11 de Febrero de 2018

 

LA CANASTA MECÁNICA

Por Carla Fabri

DESNUDA Y SIN DOCUMENTOS .- Las partes íntimas y la vergüenza casi siempre van de la mano desde el principio de los tiempos en nuestra cultura. Según cuenta el Génesis, Adán y Eva recorrían el paraíso, panchamente desnudos, porque aún no habían probado la fruta del árbol prohibido. Es decir, nuestros padres ancestrales vivían en la condición de la inocencia infantil, que no tiene prejuicios para exponer el cuerpo en abierta totalidad, sin nada que lo cubra. Parece que después de cometer el pecado, Adán y Eva se dieron cuenta de su desnudez, tuvieron vergüenza y se cubrieron las partes con hojas de parra o de yaguarundí, a lo mejor. Antes de la caída estaban vestidos de luz. Poético ¿verdad?

A partir de entonces, ya no fue fácil y dejó de estar de moda eso de andar a calzón quitado por el vecindario. También se cuenta que en el antiguo Egipto, de acuerdo a unas tablillas del faraón Akenatón, él; su esposa, Nefertiti, y los hijos de ambos andaban en cuero por el palacio real para desarrollarse espiritual y físicamente. Cuando Tutamkamón heredó el trono, los sacerdotes lo obligaron a cubrirse las partes pudendas y abolieron aquella costumbre precursora del nudismo.

Podría decirse también que la desnudez se volvió desagradable, porque deja a la vista zonas corporales relacionadas con las secreciones. Sin embargo, existen grupos humanos que no tienen vergüenza de defecar en la vía pública. Mismo en nuestro país, muchos varones, desde la clase menos educada hasta la más sofisticada, sin ninguna complicación todavía mean en plena calle, contra la pared del vecino o como fuere.

En estos días, nos enteramos de que en el 2011, la red social Facebook cerró la cuenta de un profesor francés que publicó en su muro El Origen del Mundo, del pintor galo Gustave Courbet. La obra de arte muestra, en primer plano, una vagina peluda pintada en 1866 que quedó en Orsay. Los abogados del profesor solicitan 20.000 euros por daños. Esperan que el caso siente jurisprudencia y que otras empresas de los Estados Unidos puedan ser juzgadas en Europa. 

Bueno, a mí, hace unos días, también en Facebook, un ñembo intelectual me censuró de cuajo algo que yo había escrito sobre el Hombre-Hombre, que no mostraba imagen alguna de pene ni palabra que pudiera ser considerada grosera. Simple acto de misoginia que ni siquiera denunciaré porque no creo que nadie gane o pierda nada. Pero la censura siempre tiene cara monstruosa, horrible, aj.

Si hoy una anda desnuda por su casa y es observada por ojos extraños, podría ser tildada de alocada, exhibicionista, procaz. La desnudez nos expone, quizás impacta a la mirada ajena, produce desconcierto y puede causar rechazo. No deja secretos ni oculta debilidades, casi diría que produce temor. Un miedo que se manifiesta de diferentes formas en cada cultura y en cada persona.

Con semejante calor, sin pertenecer a la dinastía de Akenatón y portando el cuerpo de señora mayor de la tercera edad, a mí me es muy cómodo andar por la casa sin ninguna ropa. La mirada de los vecinos está protegida por murallas altas. Sin embargo, cuando cuelgo la ropa en el tendero, miro hacia el cielo y suelo pensar que algún satélite espía podría estar enfocándome por pura diversión. Por las dudas, suelo alzar la mano hacia lo alto, haciendo el gesto ese con el dedo del medio, jeje.

carlafabri@abc.com.py

 
 

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