27 de Enero de 2011
Tercera vez en la Berlinale
"Derecho a una vida libre de violencia para niños, niñas y adolescentes en situación de calle, explotación sexual y otras condiciones de exclusión social" es un proyecto que convocó a niños y adolescentes con una propuesta distinta: hacer un audiovisual.
Calle última es fruto de talleres de actuación y guión, y nos representará en el prestigioso Festival de Cine de Berlín. Marcelo Martinessi tuvo a su cargo la dirección, y en esta nota da su opinión acerca de esta singular experiencia.
-Es tu segunda nominación en el Festival de Berlín. ¿Con qué espíritu participarás esta vez?
-Entusiasmados estamos todos. Aunque ya conozco un poco ese camino que vamos a recorrer, hacerlo con un corto nuevo es como volver a vivir toda la experiencia de Karai Norte; los mismos miedos, pero la misma gran expectativa.
-¿Te sorprendió la selección?
-Una selección para la Berlinale es siempre una sorpresa, porque es difícil que se dé, e imagino que juegan muchos factores en esto. Creo que ahora, con Calle última se van a ir afianzando nuestros lazos con el festival y eso es muy importante para nosotros como equipo de realizadores y, sobre todo, como paraguayos. Es un trabajo muy arduo producir en las condiciones en las que se produce en este país y, a pesar de ser un cortometraje, es siempre un proceso que lleva más de un año, a veces dos o tres. Por eso hay una alegría feroz cuando sabemos que vamos a enfrentarnos a un público superexigente, a una plataforma tan importante que solo puede sumar resultados positivos al proyecto.
-¿Cuánta gente irá a Berlín a presentar el corto?
-La idea es que en las presentaciones del corto puedan estar (aparte de mí) tres o cuatro de los niños y niñas protagonistas/guionistas de Calle última. Esto responde a una invitación de la Berlinale, y estamos ahora concretando acuerdos para que sea posible.
-¿Por qué decidiste dirigir Calle última?
-El proyecto arrancó muy pequeñito. En las primeras reuniones con la gente de Ludoca (Luna Nueva, Don Bosco Róga y Callescuela), hablábamos de hacer un documental sobre niñez en situación de calle. La idea misma ya nos parecía un poco gastada y empezamos a pensar en cómo buscar un desafío más interesante. Tuve la oportunidad de estudiar con el método Mike Leigh, que apunta a una creación colectiva de personajes y situaciones que se van construyendo en varias jornadas de trabajo a partir de diálogos, experiencias y vivencias propias. Como parte de esta construcción, se aísla a los personajes de su medio, obligándoles a mirar su cotidianeidad desde afuera. Adaptamos este método a nuestras posibilidades económicas. Con los participantes del proyecto "Derecho a una vida libre de violencia para niños, niñas y adolescentes en situación de calle, explotación sexual y otras formas de exclusión social", hicimos primero talleres de actuación y de guión, y después campamentos de trabajo de varios días en el interior del país, donde grabamos algunos cortitos de ensayo, escribimos escenas, vimos y discutimos películas y fuimos construyendo entre todos este relato que ahora se llama Calle última.
-¿Cómo fue trabajar con chicos que nunca antes habían hecho audiovisual o hayan actuado? ¿Encontraste mayor predisposición o hubo un rechazo?
-El principio fue la parte más difícil, hacer que entiendan el proyecto, conseguir que se entusiasmen. Calle última implicó mucha disciplina para ellos y otras exigencias a las que no están muy acostumbrados. Los grupos eran inconstantes, resultaba difícil hacer que se concentraran y que entendieran un proceso a largo plazo. Pero tuvimos mucho apoyo de las organizaciones para vencer estas dificultades. Así se fueron quedando aquellos niños y niñas más curiosos, más creativos, empujados por esa idea rara de hacer "una película".
-¿Qué rescatas de la experiencia de Calle última?
-Rescato el trabajo fuerte y comprometido de los chicos, tanto en el guión como en actuación. Han superado ampliamente mis expectativas. Ese miedo inicial que yo tenía por trabajar con edades entre 6 y 15 años se esfumó para siempre.También rescato "la historia detrás de la historia", porque creo que pocas veces un grupo de chicos en situación de vulnerabilidad tiene la oportunidad de contarse a sí mismo en la pantalla, de hacerlo con una buena plataforma técnica y, encima, de llegar a un espacio como la Berlinale para presentar el resultado. Por eso estoy muy entusiasmado con que algunos de ellos puedan estar acompañando al corto en Berlín y sientan el enorme impacto de su trabajo.
-Calle última es un ejemplo de que el audiovisual no es solo entretenimiento y que puede ser una herramienta de cohesión social. ¿Te parece?
-Siento que el audiovisual hoy puede ser muchas cosas, porque incluso como lenguaje está en un proceso muy dinámico, de constante transformación. Personalmente, trato de involucrarme en proyectos que van un poco más allá del entretenimiento, y creo que una comedia bien hecha, sin dejar de ser entretenimiento, puede trabajar en varios niveles de comprensión y ser mucho más fuerte (y más efectiva) en su mirada social que una película de denuncia. Allí está Alex de la Iglesia, dándonos ejemplos claros de esto. Uno de los desafíos más grandes que veo en Paraguay es la formación de público, y la formación en general. De esos procesos (si se hacen bien) pueden salir cineastas que tengan capacidad reflexiva sobre nuestro país y que puedan construir narrativas innovadoras, independientemente al género que les interese trabajar. Lo que sí creo es que, para cualquier narrador o escritor (finalmente el cine es una escritura o reescritura en la pantalla), es muy importante saber dónde está parado y, desde allí, proponer algo, desafiar, inventar, crear y recrear.
