11 de Setiembre de 2010

Larissa Riquelme y los cangrejos

Por Carla Fabri, ABC Color.

Adecirlo claro desde el comienzo. No somos 6 mil habitantes en esta República, como lo dijo Larissa Riquelme en una interviú. Si es un chiste, suena divertido y si no lo es, también.

En una reciente entrevista, la novia del Mundial le contó a Pelusa Rubín que su respuesta equivocada formó parte de un juego, previamente acordado antes del reportaje. Dice que el periodista le propuso "tenemos que hacer algo para llamar la atención", y ella, en vez de decir, ñandegordopata, por ejemplo, rebanó nuestra población a 6 mil, de un solo saque.

Esto causó roncha y hubo gente que pegó el grito al cielo, demostrando lo ajúra galleta que se puede ser cuando el sentido del humor no existe. El programa del que participó Larissa marcó el más alto rating de la historia de su conductor, y el mayor daño que pudo provocar la respuesta papelonera fue una carcajada general.

Ahora, la revista Play Boy brasileña la presenta en la portada y páginas centrales de su número del 14 de setiembre, con anteojos especiales para verla en versión 3D. Larissa dice que le va muy bien en el amor con su novio Koque Oneto, y que su agenda de actividades está a full con viajes y contratos en el exterior.

La pregunta: ¿Por qué el resentimiento ante el éxito de una compatriota? ¿Por qué la pichadura y el rechazo? En vez de celebrar que el carisma de  Larissa impacta al planeta y seduce al periodismo internacional, en nuestro entorno escuchamos voces reprobatorias que intentan opacar y retacearle protagonismo.  Tiene una legión de admiradores que la ama, es tema top en Internet y en los medios de comunicación del mundo, y entre nosotros hay quienes la critican con saña.

Ella reconoce que goza de un éxito con el que nunca soñó, que surgió de la mano de un fotógrafo inspirado (o de dos), porque la autoría de la excelente foto que recorrió el mundo ella se la atribuye a Jorge Sáenz, y otros, a Norberto Duarte.

Quienes buscan descalificar a Larissa, en vez de aplaudir su triunfo y buena estrella, recuerdan la historia de los cangrejos. El cuento dice que hay dos baldes, uno con cangrejos latinos (del subdesarrollo) y otro con cangrejos sajones (primermundistas).   El balde latino está destapado y el balde sajón está tapado. ¿Por qué? Porque los cangrejos sajones empujan hacia arriba para que salga y escape el que está escalando los bordes del balde;  en cambio, los cangrejos latinos no necesitan que el balde tenga tapa porque no permiten que ninguno salga del balde. Al que intenta sacar la cabeza fuera no le dejan. Tiran hacia abajo para que ninguno escape.

Larissa vuela y brilla con luz propia, parece estar vacunada contra la envidia y hace rato que escapó del balde.  
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