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22 de Julio de 2018

| Deportes

Estrategia o virtuosismo

Por Gabriel Cazenave, ABC Color

El Mundial de Rusia lo ganó Francia con sobrados merecimientos, por más que el 90 % de los neutrales, entre ellos los paraguayos, les hayan tomado tanto cariño a los croatas, quienes no dejaron mucho espacio para el reconocimiento a los legítimos campeones.

Los franceses son los nuevos amos del fútbol en los últimos 20 años, con dos títulos y una final en seis ediciones de las Copas del Mundo de la FIFA, que dejan atrás los números de Brasil y Alemania, con una consagración y un subcampeonato cada uno en el mismo lapso.

¿Qué nos dejó Rusia 2018, además de estas conclusiones estadísticas? Mucho, en términos generales, para el fútbol universal y, también, un marco de referencia respecto a nuestra ubicación en el mapa imaginario, a raíz de lo que hemos observado durante 31 días.

En relación con el primer punto, se ha leído y escuchado con frecuencia, durante y después del torneo en Rusia, que las tácticas defensivas han derrotado a la mayor tenencia del balón. Ha ocurrido en algunos partidos, pero no fue un fenómeno generalizado y, además, no siempre el mayor tiempo de control del esférico significa, al mismo tiempo, que el equipo que lo logra es generador de las mejores oportunidades de gol en un partido.

Allí nace la discusión en la que es necesario definir cuándo se configura la mera mayor tenencia que no impacta en el marcador y solo produce la acumulación de guarismos porcentuales favorables, y cuándo se genera la mejor tenencia, la que inquieta las estructuras adversarias y acerca a su generador las mejores posibilidades de triunfo, salvo actos heroicos de sus oponentes.

Otro detalle que se debe tener en cuenta en estos casos es que se han dado partidos perdidos por equipos que alcanzaron sorprendentes cifras de dominio territorial y del implemento de juego, sin reparar en el hecho de que, en muchos de los casos, esta situación ha sido casi obligada por la razón de que el rival, por la razón y escala de merecimientos que fuese, logró adelantarse en el marcador y trasladó la responsabilidad de gestión a la vereda de enfrente.

Desde luego que los términos no son absolutos en un deporte como el fútbol, que es capaz de generar sensaciones de equilibrio entre dos equipos de desigual cotización y antecedentes, principalmente en un torneo corto como la Copa del Mundo, en el que no hay revancha. Pero no es posible dejar como una verdad que los equipos dominantes de la escena estén llamados a convertirse de ahora en más en perdedores.

Escogiendo solo un ejemplo, los porcentajes de tenencia del campeón Francia no han sido arrolladores. La razón es que solo en un breve pasaje del partido de octavos de final ante Argentina, nunca estuvo en desventaja en el marcador y le correspondió manejar situaciones favorables, con el deliberado interés de obtener los espacios para desarrollar una de sus mayores virtudes: el contragolpe, con el adolescente Mbappe como abanderado.

Otra sentencia muy escuchada durante el torneo cumplido en suelo ruso es que los técnicos estudiosos en el arte de la estrategia les ganaron la pulseada a los pocos que aún tratan de alistar en sus equipos a los virtuosos, para que sea la inspiración de estos la que gane partidos y no la aplicación casi científica de fórmulas para el aprovechamiento, por ejemplo, de las jugadas de pelota quieta.

Y no fue así, porque de los cuatro equipos que mejor juego mostraron, tres ocuparon el podio (Francia, Croacia y Bélgica) y solo uno (Brasil) se estancó en cuartos de final, a raíz de una derrota frente a los belgas. Fue justamente el cuarto semifinalista, Inglaterra, el equipo al que se le adjudica el indudable mérito de haber contado con un entrenador, Gareth Southgate (47), que rescató detalles extraídos incluso del básquetbol (NBA) y el fútbol americano (NFL) para aplicarlos a la preparación de sus estrategias. Y le fue bien. Nueve de los 12 goles convertidos por los ingleses en Rusia provinieron de pelotas detenidas (dos tiros libres, cuatro de esquina y tres penales). Además, ganaron por primera vez en un Mundial una definición desde el punto penal, a Colombia; una obsesión para Southgate, quien cargaba con la culpa de haber fallado –como jugador– un tiro en la semifinal de la Eurocopa de 1996 contra Alemania.

Otro técnico que revolucionó su equipo fue el croata Zlatko Dalic (51), quien tomó la responsabilidad solo en octubre pasado, en plenas eliminatorias, con la suerte del equipo comprometida. Recuperó la autoestima de las estrellas que brillaron en Rusia, quienes eran en ese momento solo tristes siluetas, hasta asegurar el segundo lugar de su grupo, para llegar al repechaje ante Grecia, que depositó a los balcánicos en el torneo del que son vicecampeones.

El español Roberto Martínez (45), un admirador del holandés Johan Cruyff, lo cual define su pensamiento futbolístico, condujo a Bélgica al tercer lugar y fue de los pocos que estableció apuestas valientes de juego, basadas en la calidad individual, con orden colectivo.

Y el campeón mundial Didier Deschamps (49) fue el que mejor combinó la utilización de los recursos técnicos de sus jugadores con el aprovechamiento táctico, como visiblemente ocurrió con goles estratégicos, como los convertidos con estupendos golpes de cabeza de Rafael Varane contra Uruguay, en cuartos de final, y de Samuel Umtiti frente a Bélgica, en la semifinal.

¿Por casa cómo andamos?

Las señales no son positivas al girar la mirada hacia el interior de nuestra realidad. Trasladando nuestro teórico nivel actual, que se deduce de los últimos amistosos, a las exigencias de un Mundial como el que pasó, nos encontramos ante un escenario cargado de incertidumbre. ¿Estamos en condiciones de mejorar la propuesta de Costa Rica, Panamá o Perú?, que fueron los equipos latinoamericanos eliminados en la primera fase. Tal vez nos acerquemos a los dos primeros, pero los peruanos nos sacaron una clara ventaja de un tiempo a esta parte y lo demostraron con juego, aunque sin resultados en Rusia.

¿Somos capaces de superar a Túnez, Marruecos, Egipto, Arabia Saudita, Polonia o Islandia?, otros de los seleccionados que no superaron la etapa de grupos. Excepto los polacos, quienes decepcionaron, todos los demás –pese a la temprana eliminación– dieron muestras de una competitividad que asusta.

Paraguay no tiene definido su plan de acción para intentar evitar que la sequía mundialista alcance un tercer ciclo consecutivo. La tarea es ardua y ya es hora de comenzar a desarrollarla.

gabriel@abc.com.py

Fotos: Agencias EFE/AFP.

 
 

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