13 de Julio de 2008

| DONDE FUEGO HUBO...

Paso Pucú

En Paso Pucú, donde el Mariscal Francisco Solano López había instalado su cuartel general durante la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), se conservan testimonios orales de la gran contienda. Pero el abandono y la desidia hicieron que desaparezcan hasta los cimientos de los edificios y que el cementerio de héroes sea convertido en chacra. A la vista solo quedan restos de objetos bélicos que los campesinos hallan al arar la tierra.

El poeta guaireño Natalicio Talavera murió a los 28 años en los campos de batalla, víctima de una peste. Y, como tantos otros paraguayos que ofrendaron sus vidas a la patria, fue enterrado en el cementerio de guerra de Paso Pucú. En este lugar, el Mariscal Francisco Solano López había instalado su puesto de comando en fecha 20 de mayo de 1866. Mandó organizar una serie de construcciones: dependencias de la tropa, el hospital de sangre, su comandancia, su casa habitación, los almacenes, una capilla y el cementerio. Durante la estadía del jefe del Ejército paraguayo en Paso Pucú, se registraron los sangrientos combates de Tuyutí, Yatayty Corá, Boquerón del Sauce, Curupayty y otros. Tras casi dos años de estancia en el lugar, el 23 de marzo de 1868, el Mariscal López se retiró del campamento y toda la infraestructura fue destruida para evitar que fuera ocupada posteriormente por las fuerzas aliadas (Argentina, Brasil y Uruguay) que avanzaban. Y el camposanto quedó a merced de los invasores, pero fue respetado. En el sitio de entierro de miles de guerreros, existían artísticas cruces de hierro forjado que se moldeaban en la fundición de Ybycuí para honrar cristianamente la memoria de los caídos. Sin embargo, el abandono de largo tiempo permitió que la vegetación avance sobre los nichos. Se convirtió en un bosquecillo, donde los aventureros procedían a excavar en busca de tesoros enterrados. Así eliminaron todo recordatorio y profanaron las tumbas.

Hoy, en el cementerio de Paso Pucú no quedan más que un tosco monolito, una gran cruz de cemento y la solemnidad del silencio. Se ubica dentro de la propiedad de Luciano Duré, un agricultor paraguayo de buena fe que valora el sacrificio de los soldados combatientes. En honor a los héroes anónimos que fueron sepultados en dicho camposanto, plantó una serie de árboles nativos con el propósito de convertir el espacio en un parque de meditación. “Aquí ya prácticamente no hay nada. Antes venían los turistas y de a poco llevaban todo, porque esto quedó abandonado. La vieja cruz mayor se había roto y se llevó al Museo del Cabildo de Pilar”, comenta en guaraní el anfitrión.

REFERENCIA URBANA

Situado al sur de Humaitá y cerca de Curupayty, el campamento de Paso Pucú se constituyó en el cuartel general del Ejército paraguayo en campaña y centro motor de las operaciones desarrolladas en el sector denominado “el cuadrilátero”. Entre el 20 de mayo de 1866 y el 23 de marzo de 1868, el sitio contó con un importante contingente poblacional, mayoritariamente militar. El Mariscal Francisco Solano López hizo instalar el cuartel “en una pequeña elevación al otro lado del paso del estero Paso Pucú”, que prestaba su nombre al lugar.

El coronel Juan Crisóstomo Centurión escribió en sus memorias los siguientes datos: “El cuartel general estaba a su vez rodeado de un palenque, dentro del cual en el ángulo sudeste se encontraba la casita de pajas del Obispo Palacios y la del General Barrios; en el del nordeste, la del coronel Toledo y la de algunos ayudantes; al costado Este, la de Don Benigno y Venancio López, hermanos del Mariscal; al costado sud, las de los comandantes Fleitas y Martínez, y en el mismo costado, pero fuera del palenque, la del general Resquín. Más al sud, a distancia de unos cuarenta metros de la casa de Resquín, se encontraba la mayoría, compuesta de un grupo de ranchos o casitas de pajas en hileras, formando calles”.

Por su parte, el coronel Arturo Bray, que no fue protagonista de la Guerra del 70, describió el cuartel general con las siguientes características: “se construye también un hospital, una capilla, una oficina de telégrafos, a más de las casas para el alojamiento del Mariscal, cuerpo de guardia, cuartel de la escolta, residencia para visitantes distinguidos y un observatorio provisto de refugio subterráneo”.


* Extraído de la obra La Guerra de la Triple Alianza (tomo II), editado por ABC Color.

