05 de Noviembre de 2017

 

Entérese

Por Luis Verón

Hace 80 años

El 5 de noviembre de 1937 fallecía en Asunción el botánico suizo Dr. Emilio Hassler.

Había nacido en la ciudad suiza de Arau, el 20 de junio de 1864. Estudió Medicina en la Universidad de Suiza, doctorándose en 1881. Vino al Paraguay en 1883 y luego viajó al Brasil, de donde regresó en 1888.

Se radicó en San Bernardino, y empezó una silenciosa tarea de investigación y clasificación botánica: conservó, secó y clasificó unos 8000 especímenes de la flora local. Mucho de lo recolectado envió a Europa, adonde fue a estudiarlo. También envió seis esqueletos humanos encontrados cerca del lago Ypacaraí, menos uno, que se conserva en el museo del Jardín Botánico de Asunción. 

Dejó una copiosa bibliografía científica, entre las que se destacan: Una nueva especie de Copaifera del Paraguay, Bosques del Paraguay, La vegetación paraguaya y sus límites, y Plantae hasslerianae, compendio en tres volúmenes de sus investigaciones.

Fue miembro de la masonería paraguaya, uno de los fundadores de la Sociedad Científica del Paraguay y, durante la Guerra del Chaco, mantuvo en su casa de San Bernardino un hospital destinado a los combatientes.

Uno de sus más importantes discípulos fue el botánico Teodoro Rojas.

Noble palabra venida a menos

La presencia negra en el continente, de cuya historia fue un principalísimo aunque ignorado protagonista, trajo a América el quilombo, un término que se originó en el Brasil, en el siglo XVII.

Dicho término tendría origen en la lengua kimbundo, hablada en el Congo, pues gran parte de la presencia negra en nuestra región era originaria de esa nación africana.

Ahora..., ¿qué significa quilombo? En su lugar de origen, en África, habría sido el nombre del lugar en el que se realizaban cultos religiosos. En el Brasil era la choza –o las chozas– construida en lo profundo de los bosques, hasta donde llegaban subrepticiamente los esclavos negros a revivir y poner en práctica sus costumbres ancestrales. Por extensión, se llamó quilombo al lugar casi inaccesible en el que se refugiaban los negros huidos de los ingenios y plantaciones esclavistas portuguesas del Brasil. Y a los refugiados allí, quilombola.

El término quilombo llegó hasta nosotros desde Río Grande do Sul –donde existen numerosos vestigios en la toponimia local (varios cursos de agua son llamados “arroyo do Quilombo”)–, de donde pasó al Uruguay y, de allí, al Río de la Plata, de donde lo tomamos y lo incluimos en nuestro vocabulario.

Alimentación guaranítica

Los modos de cocción utilizados por los indígenas guaraníes, muchos de ellos vigentes en la cocina paraguaya, eran: chyryry (frituras), hesy (cocción al asador), maimbé (tostado o torrado), mimói (hervido), mbichy (cocción bajo cenizas), ka’ë (asado de carne), ñaopyru (cocido en vapor) y piraku’i (ahumado).

Por otro lado, no usaban sal ni caldos, comían lentamente y callados, nunca comían muy caliente y no bebían nada comiendo. No abusaban del tabaco ni tomaban mucho mate –su consumo era, generalmente, ritual–, tampoco utilizaban estimulantes ni narcóticos.

Con respecto a la alimentación, agreguemos que los guaraníes eran antropófagos rituales, poseían animales domesticados y comprendían racionalmente los fenómenos de la naturaleza. “El hecho de que alcanzaron a conocer el valor germinativo de las semillas –dice Francisco Montalto–, la forma de hacer sus selecciones (el caso del maíz), transformar especies vegetales venenosas en variedades útiles al organismo humano (la mandioca)” es prueba de ello.

“Por esta senda –señala el mencionado autor– habían logrado hacer de la mandioca, con alto contenido de ácido cianhídrico, un artículo apto para el consumo humano”.

También cultivaban diversas variedades de batatas, cereales, legumbres diversas, oleaginosas, como el maní, un grano integral de alto valor nutritivo; distintas variedades de calabazas (andaí y kurapepe). Cultivaban verduras, como el mencionado tajaó, los kará, el kuruguá, que también utilizaban con fines medicinales en la ictericia.

Entre los frutales cultivaban el pakova o banano, ananá o piña, el citrus nativo apepú he’ẽ, los arasa o guayabos, además del consumo de infinidad de frutas silvestres.

También consumían ciertos tipos de hongos, que cocinaban en rescoldos envueltos en grandes hojas.

Esta abundante producción alimentaria cultivada muestra que conocían de la vida sedentaria o –por lo menos– semisedentaria. Esa forma de vida favorecía una nutrición apropiada.

surucua@abc.com.py

 
 

ABC COLOR EN FACEBOOK

 
 
 

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo