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02 de Enero de 2010

 

¿La mirada equivocada?

Por Luis Verón

Hace unas semanas entraron en circulación los billetes de G. 2.000, emitidos por la banca matriz paraguaya. En ese billete se rinde merecido homenaje a dos educadoras emblemáticas de nuestro país, las hermanas Adela y Celsa Speratti.

Las hermanas Speratti fueron dos célebres educacionistas compatriotas que desempeñaron su excelsa tarea en los duros años de posguerra de la Triple Alianza.

Adela Speratti había nacido en Barrero Guazú (actual ciudad de Dr. Eusebio Ayala) en 1865, y su hermana Celsa, en Luque, en 1868. Les tocó vivir una dura niñez signada por la guerra, más todavía cuando su padre (un compatriota de apellido Espínola, quien a causa de la circunstancia bélica no les pudo conocer) murió en uno de los ataques enemigos en la batalla de Ytororó, el 6 de diciembre de 1868, quedando ambas huérfanas al cuidado de su sacrificada madre, Dolores de Speratti (pariente de Facunda Speratti, esposa del prócer Fulgencio Yegros).

Como la situación en nuestro país en los años inmediatos a la posguerra era pésima, la madre de las Speratti, sumida en la más absoluta indigencia, emigró con sus dos hijas a Corrientes, luego a Buenos Aires, donde llegó en 1872.

En la capital porteña, doña Dolores llevó una vida de privaciones, pero al no querer ver a sus dos hijas con el destino suyo de mujer analfabeta, las ingresó en la Escuela de Aplicaciones de la Normal. Posteriormente, hacia 1882 ingresaron en la Escuela Normal de Maestros y Profesores "Mariano Moreno" de la ciudad de Concepción del Uruguay, donde se nutrieron de ideas pedagógicas modernas a través de ilustres maestras norteamericanas, Raquel y Isabel King, contratadas por Domingo Sarmiento. Adela y Celsa Speratti se destacaron por su inteligencia y por ser las mejores de su promoción. De esa ilustre institución Adela y Celsa egresaron como maestras normales. Ambas hermanas fueron elegidas para integrar el cuerpo docente del célebre centro educativo. Luego pasaron, por breve tiempo, a enseñar en Goya y Corrientes.

En 1889, a instancias de la maestra Rosa Peña de González, antigua discípula de Sarmiento, las hermanas Speratti fueron convocadas por el superintendente de Instrucción Pública, don Atanasio Riera, para sumarse a la tarea de reconstrucción del país.

A poco de su llegada, las hermanas Speratti fundaron una escuela de preceptoras escolares, de donde egresaron destacadas educacionistas. Posteriormente, llevaron a cabo la fundación de la Escuela Normal de Maestras.

En plena tarea de formación se encontraban cuando la muerte sorprendió tempranamente a Adela Speratti, el 8 de noviembre de 1902 (tenía solo 37 años de edad).

Celsa siguió la tarea de Adela por unos años, hasta su casamiento con el doctor Pablo Garcete, destacado jurisconsulto y presidente del Superior Tribunal de Justicia, y luego se retiró de la actividad docente, pero igual siguió concurriendo a una escuela de barrio para enseñar a niños de escasos recursos. Falleció a los 70 años de edad en 1938, dejando imborrables huellas en la educación paraguaya.

Hoy, como dijimos, a 108 años de la desaparición de Adela y a 72 de la de Celsa, el Estado paraguayo, a través del Banco Central del Paraguay rinde un merecido homenaje a tan destacadas educadoras. La idea, es justo reconocerlo, es excelente, pero, duele decirlo (pero hay que decirlo, Herken dixit), la efigie de una de ellas, de Celsa Speratti de Garcete, parece estar equivocada, pues dista mucho de ser la conocida como tal, publicada en el álbum gráfico de Arsenio López Decoud, en ocasión del Centenario de la República del Paraguay y que reproducimos en esta ocasión

Me dirán que es posterior. Puede ser, pero la conformación del rostro es distinta, la forma de los labios es distinta y, según la fotografía del mencionado álbum, doña Celsa no tenía tan abundante cabellera como para formarse un tocado como la reproducida en el billete. En la fotografía de 1911, Celsa tiene un rostro ovalado; en la tomada como ejemplo para el billete, tiene un rostro más achatado. En definitiva, salvo prueba en contrario o la opinión de algún experto, no corresponden a la misma persona. 

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