El hombre nacido en Tuyu Cué hace 47 años se dedica a la apicultura y a cultivar la tierra. “Yo soy agricultor, planto maíz y cuestiones de productos de consumo: mandioca, maní, poroto, batata”, avisa con espontaneidad. Luciano aclara que adquirió la propiedad después de que el anterior dueño haya retirado todas las cruces para utilizar la hectárea como chacra. “En los años 70 vino el señor Candia (intendente municipal de Humaitá) y llevó todo lo que encontró para formar un museo histórico en su pueblo, en conmemoración al centenario de la muerte del Mariscal López, en Cerro Corá. Había cruces tiradas entre los yuyos, todavía”, recuerda.

Al arar el campo, Luciano y sus hijos Arsenio y Antonio encuentran diversos restos bélicos que van coleccionado con la intención de organizar un museo particular. “Son trofeos de la Guerra de la Triple Alianza, que pertenecen a los sucesos de Paso Pucú. Yo mismo, junto con mis hijos, los encuentro aquí en esta zona. Trabajo en la chacra con el arado y azada y voy juntando estos objetos que aparecen. Son reliquias que valoro muchísimo, porque llegan los visitantes y quedan maravillados al ver estas cosas”.

SOLDADOS CULTOS

Tras la entrevista de Yatayty Corá, con el argentino Bartolomé Mitre y el uruguayo Venancio Flores, el Mariscal Francisco Solano López, teniendo en cuenta que “la ociosidad es la madre de todos los vicios”, ordenó a Juan Crisóstomo Centurión que “...estableciese bajo el naranjal una especie de escuela o academia y enseñara gramática castellana, geografía y los idiomas francés e inglés, teórica y prácticamente, a todos los ayudantes (militares) jóvenes y otros individuos del cuartel general y de la mayoría que quisiese estudiar”.

Las interrupciones de clases eran frecuentes y dado el cometido principal del “alumnado”, los que se ausentaban, en la mayoría de las veces, ya no regresaban nunca. Al respecto, el comentarista de una de las últimas ediciones de las Memorias del Coronel Centurión, el mayor Antonio E. González, anotaba al pie de la página que correspondía a aquel relato: “...la belleza que ofrece al lector aquella escuela de circunstancias en el Cuartel General de Paso Pucú es conmovedora. ¡Antonio Luis González, Valois Rivarola, Matías Bado, Manuel Antonio Giménez, Real Perô, Saturnino Viveros, regresando de un ataque a los convoyes enemigos en los esteros o de una carga a espada y lanza o a bayoneta, colgando las armas, el quepís, secándose los sudores heroicos y empuñando el lápiz para traducir inglés o francés...”.


* Extraído de la obra La Guerra de la
Triple Alianza (tomo II), editado por ABC Color.


En el acervo de Duré hay botellas, botones de uniformes, herrajes de caballos, bayonetas, restos de sables, espadas, balas de cañón y palas con las que se cavaron las trincheras. Son productos de hallazgos recientes, porque un lote mayor le fue robado hace algún tiempo. “Oñemondapaite chehegui”, ilustra en guaraní. Sucedió mientras él y su familia salieron de paseo por las cercanías.

Con alto sentido patriótico, Luciano Duré acostumbra izar la bandera tricolor en fechas conmemorativas, lo que siempre despierta la curiosidad de los visitantes. “Debemos ser más patriotas, respetar nuestra historia. Hay jóvenes que llegan de Asunción y ni idea tienen de lo que sucedió en estos campos. Yo les cuento y se asombran de lo que escuchan”, advierte.

Y nadie como él conoce los escenarios de lucha de Paso Pucú. Leyó algunos textos referentes a los sucesos y se dedicó a ubicar los sitios exactos. “Hay trincheras aquí cerca. Por este lugar pasaba el famoso cuadrilátero y hay demasiadas cosas. Estas tierras del Ñeembucú no tienen precio, porque aquí se derramó la sangre de nuestros soldados que defendieron con valentía a la patria. Por eso yo valoro demasiado y les enseño a mis hijos que debemos ser orgullosos de nuestros antepasados”.

A menos de cien metros del viejo cementerio está la casa familiar de los Duré-Sosa. Martina, la esposa de Luciano, es la encargada de preparar los alimentos en el fogón, cocina típica de las poblaciones rurales. Y aunque convivan, desde hace décadas, muy de cerca con los mitos y leyendas que rodean a los camposantos, ellos aseguran que los fantasmas no existen. “No, no hay nada. No se escucha nada ni hay movimientos extraños en el lugar donde era el cementerio”, coinciden.

