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14 de Enero de 2018

| Música.

Prometedor pianista

Por Nancy Duré Cáceres, ABC Color

Peldaño a peldaño, el joven músico Gonzalo Gabriel Ortiz Romero fue subiendo en el mundo instrumental musical. Su vocación le llevó a superarse en el extranjero, en el que actualmente se encuentra concluyendo una investigación sobre música contemporánea para piano de compositores paraguayo.

Gonzalo Gabriel Ortiz Romero proviene de una familia en la que no había músicos profesionales, pero sí empíricos que sobresalían con la guitarra y el bandoneón; gente sin formación musical, pero que desarrolló su talento hasta hacerlo perceptible, como muchos músicos de nuestro país.

-¿De qué manera influyó la familia en tu formación musical?

-Aprender a ejecutar un instrumento o cantar no hubiera sido tan fácil a no ser por el incentivo de mi padre, quien vio en mí algún potencial para la música y, dentro de las restricciones que supone vivir en una ciudad pequeña del interior del país, me procuró formación con otros músicos (no había dónde estudiar ni músicos profesionales a quienes pedir ayuda). Así comencé aprendiendo música folclórica de oído.

-¿Cómo fueron esas primeras incursiones en la música?

-Quien quiere hacer música paraguaya en el interior no tiene muchas formas de evitar la guitarra, así que por ahí me inicié. Con la guitarra, a los seis años, comencé actuando en festivales en una de las ciudades en las que viví en Itapúa (departamento en el que pasé mis primeros 18 años de vida) y tuve mi primer teclado a los ocho años. Desde ahí, solo tocaba guitarra de manera esporádica, al tiempo que me dedicaba más al teclado. Tocar música paraguaya en el teclado me trajo muchas alegrías; quizá, la mayor de mi infancia-adolescencia fue participar de un concurso en una radio en la localidad de María Auxiliadora y ganarlo en la categoría instrumental.

-Ya ibas perfilando tu futuro.

-A los 18 años, ya en Asunción, comencé mis primeras clases de piano. El teclado me gustaba, pero quería estudiar piano a partir de la idea que tenía en esa época, de que es un instrumento que requiere de un ejecutante más completo y por tener posibilidades musicales más grandes. Como mucha gente, comencé estudiando música clásica; en mi caso, en el conservatorio Federico Chopin, que funcionaba en ese tiempo en el colegio Verbo Divino. Así como me acuerdo, la transición de la música folclórica a la clásica fue bastante natural. A pesar de tener muchas dificultades para tocarla, no tuve problemas para tomarles muchísimo gusto al repertorio y a los pianistas de música clásica. En los primeros años de conservatorio, la meta era simplemente aprender a tocar bien, pero pronto se convirtió en un objetivo profesional.

-¿Quiénes fueron tus referentes, nacionales o internacionales?

-En mis comienzos, las referencias eran muy cambiantes y creo que no viene al caso citarlas. Sí podría hablar de mis referencias actuales, aunque con el cuidado de no entusiasmarme; si no, van a ser muchas páginas solo de nombres. Mis referencias pianísticas son músicos con la flexibilidad para tocar varios estilos o períodos dentro de la música clásica, como Pierre Laurent Aimard, Boris Berezovsky, Marc-André Hamelin, Sviatoslav Richter, Maurizio Pollini, Glenn Gould, Yefim Bronfman, Louis Lortie, Mitsuko Uchida, por citar a los que más me gustan (en realidad son muchísimos más). De los compositores siempre miro a los que representaron alguna revolución y evolución en la historia de la música, como Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Frederic Chopin, Claude Debussy, Maurice Ravel, Igor Stravinsky, Arnold Schoenberg, Iannis Xenakis, Karlheinz Stockhausen, György Ligeti, y los paraguayos Agustín Barrios Mangoré, Nicolás Pérez González, Luis Szarán, Daniel Luzko, Nancy Luzko y Diego Sánchez Haase.

-¿Música tradicional o contemporánea?

