06 de Noviembre de 2011

 

Temporada de saldos y retazos

Por Mario Ferreiro

Entre octubre y noviembre de cada año, Asunción se convierte en el epicentro de todos los reclamos del funcionariado público.

Una tradición inaugurada en el inicio de la democracia que no solo se mantiene hasta hoy, sino que se intensifica año tras año. En pleno estudio del presupuesto anual de gastos, los gremios entienden que este es el preciso momento en el que tienen que marchar hasta el Congreso para presionar y conseguir aumentos de sueldo.
El sistema es tan automático que hasta los ciudadanos parecemos mentalmente preparados para saber que, durante todo ese tiempo, el microcentro será un caos y que las protestas no dejarán trabajar fácilmente al resto de la población, que no podemos ausentarnos un solo día del trabajo sin sufrir las consecuencias. Un sistema incómodo para todos, incluyendo a los propios manifestantes, pero, por lo que se ve hasta ahora, insustituible para negociar anualmente lo que percibirán los estatales en todos los rubros imaginables.

El método puede ser cuestionable y llegar a excesos en los que la represión se desborda, como ocurrió con la torpe acción policial sobre los funcionarios de salud pública, pero generalmente ofrece buenos resultados. Al cabo de un par de semanas de gritos, zapateos, hurras y corridas, el funcionariado obtiene una buena parte de lo solicitado y vuelve a sus puestos de trabajo, hasta el próximo año.

Un país mínimamente organizado no tendría por qué atravesar cada año por un calvario semejante. Con la simple elaboración de un plan quinquenal en el que se pongan de acuerdo los tres poderes del Estado con sus empleados, se ahorraría todo lo que se desperdicia entre octubre y noviembre para pedir lo que generalmente se termina concediendo, por lo menos parcialmente.

Bastaría sentarse en una mesa, en los meses iniciales de cada periodo gubernamental, estableciendo un plan quinquenal de reajustes a aplicarse de acuerdo a variables aceptadas por todos: costo de la vida, índices de inflación, mejora del rendimiento por resultados, y otros, para establecer anticipadamente un sistema acorde y justo de remuneración para todos los sectores de la función pública.

Claro que para ello hay que trabajar intensamente, con un amplio sentido de patriotismo, en la generación de ese gran pacto, que nos podría evitar el desgaste de las duras peleas anuales. Y en esta discusión jamás debiera estar ausente la consideración puntual de la verdadera capacidad de ejecución que tiene el Estado para cumplir lo que se escribe en la Ley de Presupuesto General de Gastos de cada año.

Si no es así, quiere decir que no solamente estamos llorando sobre la leche derramada, sino que además terminamos prometiendo lo que jamás se cumple. Una ley irreal que en cualquier momento puede arrastrarnos a un default, cuyas consecuencias pueden verse hoy, de un modo dramático, en países europeos, a los que les iba muy bien hasta que gastaron más de lo que tenían, concediendo beneficios irreales. Esperemos que ese no sea nuestro próximo destino.  
  • ¿Querés recibir las noticias nacionales e internacionales más importantes?
    Enviá ABC al 22292 desde tu Tigo, Personal o Vox.

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo

 

Estimado lector

Esta funcionalidad estará disponible a partir del lanzamiento oficial del nuevo sitio de ABC Color.
Gracias por su comprensión.

Reloj animado Estimado lector, la página se refrescará en Cancelar