07 de Noviembre de 2004

| ITACURUBÍ DEL ROSARIO

Refugio del destino

Polvorientas calles transitadas por carros polacos y hombres a caballo. Viejas casonas que pertenecieron a acaudaladas familias. Y bulliciosos estudiantes que, como hormigas, pululan a la hora de entrar o salir de escuelas y colegios. Es el alma del pueblo. Es la vida en Itacurubí del Rosario.

Por las calles de tierra de Itacurubí del Rosario transitan muchos carros polacos. Cargan familias enteras y corren sin levantar polvareda. Y todos, como rara preferencia, están pintados de verde y negro.

Estos rudimentarios vehículos, estirados por dos caballos, son imprescindibles para el trabajo de campo. Y son fabricados aquí mismo.

"Cada agricultor tiene uno, por eso es que se ve mucho. Sin este elemento no podríamos trabajar, porque hay que ir a la capuera a llevar implementos, forrajes; traer leña para la cocina, hortalizas...", aclara don Juan Antonio Ocampos. Quien habla tiene 86 años y la mayor parte de su vida dedicó al oficio de herrero y carpintero. De su taller de carpintería que se especializa en la producción de los populares carros polacos, salió la mayoría. Cada uno cuesta alrededor de dos millones de guaraníes y a diferencia de las lentas carretas tienen ruedas de goma recicladas de coches o camionetas.

A la media mañana de un lindo día primaveral hay movimiento en la zona céntrica del pueblo. Y como siempre, don Juan Antonio está sentado frente a su Pensión Ocampos, un local de hospedaje pintado en color rosa, en la vereda opuesta de la casa familiar del actual vicepresidente de la República, ingeniero Luis Alberto Castiglioni. "Ahí vivió él cuando era chico, pero ahora la casa está toda modificada", indica, en tanto retribuye cortesía a alguien que lo saluda al pasar.

Es notorio. Los cambios no solo alcanzaron al viejo hogar del joven mandatario. Itacurubí del Rosario también creció y experimentó modificaciones. En ese proceso derribó su antigua iglesia para levantar otra de arquitectura moderna. Se habilitaron oficinas públicas y construyeron instituciones educativas. Hay varias escuelas: John F. Kennedy, San José, Nidia Carrillo, San Francisco, San Rafael y Virgen del Rosario. Y tres colegios: Mariscal Francisco Solano López, Liceo Parroquial Diocesano Inmaculada Concepción y la Escuela de Comercio.

Hoy nada falta en el lugar. Tampoco vendedores ambulantes, conocidos como macateros, que traen las novedades en cuanto a moda y aparatos tecnológicos de última generación.

"Vienen de Ciudad del Este, Asunción, Villarrica, Pedro Juan Caballero y Caaguazú. Son pasajeros de 24 horas, en su mayoría. Llegan para dormir, se levantan tempranito y salen a recorrer con sus cosas. Para la noche ya se van", explica el dueño de la pensión, habilitada hace 30 años.

Desde que Julia de la Cueva murió el 18 de julio de 1976, don Juan Antonio es viudo. Pero no se quedó solo. Vive con Virginia y Carlos Martín, penúltima y último de sus cinco hijos.

Virginia tiene en sus manos la administración de la cocina del bar-pensión. "Preparo empanadas, milanesas, sandwiches de verduras y cobro muy barato. Una empanada cuesta 700 guaraníes. También hago vorí-vorí de gallina, locro, ñoqui, lo que pidan", alcanza a detallar, antes de correr a controlar las ollas que hierven apuradas por el fuego.

El hospedaje dispone de 15 a 20 camas y cobra por día 25.000 guaraníes, con cena incluida.

Otra que decidió hacer de la comida su fuente de vida es Norma Ayala de Ramos. Coqueta y bien perfumada, atiende con deferencia a los que llegan a su Bar Colonial, instalado en un antiguo caserón frente a la céntrica plaza Mcal. Francisco Solano López.

El orden y la pulcritud se extienden a los salones decorados con jarrones de flores artificiales y mesas con impecables manteles. Del techo de tacuarillas cuelgan algunas lámparas "Petromax", que están listas para entrar en funcionamiento si de repente faltara energía eléctrica. Orgullosa de su clientela, Norma cita a algunos acaudalados vecinos que frecuentan su bar surtido con minutas: empanadas, sandwiches, milanesas, panchos y hamburguesas. Hay también platos preparados sobre pedido. Pero los miércoles y sábados son días especiales de sopa paraguaya.

"Es una delicia; yo hago con huevos caseros, queso y manteca de primera calidad que mi mamá se va a traer de la Colonia Friesland", tienta Norma.

Con 77 años a cuestas, Leticia Olmedo viuda de Ayala, la mamá de Norma, domina el tema de los ingredientes y las recetas. "Ahí está el secreto", confiesa, con un gesto pícaro.