-¿Calle última te motivó a continuar con proyectos de este tipo?
-Sí. Muchas veces, los medios, por la inmediatez de la noticia, no llegan a profundizar en la complejidad de la problemática de los niños, niñas y adolescentes en situación de calle y/o explotación sexual. La gente piensa que con comedores van a solucionar el problema, pero es mucho más profundo que eso. Estar cerca de estos chicos por un año y más me hizo entender que el afecto de sus padres, la comprensión de sus maestros, la aceptación de sus pares, es mucho más importante que el plato de comida o que el cuaderno. Hay que trabajar desde sus familias, desde su núcleo escolar (para los que van a la escuela) o desde sus compañeros de trabajo (para los que venden en calle). Son procesos muy complicados, lentos, minuciosos. Me dejaron muy buena impresión las organizaciones que trabajan con los chicos, por la seriedad de su labor y también por conocer y admitir sus limitaciones. Siento que desde el Estado existe hoy una mayor atención a estos procesos sociales, pero es importante que desde la ciudadanía podamos entenderlos y apoyarlos.
Nuevo audiovisual
-¿En qué etapa va el proyecto con el cual ganaste un fondo del Alba Cultural?
-El proyecto para el Alba Cultural, Día de fiesta, ya está rodado casi en un 100%. Tuvimos una muy buena experiencia de trabajo en una compañía de Yaguarón y en la ciudad de Paraguarí, en noviembre pasado. Estamos aguardando algunas indicaciones referentes al proceso de posproducción para poder arrancar esa etapa. Tengo entendido que los cortometrajes de los siete países que haremos Día de fiesta deberán estar listos a mediados del 2011.
-Aparte de ese corto, ¿estás trabajando en otra producción?
-Estoy en un momento de caos laboral, haciendo más cosas de las que me da el tiempo. Aparte de otro corto, que está en pleno proceso de elaboración, el final del 2010 vino con propuestas laborales muy interesantes. Por un lado, estoy apoyando al Museo de Memoria y Verdad sobre el stronismo, que apunta a rescatar un poco esa memoria reciente que muchos insisten en negar; y por el otro, estoy también involucrado en la puesta en marcha de la TV Pública, que implica todo un nuevo concepto a nivel de medios y que ojalá se pueda instalar con fuerza.
-Con la experiencia que llevas, ¿qué le falta al audiovisual nacional para convertirse en una verdadera industria?
-Le faltan muchas cosas. Pero este país es luego una suma de faltas. En eso está su tragedia y su encanto. Celebramos 200 años de una independencia a la que le falta tanto, pero celebramos igual. Es un cambio de mentalidad lo que necesitamos, y eso se construye con el tiempo. No tengo la lucidez necesaria para poder identificar si estamos en proceso o estancados. Pienso que a partir de un cambio de mentalidad, los cambios más puntuales (ley de cine, presupuesto real, convenios de coproducción, etcétera) se van a dar de forma natural.
-Pese a que Paraguay está compitiendo en prestigiosos festivales de cine, el audiovisual nacional aún no cuenta con ley, instituto ni una política que respalde el trabajo de los realizadores. ¿Falta un Oscar? ¿Qué deberían hacer los realizadores?
-Me parece que lo que mejor podemos hacer los realizadores es escribir guiones, desarrollar proyectos, filmar, editar. Las autoridades culturales son las que deberían asumir el mandato de elaborar políticas públicas acordes con este tiempo, donde el audiovisual ocupa un lugar relevante. No se puede construir un país en la oscuridad. No se puede fortalecer una democracia sin tener en cuenta una herramienta tan fuerte como el audiovisual, un espejo que nos permite vernos así como somos. En el 2005, se formó la Dirección Nacional del Audiovisual en el Viceministerio de Cultura, pero esa Dirección pasó a departamento en el nuevo organigrama de la Secretaría Nacional de Cultura. Ese hecho demuestra que el audiovisual bajó de escaño en la estructura de la actual administración, pese a que en los últimos años Paraguay compitió en prestigiosos festivales de cine. Irónico, ¿no? Y sí
No se puede construir un país en la oscuridad. No se puede fortalecer una democracia sin tener en cuenta una herramienta tan fuerte como el audiovisual.
Importante vidriera. El Festival de Berlín es, junto con Cannes y Venecia, uno de los festivales de cine más importantes del mundo. Este año se celebra la 61ª edición, del 10 al 20 de febrero. Calle última competirá en la sección "Generation", especializada en filmes de adolescentes y jóvenes. El cortometraje nacional contó con el apoyo de la Unión Europea y la colaboración de OIT, Unicef, Fodecica, Centro Cultural de España Juan de Salazar y Aecid. Es el tercer año consecutivo que nuestro país compite. Anteriormente estuvieron Karai Norte (Marcelo Martinessi, 2009) y Cuchillo de palo (Renate Costa, 2010).






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