- Ambas y, si es posible, en igual medida. Aún falta formar público para la música tradicional, que tiene el gran inconveniente de seguir modelos de divulgación y formato de espectáculos que los otros estilos más populares entendieron muy bien que no funcionan. El público merece saber lo que es una sonata, una suite, sobre contrastes, estados de ánimo transmitidos por la música, oscilaciones de tiempo, etcétera, así que la energía que se usa para quejarse de la ignorancia de la gente que no escucha música clásica debería usarse para divulgarla con más eficacia. A medida que uno aprende a escuchar repertorio tradicional y va caminando por los diferentes períodos de la historia de la música; es decir, viene acercándose a la actualidad, el hecho en sí es que la música simplemente tiene más elementos y parámetros. A partir de mi vivencia hay una relación de ida y vuelta entre la música tradicional y la contemporánea; se trata más de una evolución orgánica que de dos entes diferentes, un estilo ayuda a comprender al otro.

-¿Qué cualidades debe tener un buen pianista?

- A riesgo de entrar en un terreno de clichés, yo diría (como ya dijeron muchos) que uno debe pensar como músico y no como el que toca tal instrumento o hace tal cosa; el buen y viejo dicho: “Soy músico, no pianista”. Para ser músico, uno necesita de la base que da a entender la música, no solo amarla o como uno quiera definirlo en términos afectivos. Para saber de qué se trata la música, se puede comenzar por el terreno emocional, pero si uno se queda ahí (como diría un famoso pianista), se vuelve algo inmaduro; por lo tanto, es el intelecto el que va a ayudar a dar forma y filtrar, como creo que sucede con toda forma de arte. Es un equilibrio entre emoción e intelecto.

-Y tener confianza en uno mismo.

-Es importante adquirir confianza para tocar con soltura y seguridad, así como es fundamental tener un sólido conocimiento de teoría musical y escuchar todo lo que puede, para saber lo que está tocando. Un músico que no tiene un oído muy sensible no podrá tocar de manera convincente, de la misma manera en la que un chef que no come rico no va a cocinar rico. En el plano profesional es siempre importante pensar un poco como “hombre o mujer de negocios” y reflexionar sobre las necesidades del mercado antes que pretender ejercer actividades que aún no caben en una sociedad como la nuestra. Si uno quiere vivir de lo que hace, no basta tocar bien; hay que saber llegar a las personas que van a pagar por lo que uno hace.

-¿La composición es una faceta que contemplás o no?

-Alguna vez pensé que algún día me gustaría componer. Ahora pienso más en mejorarme como instrumentista y colaborar con compositores.

-¿Qué dificultades encontraste al estudiar fuera del país?

-La gran dificultad de estudiar en el extranjero son los costos. Si hubiera más ayuda (becas) para estudios de grado en el extranjero, creo que más gente saldría, pero las mejores becas siempre son para posgrado y raramente estas disciplinas artísticas están en la lista de carreras. Se podría hablar de dificultades con el nivel artístico y académico o de posibles choques culturales; aun así, si no fuera por el precio de vivir en el exterior, creo que esos serían problemas menores.

-¿Es fácil abrirse camino en el extranjero?

-Al comienzo siempre es difícil, pero si uno supera la fase de adaptarse al país, gran parte del camino está recorrido. La mayoría de los músicos que salen de las universidades se dedican a tocar, cantar y enseñar, dado que a partir de su actividad artística siempre surgen interesados en aprender. Uno puede encarar una carrera académica en la que se contemple una maestría y un doctorado para dar clases en universidades o conservatorios oficiales. Se está extendiendo mucho el uso profesional de redes sociales para divulgación y como plataforma artística. Son varias las opciones de clases que uno puede dar, abundan los eventos en los que se contrata a músicos y, si uno toca un instrumento de orquesta, cada tanto hay convocatorias para algunos lugares en orquestas o bandas sinfónicas.

-La música es valiosa.

-Definitivamente. Contribuye a formar el mundo interior de las personas.

ndure@abc.com.py

Fotos: Gentileza.

 
 

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