14 de Febrero de 2016

| Vivencias

De misión al África

Por Alicia Bernal

Diego Cáceres, un joven docente de 35 años, decidió renunciar a sus comodidades, logros profesionales y el calor de su hogar para abrazar la misión de ayudar a pobladores de barrios carenciados en África. Ahí conoció a Tamara, quien hoy es su esposa. Juntos vivieron experiencias que marcaron sus vidas y ahora buscan aplicar sus conocimientos de servicio misionero en el Paraguay.

Diego y Tamara son voluntarios de la organización misionera cristiana Operation Mobilization (OM), que está presente en 110 países, con base en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Desarrollan programas de ayuda a personas en extrema pobreza y refugiados, a través de sistemas de mentoría y enseñanza de profesiones.

El docente paraguayo comenta que al principio el entrenamiento fue muy duro, porque no manejaba el idioma y no podía comunicarse bien con la gente. Tanto fue así que en muchas ocasiones pensó en regresar al Paraguay, pero allí, en medio de la nada, lejos de su familia, cultura y amigos, asegura que encontró el propósito de su vida. “Fui a África con el deseo de ayudar a cambiar en algo ese país, pero África terminó cambiándome a mí; aprendí idiomas, conocí muchas cosas nuevas”, resalta.

Fue también ahí, durante el entrenamiento, que conoció a Tamara Van Halteren, una joven holandesa que, como él, abraza la misma vocación. En medio del difícil servicio misionero y superando varias barreras, entre ellas el lenguaje, decidieron unir sus vidas, y contra viento y marea sirvieron en el continente que tanto aman durante tres años.

Según Diego, la vida en África tiene muchos desafíos y la gente es muy cálida. “En realidad, muchas veces me encontré con el pensamiento de que nuestros pueblos son similares en muchas cosas, y algo que rescatar del pueblo africano es su sencillez. En todos los lugares me recibían como a un hijo. En medio de su pobreza siempre se esforzaban por atendernos de la mejor manera”, destaca.

En cumplimiento del servicio misionero, Diego y Tamara pasaron por Sudáfrica (Pretoria, Johannesburgo, Ciudad del Cabo, Polokwane y East London) y Ruanda (Kigali, Gisenyi, Ruhashya y Mukingi).

Desempleo y desigualdad

Según detalla, el desempleo y la inseguridad son los principales riesgos sociales y problemas en África. Muchos congoleses se desplazan a otros lugares a causa de las guerras civiles o la inseguridad a consecuencia del recrudecimiento de los combates con la guerrilla, que provocó que más de 100.000 personas salgan de ese país. “Algunos viajan meses para llegar a Sudáfrica y buscar alguna ayuda, y el número va en aumento”, indica.

El desempleo es una constante también, y se suman los miles de refugiados que buscan una oportunidad y, al no encontrar nada, se aventuran a vivir de las limosnas y la indigencia.

Otro de los males en el continente africano es la violencia hacia las mujeres, quienes son víctimas de constantes maltratos y todo tipo de denigraciones. “Esa es la rutina diaria de quien nace niña en el Congo; cada día, la sociedad le insiste en que no es más que eso y que, como tal, debe cumplir los caprichos del varón”, lamenta.

Esclavos de este siglo

Dentro de su práctica misionera en Sudáfrica, Diego conoció en la calle a Jon, un refugiado del Congo, profesional de 34 años, graduado en Química, quien salió de su país debido a los conflictos bélicos y en busca de mejores oportunidades. Jon hizo un viaje de dos semanas para llegar a su nuevo destino, con la esperanza de poder conseguir algún empleo con el cual ayudar a su familia, que dejó en el Congo.

Jon no manejaba el idioma (inglés) y tampoco tenía un lugar donde quedarse, ya que no tenía conocidos en ese país. Pese a toda su preparación e ilusión de un pasar mejor para su familia, tuvo que conformarse a acceder a trabajos de mandados en el mercado, donde recibía la paga de un dólar por día. “¿Qué opciones tiene un refugiado en esas condiciones? Prácticamente, delinquir o trabajar por nada”, acota.

“Con un dólar por día, cinco dólares a la semana, ¿cómo hace para pagar una renta, comer y enviar dinero a su familia? Prácticamente imposible”, agrega.

Diego ayudó a Jon a llevar un encargo para su esposa. Viajó hasta Ruanda, donde se encontraba la familia de Jon. Con el país en medio de una guerra civil y la frontera cerrada, se ingenió para contactar con la esposa de Jon y entregarle el mandado, que consistía en “una cajita con una carta y con algunas pertenencias sin nada de valor aparente, pero de gran significado para ellos”.

Luego de un tiempo, después de su boda, Diego volvió con Tamara a buscar a Jon, pero ya no lo encontraron. En la zona le dijeron que falleció a causa de complicaciones de una enfermedad que aparentemente era curable, pero como no tenía los medios, no pudo tratarse a tiempo y murió con tan solo 34 años de edad, y ya nunca volvió a ver a su familia. “Lamentablemente, esa es la realidad de miles de refugiados”, expresa.

Historias de cambio

Por otro lado, Diego comenta que mediante el trabajo misionero en África fueron testigos de cómo pequeñas acciones pueden traer grandes cambios en la vida de una persona. Relata el caso de Michell, un indigente en silla de ruedas a quien conocieron en una calle de Ciudad del Cabo y lo ayudaron a cambiar su estilo de vida; lo contactaron con personas que le dieron un techo, abrigo y comida, y así su vida dio un giro. “Es un ejemplo de que podemos cambiar el mundo de una persona a la vez”, afirma.

Otra colaboración se dio en un café internacional para estudiantes universitarios en Ciudad del Cabo, donde los universitarios que venían de Nigeria, Somalia y de otros países podían acceder en un horario específico a café, internet gratis para comunicarse con sus familiares y eventos de integración. Con este proyecto colaboraron durante tres años.

Servicio en el Paraguay

Diego y Tamara culminaron su misión en el 2015 y, luego de tres años de experiencia en el continente africano, ahora están entusiasmados en servir en nuestro país y aplicar los conocimientos adquiridos en dicha misión. “La experiencia fue muy valiosa y aquí hay mucho por hacer. Queremos adentrarnos en ayudar a las personas en situación de riesgo de nuestro país, a mejorar su condición de vida a través de proyectos que vamos a empezar muy pronto aquí, en el Paraguay; entre ellos, potenciar la agricultura familiar”, señala finalmente.

abernal@abc.com.py

Fotos ABC Color/Pedro González/Gentileza.

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