17 de Setiembre de 2017

 

Entérese

Por Luis Verón

Tupaokue

Días pasados estuvimos una vez más en la estancia Olivares, que forma parte de la antigua estancia de los Carrillo-Viana, con cuya heredera, Juana Paula, se casó el que después fue presidente del Paraguay, don Carlos Antonio López.

Este paraje, conocido como Tupaokue –por la ruina del viejo oratorio–, se llamó Olivares por las plantas de olivo importadas desde España y cultivadas allí para aclimatación por el presbítero Blas Pereira, primer dueño del lugar, allá por mediados del siglo XVIII.

Tras posteriores ventas, la estancia Olivares fue adquirida por el matrimonio Carrillo-Viana y por herencia recayó en la familia López-Carrillo.

En la posguerra, la estancia fue adquirida por el inmigrante alemán Albert Aostendorp. En 1919, la propiedad fue adquirida por don Francisco Guanes Machaín, quien la vendió a su madre, doña Rafaela Machaín de Guanes, en 1924.

En 1933, doña Rafaela otorgó esa parte de la estancia a su hija doña Berta Guanes de Alvarado. El dueño actual es el nieto de doña Berta, don Arturo Alvarado Llanos, quien está llevando adelante los trabajos de restauración del antiguo oratorio, mandado a construir por don Carlos Antonio López.

Hoy, la estancia la maneja su hijo Arturito, quien con su mujer, Diana Gennari Riveros, ofician de anfitriones y cicerones a la gente que visita el apacible lugar.

Un lugar lleno de historia.

Connubio reptiliano

En la estancia Olivares existe una pequeña locomotora –de juguete, diríamos– comprada en 1904 y traída desde el Uruguay, décadas atrás, y restaurada y puesta en funcionamiento. Cuando nos aprestábamos a calentar su caldera, levantamos la carpa que hacía de cobertor y, ¡oh, sorpresa!, descubrimos a dos víboras en pleno escarceo amoroso (la primavera expresándose en el despertar de la vida renovada)…

Bueh… Las dejamos que terminaran sus mimos y nos alejamos a tomar tereré. Pocos minutos después volvimos y desaparecieron. Las buscamos afanosamente en los alrededores y las ubicamos. Primero a la hembra –de unos 80 cm de largo– y, luego, al macho –de unos 50 cm–. Como una de las reglas de la estancia es el respeto irrestricto de la naturaleza, ayudados con unas varas, las pusimos en un balde y las arrojamos lejos de la casa, en el monte.

Las víboras eran unas kyryryo, serpientes bothrops muy venenosas y agresivas.

El día que el Paraguay cambió

Hoy, hace 37 años que la vida del paraguayo cambió radicalmente. Cambió la forma de ser, las costumbres… Muchas cosas cambiaron cuando, a media mañana del 17 de setiembre de 1980, un disparo de bazuca terminó despanzurrando al expresidente nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, asilado en nuestro país desde un año antes.

Somoza, nacido en León, Nicaragua, en 1925, fue presidente de su país entre 1967 y 1980, y miembro de una dinastía familiar que gobernó tiránicamente su país durante más de cuatro décadas.

Estudió en la Academia La Salle de Long Island, Nueva York, y, en 1946, se graduó en la Academia de West Point. De regreso a Nicaragua ocupó la comandancia de la Guardia Nacional, el poderoso cuerpo armado por los Estados Unidos que hacía las funciones de un Ejército nacional, pero que se hallaba al servicio particular de los Somoza.

En 1967 fue designado presidente de la República, prolongando una dictadura hereditaria, corrupta y patrimonialista disfrazada de República democrática constitucional.

A partir de 1978, la oposición antisomocista tomó visos de alzamiento popular generalizado, mientras las acciones guerrilleras derivaron en una guerra civil. Ante el avance del Frente Sandinista de Liberación Nacional sobre la capital, el 17 de julio de 1979, Somoza entregó sus funciones a un presidente provisional, Francisco Urcuyo, y se marchó a su lujosa residencia de Miami Beach, Florida.

Días después, la Guardia Nacional se rindió y la guerrilla entró en Managua para formar con dirigentes de la oposición liberal un Gobierno Provisional de Reconstrucción Nacional. Somoza hubo de abandonar los Estados Unidos por algunas dificultades con el Departamento del Tesoro y, el 19 de agosto de 1979, llegó al Paraguay, donde el dictador Alfredo Stroessner le concedió asilo político.

Se disponía a iniciar una nueva vida en el Paraguay (adquirió 12.000 ha de terreno en el Chaco para desarrollar un complejo agropecuario) cuando, el 17 de setiembre de 1980, un comando de izquierdistas argentinos interceptó su vehículo en una céntrica avenida de Asunción y acribilló a sus ocupantes. Somoza resultó muerto en el acto. Su asesinato resultó un duro impacto en la vida de los paraguayos.

surucua@abc.com.py

 
 

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