En lugar de fomentar la honestidad y el deseo de mejorar el mundo, sus padres los dejaron a la deriva del consumo y la adoración del dinero. Esta generación creció desmotivada, indolente, ociosa, amparada en el confort familiar, con la errónea idea de que el éxito es acumulación de riqueza a cualquier costo.
El diario The Economist publica que la población de jóvenes sin empleo, educación formal o un entrenamiento es de 290 millones, cerca de un cuarto de la población total de jóvenes en el planeta. NEET es el acrónimo equivalente en inglés de la expresión Not in Employment, Education or Training. Ni trabaja, ni estudia ni recibe formación. Si consiguen empleo, suele ser en la economía informal, de manera discontinua y con mala remuneración. Las condiciones planetarias posteriores a la crisis financiera de Estados Unidos (2009) no parecen ofrecer un panorama alentador para los jóvenes de la también llamada Generation Jobless (generación desempleada).
Aunque los Ni Ni crecen en medio de alta tecnología y democracia, se enfrentan a pésimas condiciones laborales, muestran dificultades para armar un proyecto de vida independiente y corren el riesgo de tener una calidad de vida inferior a la de sus padres. Tampoco le encuentran sentido a estudiar cuando comprueban que les costará conseguir un empleo acorde con lo que estudiaron.
Los sociólogos comparan esta generación con las generaciones pasadas, en las que si los jóvenes no estudiaban se dedicaban a trabajar. Los Ni Ni son una manifestación de este tiempo. Son portavoces de un fenómeno social, que forma parte de hechos y procesos que trascienden el anecdotario personal y familiar. Reflejan las nuevas tendencias. Estas nuevas tendencias muestran que hay una nueva modalidad en construcción. Un cambio en los modelos de pareja, de familia, de procreación. Un cambio en las prioridades de realización personal y profesional, sin ideología. Un cambio en el lugar que ocupa el mundo virtual en las relaciones o interacciones personales.
Los Ni Ni prolongan su adolescencia. Parecería que hasta los 30 años hay permiso para probar, equivocarse, cambiar de carrera, de pareja, de profesión. La procreación se hace más tardía. El psicólogo Alejandro Shujman, autor del libro Generación Ni Ni, Editorial Lumen, dice que los niños desde chiquitos deben ir adquiriendo el sentido de responsabilidad y capacidad de decisión. Son fundamentales, como una cajita de herramientas que le diéramos al chico: con esto te vas a arreglar en la vida. Remarca la dificultad que tienen muchos padres para ponerles límites a los hijos, y plantea que los topes sean marcados con equilibrio entre la firmeza y el afecto.
Un dato: hay jóvenes que trabajan y estudian, pero se mantienen Ni Ni. Los define la incapacidad de un proyecto de vida propio. Su vida en pareja es indefinida. Relaciones que empiezan y terminan sin quedar en claro la existencia de un compromiso real. En línea general los y las Ni Ni tardan mucho en ponerse de novios y muchas veces lo que hacen es compartir soledades. Más allá de las indecisiones, ¿no estarán los Ni Ni desactivando la parafernalia del trabajo esclavizante? Alejados del workaholismo enfermizo, quizá estén buscando una nueva manera más humanizante de abordar el trabajo y el consumo.
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