14 de Enero de 2018

| La Máquina del Tiempo

1918: La revuelta de las mujeres

Por Crononauta

Hoy día se cumplen exactamente cien años de la jornada crítica de una revuelta que duró más de dos semanas y que puso en jaque a toda una ciudad, la de Barcelona.

En el crudo y frío mes de enero de 1918, los precios de los productos básicos –aceite, bacalao, pan, carbón, patatas– habían subido hasta volverse inaccesibles para los sueldos escasos e irregulares ingresos de muchos de los habitantes de los barrios bajos de Barcelona y otras ciudades, barrios de los cuales surgirían, en parte bajo el influjo de la reciente revolución rusa, esta y otras numerosas revueltas espontáneas durante las primeras décadas del pasado siglo XX.

La Junta de Subsistencias había fijado un precio para el carbón –era un invierno duro– que, salvo raras excepciones, los tenderos no respetaban –eran, cabe señalar, a fin de cuentas años de carestía también para ellos–. El jueves 10 de enero por la mañana, Amalia Alegre, una vecina de la calle del Olmo, pegó en un muro del barrio una convocatoria llamando a todas las mujeres a marchar contra la falta de productos en venta al precio tasado. Unas quinientas acudieron y marcharon desde esa calle a Conde del Asalto, las Ramblas y, por el Paseo de Colón, hasta la sede del gobierno civil.

Allí, una comisión de cinco manifestantes, presidida por Alegre, fue recibida por Auñón, el gobernador, que les prometió que en adelante vigilarían que los productos fueran vendidos al precio fijado por la Junta.

Por la tarde hubo disturbios en varias carbonerías. Al otro día, viernes, un grupo de mujeres recorrió las calles, rompió los vidrios del Edén Concert y no dejó copa ni plato sano en el Alcázar de la calle Unión. Fueron, a continuación, a los almacenes El Siglo y pidieron al dueño que cerrara el local y a las vendedoras que se les unieran. Ante el rechazo inicial del dueño, rompieron los escaparates y el mobiliario. Detuvieron los tranvías que iban por las Ramblas, obligaron a bajar a las mujeres y les pidieron que se les unieran. Cerraron varias fábricas y las trabajadoras marcharon por la calle de San Pablo siguiendo a Amalia Alegre.

Y el lunes siguiente, un día como hoy, 14 de enero, pero de hace un siglo, decenas de miles de trabajadoras –catorce mil, según la edición de la fecha del periódico El Diluvio– dejaron sus puestos en las fábricas para ir a protestar. La guardia civil recorría las calles a caballo y custodiaba los mercados. Unas cinco mil manifestantes fueron al gobierno civil, redujeron a los guardias de la entrada y subieron en tropel a hablar con el gobernador, que, al verlas, alarmado, mandó desalojar la escalera, con tan poca fortuna que la baranda de hierro se desprendió, con un saldo de fracturas, piernas rotas y heridas. Mientras tanto, en las calles, las insurrectas asaltaban tahonas y carnicerías y paraban carros de carbón para vaciarlos.

El miércoles, el paro era masivo, al igual que los asaltos. En algunos locales, los dueños se defendían a tiros. El sábado, el gobierno civil publicó un bando con los precios de venta de los productos básicos. Una comisión de mujeres, entre ellas Amalia Alegre, se reunió con el gobernador, aprobó el bando y resolvió levantar la huelga. El domingo, los tenderos fueron al gobierno civil a pedir que anularan el bando. Mientras, ese mismo domingo, en un mitin un grupo de mujeres rechazó el bando, por considerarlo insuficiente como medida para paliar la escasez. El miércoles 23, el gobierno central destituyó a Auñón. El sábado llegaría su sucesor, pero la víspera, el viernes, se declaró el estado de guerra. El ejército custodiaba mercados y comercios. Apostadas en varias calles, las metralletas desalentaban cualquier marcha o manifestación. La prensa pasó a las últimas páginas la información del conflicto. El gobierno civil publicó otro bando con los precios de los productos básicos y las sanciones para los tenderos que no los respetaran. Patrullas del ejército supervisarían que fueran vendidos al precio indicado. Con eso terminó esta peculiar revuelta nacida de la penuria y de la rabia, espontánea y sin clara estrategia, de la que se volvieron dirigentes en el terreno aquellas mujeres con mayor arrojo y capacidad oratoria. La crónica de este movimiento popular puede encontrarse en las páginas del periódico El Diluvio, de la revista La Hormiga de Oro y de otras publicaciones de aquellos días airados.

Hasta el próximo domingo, crononautas.

crononauta700@gmail.com

 
 

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