Vecino de los Duré, don Alejo Díaz es dueño del terreno donde se levantaba la casa que habitó el Mariscal Francisco Solano López durante su estadía en Paso Pucú. En su patio existe un enorme árbol de timbó que se cree ya existía en épocas de la guerra y se conserva el montículo de tierra que servía de protección ante los ataques o cañoneos enemigos. Sobre el mirador se erigió un monumento recordatorio con los bustos del Mariscal, el padre Fidel Maíz y el telegrafista sanlorenzano Saturio Ríos. Don Alejo Ramón Díaz Méndez nació aquí mismo y el 17 de julio celebrará 82 años de vida. Desde que tiene uso de razón escuchó de boca de su abuela De los Angeles Méndez, anécdotas y vivencias de la Guerra del 70.

“Mi abuela era residenta, se había ido lejos detrás del Mariscal López. Ella vivía aquí en Paso Pucú y contaba que cuando llegó López todo el vecindario se acercó a él. Recordaba también que era un hombre muy respetado, porque hacía cosas buenas y cosas malas. Decía que si un soldado le faltaba al respeto, le hacía azotar por sus leales, y a algunos hasta les mandaba matar”, relata con cierta impavidez.

A lo largo de su existencia en Paso Pucú, don Alejo halló tantas cosas provenientes de la guerra. “Muchísimos objetos bélicos encontramos, pero éramos sonsos, y al que llegaba le regalábamos esas espadas muy lindas, balas de cañón teníamos mucho, pero no les dábamos importancia y ahora sabemos que tienen valor.

Sentimos mucho, que lástima no guardamos...”, dice apenado.

Pero enseguida se consuela, porque todavía aparecen piezas enterradas. “De vez en cuando se encuentran algunos hierros viejos. Ahora ya queremos guardar lo que aparece. Y vos sabés que viene mucha gente, atraída por las historias del plata yvyguy. Hay personas que hasta llegan con aparatos buscadores de oro y sin ninguna autorización ya ingresan nomás. Buscan la plata y nunca encuentran. Algunos hasta se enojan y me amenazan; están más enojados que yo y este es mi patio”, expresa en guaraní.

Don Alejo cuenta que décadas atrás aún existían dos panteones y los cimientos de la capilla del cementerio, pero fueron destruidos por los buscadores de oro que perseguían tesoros enterrados. Ahora nada queda.

“Itavyeté la plátare hikuái”, suelta a modo de comentario.

A su edad, todavía trabaja de sol a sol. Cultiva maíz, mandioca, batata, poroto. Y tiene una plantación de cítricos: naranja, mandarina y pomelo. Hace 9 años, don Alejo perdió a su esposa, Antonia Cardozo, y quedó viudo. Ahora está al cuidado de sus tres hijos: Pedro Antonio, el menor, es profesor de primaria en la escuela de Paso Pucú; su hija Ramona se fue a Buenos Aires, y Jorge, el mayor, acarrea estudiantes a Humaitá en su colectivo.

Don Alejo Díaz cuenta que, en varias ocasiones, especialmente en días de tormentas y lluvias, escuchó ruidos extraños. “Voces, gritos y pasos de la caballería: Parece que están circulando por acá”, detalla.

Un antiguo horcón que tiene a la vista y acostumbra enseñar a los visitantes es lo único que logró rescatar de lo que era la comandancia de López. Frente al material, nadie escapa de un golpe emotivo. Y de inmediato, la imaginación se ocupa de reconstruir el techo que cobijó al máximo héroe nacional. “Ultimamente tenemos demasiadas visitas. Vienen personas de Argentina, Brasil, y paraguayos en cantidad. Parece que ahora la gente le está dando importancia a estos lugares”, reflexiona don Alejo. Y es verdad. De a poco, los paraguayos van interesándose por conocer su historia. Y nada mejor que visitar los lugares emblemáticos para entender la magnitud de los hechos y valorar el sacrificio de quienes dieron sus vidas en defensa de la patria.
  • ¿Querés recibir las noticias nacionales e internacionales más importantes?
    Enviá ABC al 22292 desde tu Tigo, Personal o Vox.

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo

 

Estimado lector

Esta funcionalidad estará disponible a partir del lanzamiento oficial del nuevo sitio de ABC Color.
Gracias por su comprensión.

Reloj animado Estimado lector, la página se refrescará en Cancelar