Bien surtido con bebidas: vinos, whisky, gaseosas y caña, el Bar Colonial privilegia la música paraguaya y la cachaca. Un equipo de radio ambienta el local desde que abre hasta la hora de cierre. "Soy muy alegre, bailo a cada rato", dice Norma. Y no se puede dudar.

Pegada a lo de Norma está una centenaria casona de madera que se dividió en dos. En el primer bloque funciona el Juzgado de Paz. Allí dicta órdenes la doctora Rosa Di Natale, jueza de Paz de Itacurubí del Rosario, desde hace cinco años. Colaboran con ella Zunilda Mercedes Santacruz, una simpática morena de 22 años, quien ejerce el cargo de ujier notificador y Hugo Darío Armoa, secretario judicial. Hugo lleva 18 de sus 38 años en las actividades judiciales. "Es un libro abierto en la materia", coinciden sus colegas.

Interesada en la historia de su pueblo, la abogada de 34 años resalta que el asiento de su oficina es un edificio emblemático. "Data de 1889. La parte que ocupamos nosotros mide 7 metros de frente. Tiene pared francesa una parte y madera por la otra. El maderamen del techo es original de la época, solamente se tuvo que cambiar el piso que era de madera, pero fue atacado por kupi’i", detalla la profesional del Derecho.

En la oficina se guardan unos pocos muebles añosos, urnas eleccionarias de 1919 y varios libros que registran actos realizados en Itacurubí del Rosario, en las últimas décadas de 1800. Sobreviven en mal estado, cubiertos de polvo, por la escasez de recursos para la conservación. "Con lo que podemos los estamos manteniendo", se apena la doctora Di Natale.

Sobre su escritorio, un par de carpetas que contienen denuncias de problemas familiares, conflictos entre vecinos o cuestión de animales, más bien casos menores que son de su jurisdicción, esperan justicia.

Con las mismas características constructivas, aunque con reformas, la sede de la Policía Nacional. Aquí comanda el oficial primero Mauro Zelaya, que hace dos meses y medio vino de San Pedro del Ycuamandyyú para hacerse cargo de la comisaría 5ta. El uniformado de 32 años confirma que Itacurubí del Rosario es una zona tranquila. "No tenemos problemas de ocupaciones de tierra, apenas se suelen denunciar casos de peleas familiares y robos domiciliarios de poca importancia", admite.

Frente a un pelotón de 11 suboficiales, el jefe policial cubre turnos de guardia en el Banco Nacional de Fomento, por las mañanas. Y por las tardes, patrullajes por barrios y zonas periféricas.
Los agentes del orden disponen de una patrullera nueva, donación de Taiwán que les llegó a través de gestiones realizadas por el ingeniero Castiglioni.

Varias casas antiguas de buena factura delatan que en otras épocas Itacurubí del Rosario alcanzó cierto status. En una esquina sobresale la ex vivienda de Juancito Di Natale; otra con alargado corredor recuerda a la familia de inmigrantes europeos Mitre-Suárez. Está la que corresponde a los Arroca. También la de los Ayala. Y en otra esquina de la plaza se ubica la que era de Pedro Carrillo, acaudalado estanciero, dueño de grandes extensiones de tierra y miles de cabezas de ganado. Hoy el edificio que exhibe artísticas rejas de hierro pertenece a una de sus nietas, Adela Carrillo viuda de Coronel. Orgullosa de su herencia de sangre, cuenta ella que su abuelo era primo del Mariscal López. "Sí, inclusive contaban mis abuelos que solía venir acá doña Juana Pabla Carrillo, de visita", confirma Adela, más conocida por el apodo de Reina.

"En la casa se hacían grandes bailes a los que solamente se accedía con estricta invitación y adecuada vestimenta, es decir trajes largos muy lujosos", aporta Irma Carrillo, hermana de Reina.

Poco queda del conjunto de muebles que llenaban la casa solariega. Pero suficientes como muestra del refinamiento y buen gusto de sus desaparecidos habitantes. En el patio, un árbol de yvapovõ de dos siglos sigue dando sombra a los Carrillo y albergue a los pájaros que anidan en sus ramas.

Recién pintada, la casa ahora luce el color ocre. Es, dice Reina, para evitar la suciedad del polvo. "Mantengo su estilo, porque es un patrimonio familiar que estimo bastante", resume.

Administrada en la actualidad por un médico cirujano, la Municipalidad de Itacurubí del Rosario prioriza dos aspectos: la salud y las obras públicas. Desde que asumió el cargo en diciembre del 2001, electo por el Partido Colorado, el doctor Basilio Gómez Núñez se dedica a atender a sus compueblanos de escasos recursos que, por las mañanas, solicitan turnos gratuitos en su casa particular. Vienen a consultar niños con diarreas, mujeres embarazadas y ancianos con problemas respiratorios. Y nunca faltan los casos de urgencia. "Nos solidarizamos con la gente que necesita. Desde que asumí la intendencia estoy trabajando sin cobrar nada y con medicamentos gratis", dice el hombre robusto, de mediana estatura y agradable trato.

