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31 de Julio de 2010

 

Locuras regias

Por Adrián Cattivelli

La historia está repleta de casos en los que conductas alocadas signaron la vida o el gobierno de monarcas, presidentes y primeros ministros. Fueron reiteradas las ocasiones en que una testa coronada cayó víctima de la demencia. Locura y poder, una explosiva combinación que continúa fascinando a historiadores y siquiatras, a científicos y religiosos; en una palabra, a todos los interesados en profundizar siempre más sobre esta compleja trama humana de pasión y sufrimiento.

Uno de los casos más emblemáticos de poder y locura sea tal vez el de doña Juana la Loca (1479-1555), hija de los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, y madre a su vez de Carlos V, emperador del Sacro Imperio romano germánico.

Su delirio, producido tras la muerte imprevista de su joven marido, Felipe el Hermoso —de notable belleza y certificada infidelidad—, llevaron a su padre primero, y a su hijo después, a impedirle acceder al trono y mantenerla encerrada en el palacio de Tordesillas durante 46 interminables años. Es célebre el cuadro de Francisco Pradilla y Ortiz, que la pintó velando a su marido al aire libre, en los campos de Castilla, dominada por una infinita tristeza que nada ni nadie podía ayudarla a superar.

Relata la historia que ella acompañó durante ocho largos meses el féretro de su esposo, desde Burgos hasta Granada, en una vigilia interminable, acompañada de un nutrido séquito de sacerdotes, nobles y soldados. En ese extenso peregrinar, dio a luz a la sexta hija que concibió con su marido flamenco: Catalina de Aragón, quien luego contraería nupcias con el rey de Portugal.

La "reina cautiva" permaneció en Tordesillas hasta su fallecimiento y la historia no llega a referir con exactitud si ella era plenamente consciente cuando fue repuesta en el trono por el movimiento comunero.

Emperatriz de los mexicanos

Otro caso célebre de pérdida de lucidez fue el de Carlota (1840-1927), esposa de Maximiliano de Habsburgo, impuesto por Napoleón III como emperador de México. Las dificultades de la princesa belga y su marido en su intento por gobernar de manera efectiva a la nación azteca alteran su de por sí débil constitución nerviosa, que se agrava posteriormente con la muerte de su padre.

Decidida a recuperar el apoyo que ahora Francia denegaba a su marido para hacer frente a las fuerzas revolucionarias de México, la emperatriz se traslada a Europa. Allí se hace recibir por Napoleón III y Eugenia de Montijo. Profundamente alterada, durante el encuentro acusa a la pareja imperial de pretender envenenarla, un incidente que la perseguirá durante el resto de su vida, hasta el punto que en otro momento de su gira, ante el papa Pío IX, sufre un ataque nervioso que obliga al Pontífice a hacerla reposar en su biblioteca privada.

El 19 de junio de 1867, con solo 35 años y abandonado a su suerte incluso por su propio hermano, Francisco José, emperador de Imperio austro-húngaro, Maximiliano es fusilado por orden de Benito Juárez. Carlota lo sobrevivirá por 60 largos y penosos años.

Nunca aceptó la muerte de su esposo. Carlota pasa el resto de su vida en el castillo de Bouchout, "donde permanece años eternos entre periodos de cordura y brotes esquizofrénicos que se manifiestan rompiendo cuanto tocan sus manos", hablando siempre de sí misma en tercera persona, según relata Alejandra Vallejo-Nágera en su libro Locos de la Historia.

El loco de Baviera

Uno de los más controvertidos personajes de la historia, el rey Luis II de Baviera (1864-1886), "fue el último monarca europeo cuya demencia tuvo consecuencias para la cultura y la política del mundo moderno", según refiere Vivian Green en su libro La locura en el poder.

Criado en manos de niñeras que nunca llegaron a suplir la terrible ausencia a la que lo sometían sus propios padres, desde muy joven el futuro monarca evidenciaba signos de descontrol emocional, pasando alternativamente de periodos de gran excitación a otros de profundo ensimismamiento.

Tras algunos intentos por contraer matrimonio con nobles de distintas cortes europeas, Luis asumió finalmente su homosexualidad y mantuvo varios romances con aristócratas, así como con actores e incluso lacayos. Era un profundo admirador del músico Richard Wagner, cuya obra le permitía catalizar su gran espíritu romántico, plasmándolo incluso en la arquitectura, ya que mandó construir distintos palacios y castillos basándose en distintos personajes de la obra operística wagneriana, lo cual aumentaba ante sus conciudadanos una imagen de excentricidad irrefrenable.

Su salud mental fue deteriorándose a medida que aumentaba su excentricidad, razón por la cual terminó por ser recluido en su residencia de Berg, ubicado en la ribera del lago Starnberg. Un día salió a caminar junto a su médico personal, Bernard von Gudden. Al no retornar a su palacio, la guardia real salió en busca del monarca, al que finalmente encontraron ahogado en el lago. A pocos metros se encontraba el cadáver exánime del galeno. Nunca se pudo descifrar si se trató de un caso de suicidio o un crimen político.

Son innumerables los casos de hombres poderosos afectados por la locura. No siempre resultó fácil para los científicos explicar las causas profundas de este fenómeno. Muchos lo atribuyen a cuestiones hereditarias. Para otros, la demencia es una respuesta de la mente a lo inasible, fundamentalmente cuando las tragedias azotan la vida de los hombres.

En su libro El mundo como voluntad y representación, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer da una explicación al hecho de que los grandes sufrimientos morales y las grandes desgracias terminen frecuentemente en desvarío.

"Cuando este pensamiento (el de las grandes desdichas) se hace intolerable y el individuo va a sucumbir a él, la naturaleza, en su angustia, se ase a la quimera como último medio de salvación; el espíritu atormentado rompe, por decirlo así, los hilos de la memoria, llena las lagunas con ficciones y se sustrae al dolor moral que le hace sucumbir, refugiándose en la quimera del mismo modo que un miembro gangrenado se corta y se sustituye con otro de palo", esclarece el filósofo.

Una razonable explicación para un fenómeno de la conducta humana que aún permanece cubierto por un manto de misterio insondable. Una incógnita fascinante para todos aquellos que no terminan de maravillarse con los intrincados e indescifrables pliegues ocultos en el alma de los seres humanos.  

"Reina" Cristina

Muchos suponen que las alteraciones síquicas son patrimonio del pasado. Sin embargo, la historia reciente lo desmiente. De manera muy cercana, en su edición del 18 de noviembre de 2006, la revista argentina Noticias refería que la entonces primera dama del vecino país, la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se encontraba bajo tratamiento siquiátrico por padecer de trastorno bipolar, una enfermedad que se caracteriza por una volatilidad conductual que lleva al afectado a pasar de estados emocionales de alta euforia a otros de profunda depresión, y que por temporadas los obliga a apartarse durante días de la rutina cotidiana.

Entre los bipolares célebres, a quienes se caracteriza por otra parte como personas de gran inteligencia y lucidez, se destacaron Winston Churchill, Guillermo Cabrera Infante, Ernest Hemingway, Virginia Woolf, Paul Gauguin, Hermann Hesse y Walt Whitman, por solo citar a algunos.

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