actualidad se aplica solo a los países circundantes a la desembocadura del Paraná Guazú, desde donde justamente se llama Río de la Plata: Argentina y Uruguay, este último, que fuera parte de la gobernación del Río de la Plata, creada en 1617. Podría atreverme a plantear que desde ese año, merced a la política administrativa peninsular, los súbditos españoles paraguayos dejamos de ser rioplatenses. 

–¿Hasta cuándo existió el “mar del Paraguay”?

–El llamado “mar del Paraguay” aparece en mapas y cartas náuticas de los siglos XVII y XVIII. Toma su nombre de una de las más importantes posesiones españolas en la América Austral de entonces, Paraguay, de ahí que también exista un mar del Perú y un mar de Chile. Ahora bien, el Paraguay de entonces no es el de hoy, así como tampoco lo era el de 1811 o 1813. En los siglos XVII y XVIII, la soberanía de estas tierras, que por entonces tenían el nombre de Paraguay, la ejercía el rey de España, así que “mar del Paraguay” no es una denominación que implica la soberanía de nuestro país sobre esas costas como la entendemos hoy. La soberanía sobre estas costas ya era un problema para el mismo rey, ya que el avance portugués movía la línea de Tordecillas cada vez más hacia el oeste.

–España no pudo proteger sus dominios...

–La administración española desde la lejana Asunción nunca pudo ejercer una protección eficaz de estas costas, tal es así que lo peligroso y engorroso que era desembarcar ahí e ir por tierra hasta Asunción hace que se vea la posibilidad de “refundar” el puerto. Recordemos que Asunción gana o pierde el derecho o la obligación, dependiendo del enfoque que se quiera dar, de guardar estas costas con la división de la provincia en 1617. El anacronismo muchas veces nos impide ver otras realidades. Estos siempre existen, lo que cambian son nuestros puntos de vista. Eso es la historia: puntos de vista.

pgomez@abc.com.py

Fotos: Gentileza.

 
 

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