Antes de llegar a las urnas y desembarcar en la silla de intendente municipal, el doctor Gómez Núñez era director del Centro de Salud. Y en el transcurso de los seis años que se mantuvo en el puesto consiguió aportes del Banco Mundial por valor de 55 mil dólares para refacción, ampliación y equipamiento del hospital.

"Trabajaba con un excelente compañero, el doctor Armín Heiderich, realizábamos cirugía y hacíamos funcionar el hospital a pesar de los pesares. Hoy es un desastre, por culpa de los políticos que meten la mano allí", lamenta.

En 1999, el hombre nacido y crecido en Itacurubí del Rosario hace 41 años, se casó con su novia Nilda Carrillo y ahora es papá de tres hijos: Paola (4), Pablo (3) y Pedro de diez meses.

En un arranque de sinceridad, el jefe comunal admite que entró a la arena política "empujado por los correligionarios". "Yo no quería. Pero entré y gané las internas de mi partido y después las generales. Y aquí estoy", se resigna, tal vez agobiado por los compromisos cotidianos.

El dinero que recauda la Municipalidad en concepto de impuestos y tasas ronda los 500 millones de guaraníes. Y los aportes de Itaipú a municipios de escasos recursos suman entre 380 y 400 millones de guaraníes más. Con un presupuesto que orilla los 900 millones para el 2004, la comuna invierte en el relleno sanitario de un vertedero, que todavía no opera a full por la falta de camiones recolectores de basura. No obstante, los residuos son retirados con carritos tirados por caballos.

"En el vertedero hacemos la clasificación de lo que se puede reutilizar. Separamos vidrios, cartones, plásticos, hierros. Y la basura orgánica se coloca en una fosa grande hecha con un sistema especial para no contaminar la napa freática de la tierra", explica el intendente.

Otra buena cantidad de plata se gasta en arreglos de calles y caminos vecinales. En junio último, se inauguraron seis mil metros cuadrados de empedrado que rodean la plaza central y existen intenciones de cubrir diez cuadras más.

La arborización del distrito figura también en los planes comunales que prevén la instalación de un vivero forestal.

"Tenemos además prevista la construcción de 50 viviendas para la gente humilde, a través de Conavi, con gestiones del Vicepresidente", agrega el doctor Gómez Núñez.

Además del patrimonio histórico arquitectónico, Itacurubí del Rosario cuenta con atractivos cursos de agua que podrían despertar el interés de visitantes. La intendencia pretende recuperar el arroyo Tapiracuai, que fue cerrado por los colonos mennonitas de Friesland. "Estamos conversando con ellos, porque queremos habilitar de vuelta ese balneario. Es un hermoso lugar", dice el jefe comunal. Y es cierto. Itacurubí del Rosario tiene un encanto especial. Mantiene su espíritu pueblerino, pero sin estancarse en el pasado.


Origen y fundación

La población de Itacurubí del Rosario tuvo origen como desprendimiento de la Villa del Rosario del Cuarepotí. Fue asentada el 21 de junio de 1787, por el mismo fundador de la Villa del Rosario, comandante Roque de Acosta Freire, en nombre del gobernador Pedro Melo de Portugal, dándosele como dimensión las tierras que limitan con las orillas del estero Aguaracaty, hasta llegar al sur de la Cañada Grande, conteniendo el paraje propiamente llamado Itacurubí, que es un monte.

* Resumen elaborado por el Tte. Cnel. Francisco Dinatale
y obsequiado a la Municipalidad.


Hoja de ruta

A Itacurubí del Rosario, situada en el departamento de San Pedro, se llega por dos vías. Yendo por la nueva ruta de Arroyos y Esteros, queda a 193 kilómetros de Asunción. Por Coronel Oviedo son 287 kilómetros. El asfalto cubre hasta San Estanislao, desde donde (rotonda Tapiracuai) parte el camino de tierra de 36 kilómetros que llega al pueblo.


Vida de campo

En Itacurubí del Rosario viven 3.700 personas (censo nacional 2002). La mayoría se dedica a la agricultura y la ganadería. Hay campos de cultivo de mandioca, algodón y arroz. También en fase experimental, con buenos resultados, la plantación de sésamo. Existen tratativas para la habilitación de una agroindustria arrocera.

Varias estancias de grandes dimensiones ubican a la zona entre las más favorables para la cría de ganados. Monte Negro, uno de los establecimientos de mayor tradición, ahora pertenece a Eladio Carrillo.


Celebraciones

La feligresía católica celebra el 8 de diciembre la fiesta patronal en honor a la Virgen María Concepción y el aniversario del pueblo el 21 de junio.

Muy concurrido es el festival Ycuá Salas, organizado por Estela Marecos, que se anuncia para enero. Dice la tradición oral que la naciente de agua lleva por nombre el apellido de la familia Salas, de origen español, en cuyo patio se ubicaba en tiempos de la fundación.

Versiones populares indican que en épocas de sequía, los pozos quedaban sin agua y el Ycuá surtía del vital líquido a la población.
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