03 de Diciembre de 2017

 

CITAS & HECHOS

Por Marisol Palacios

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.

“Para tener buena salud, lo haría todo menos tres cosas: hacer gimnasia, levantarme temprano y ser persona responsable”.

Winston Churchill (1874-1965) Político británico.

“La salud es un estado transitorio entre dos épocas de enfermedad y que, además, no presagia nada bueno”.

Mark Twain (1835-1910) Escritor y periodista estadounidense.

“La única manera de conservar la salud es comer lo que no quieres, beber lo que no te gusta, y hacer lo que preferirías no hacer”.

Giovanni Papini (1881-1956) Escritor italiano.

“Una salud demasiado espléndida es inquietante, pues su vecina, la enfermedad, está presta siempre a abatirla”.

El hombre de las dos caras

El caso de Edward Mordrake es uno de los más raros en la historia de la medicina. Si bien se sabe que nació en el siglo XIX, en Inglaterra, se desconoce la fecha exacta. Era hijo de la condesa de Darlington, situación privilegiada que, unida a su condición física, le granjeó el odio y desprecio de la comunidad. Su “rareza” consistía en que tenía dos rostros: uno completamente sano y otro, en el cuello, casi en la parte posterior, atrofiado, pero funcional. Según los informes escritos, el rostro posterior de Mordrake, de menor tamaño, era estrábico y algo deformado, pero se movía. Tenía capacidad de sonreír y hacer pucheros independientemente de su otro rostro. Menos creíble, aunque también posible, es que siguiera con la mirada. Según cuenta la leyenda, el propio Edward Mordrake solicitó que se la extirpasen, pues aseguraba que le susurraba cosas “salidas del infierno”. Real o no, lo que sí es cierto es que a los 23 años, preso de una profunda depresión, se ahorcó en el balcón de un piso que había alquilado. 

Sobre el otro rostro de Mordrake, la causa pudo haber sido diprosopia, un síndrome causado por una anomalía genética que implica la duplicación de varios rasgos de la cabeza, incluyendo toda la cara. Normalmente, solo son partes concretas que incluyen los ojos o la nariz. Por desgracia, los bebés con diprosopia no suelen sobrevivir más que unos minutos o unas horas tras el nacimiento, por cuestiones puramente anatómicas. Sin embargo, existen algunos casos extraordinarios, como el famoso Pascual Piñón o el del propio Edward Mordrake, quien sobrevivió y tuvo una vida “normal” hasta los 23. Estas características hacen el caso de Mordrake único.

(*) Fuentes: https://www.hipertextual.com - http://www.proverbia.net/

Recopilación: mpalacios@abc.com.py

 
 

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