28 de Setiembre de 2003

| ASUNCION ERA, DURANTE LA CONQUISTA, "PASO DE TODOS Y POSTA, NUNCA DESTINO DE NADIE"

"Este interior reino de nada" nueva novela de Luis Hernáez

Antes de entrar en el comentario sobre la obra “Ese interior reino de nada” del escritor Luis Hernáez, conviene conocer al protagonista de su novela: Domingo Martínez de Irala. Conquistador español, nacido en Vergara, Guipúzcoa, y muerto en Asunción (1510-1556).

En uno de esos sucesos que forman la historia de la colonización, como la fundación de nuestra ciudad por Juan de Salazar y Espinoza, Irala se encuentra con Juan de Salazar, que, por encargo, venía a investigar la suerte de Ayolas y su gente. Después de separarse, Salazar fundó el fuerte de la Asunción el 15 de agosto de 1537. Hasta ahí llega la función del fundador; después se abre lo que sería el reino de Irala, donde se cumpliría la orden real de poblar la tierra.


Traspaso de mando

El traspaso del mando sobreviene.

“...En esta forma Irala comenzó a gobernar en el Paraguay. Su fortaleza física era inaudita, exploró el Chaco en varias oportunidades, andando, a veces, semanas enteras con el agua hasta la cintura. Dotó a la población de la Asunción de un cabildo, por lo que la población comenzó a ser denominada ciudad. Irala fue un colonizador de grandes dotes. Se dice de él que inauguró la política de aislamiento que Paraguay sufrió durante varios años, tanto durante la colonia como durante su vida independiente. En 1556 distribuyó las primeras encomiendas de los indios. Se le acusó de haber permitido las uniones de un solo conquistador con veinte, treinta, cuarenta mujeres indígenas”.


Tierra de la miel y el maná

La revolución de los Comuneros, la accidentada fundación de Asunción por Juan de Salazar y Espinoza, y la insistencia, casi obsesiva de Domingo Martínez de Irala en sentar un reino en Asunción (tierra de la miel y el maná), forman, entre muchos otros elementos históricos, que no hemos aprendido en los libros de la primaria ni de la secundaria, la novela.

“Ese interior reino de nada” se halla escrito con un lenguaje ágil, libre de punto y coma, con marcado oficio, y un despilfarro de imaginación del autor, imaginación que no sólo hace placentera la lectura, sino que me lleva, particularmente, a suponer que es el mejor libro escrito en lo que va del año. Se perfila un realismo mágico en las páginas del material literario; es difícil escapar a la influencia de Gabriel García Márquez.


Amparo y reparo de la conquista

La adversidad del calor en la tierra colonizada, es el clima que reina, también, en el libro. Ese calor se siente apenas se va avanzando en las páginas de la novela.

El protagonista es una figura de alta importancia dentro del imperio colonizado por los españoles. Contra viento y marea, Irala crea un reino interior en Asunción, amparo y reparo de la conquista, en donde no faltan los insurrectos españoles que se niegan al mandato colonizador de España. Cito:
“- Vayamos a la bahía a refrescarnos, Antonio; hace un calor infernal...

- No puedo, debo ir a casa: mañana pasan revista y el chapín de mi uniforme deja aflorar todos los dedos de mi pie derecho...

- Revista - bufó Tobías sacándose la correa para entregársela a José Pampliega, que se hacía cargo de la guardia - habrase visto tan gran insensatez: no tenemos ni para tenernos en pie y el teniente de gobernador pasará revista...

- Pasará revista como todas las semanas, no es nada nuevo. Y te digo una cosa: es mejor para ti que no te oigan hablar así -dijo Antonio con más enojo que temor- ¿no te basta el ejemplo de estos pobres infelices, arrinconados y atados bajo el ybyrapyta?” El afán de la conquista de los lugares donde abundan el oro y la plata, no perturba, ni mucho menos, a Domingo Martínez de Irala, conocido también como Capitán Vergara, apodado Chomín. En conversación con el primer Obispo que llega a Asunción, Fray Pedro Fernández de la Torre, Segundo Obispo del Río de la Plata, el segundo nombrado, pero el primero en llegar a Asunción, se manifiesta la parquedad de Irala, quien se empecina en transformar Asunción, en “Amparo y Reparo de la Conquista”. El imperio del oro y del sol, él lo cambia por el imperio de la nada, pues en Asunción no ocurre nada, absolutamente nada. Como escribe el autor en su novela, Asunción no pasa de ser “paso de todos y posta, nunca destino de nadie”. Y es en ese imperio de la nada, donde Hernáez nos muestra el perfil de un hombre cargado de profusas relaciones carnales, que lo llenan de cuñados y suegros, y vive para reinar.


Lo mejor del libro

Lo mejor de la novela -salta a la primera lectura- es su lenguaje entretenido, escrito al correr de una imaginación afortunada. También, lo mejor de novela, es la imponente figura el protagonista, Domingo Martínez de Irala, que da pie al desarrollo de una historia escrita con el sentido de la novedad. “Ese interior reino de nada” no es el contrapunto de la salvaje cristianización y redención de los indígenas. Luis Hernáez se limita a relatar las peripecias, y sacar “los trapos sucios”, como se dice, de los colonizadores, que en 1535 partieron de España con la expedición de don Pedro de Mendoza, Primer Adelantado del Río de la Plata.

Sabido es que cuesta escribir una historia novelada, porque, a veces, pesa más la historia que la novela, o viceversa. En el caso del libro que ocupa mi comentario, existe un perfecto equilibrio; ni tan densa y plagada de precisiones la historia; ni tan desentendida de los hechos históricos, escrita a través de un lenguaje con ritmo de lectura atrapante, la forma literaria.

Obsesión de obsesiones... En su lecho de muerte, Irala le encomienda al Obispo el reino de la ciudad de Asunción, con su carga pesada, desesperada, desesperante y asfixiante, pues ella no es más que un pobre reino de la nada.


Breve reseña biográfica del autor

Luis Hernáez nació en Asunción, Paraguay, el 10 de febrero de 1947. Es arquitecto por la Universidad Nacional de Asunción. Es docente universitario.

Fue presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) durante los años 2000 y 2001.

Tiene publicadas las siguientes obras:
“El destino, el barro y la coneja”, novela. (Premio V Centenario, año 1989. Premio Libro del Año, 1990). Premio “Los doce del año”, 1990, Literatura. Premio municipal de Literatura, año 1992.

“Donde ladrón no llega”, novela. (Premio literario Roque Gaona).

“La moneda del abuelo”.

“Levadura y mostaza”, novela. Mención honorífica en el Premio Nacional de Literatura 2001.

“Testimonio jesuítico, producto turístico cultural del MERCOSUR”, ensayo.

“La chispa azul”, teatro.

“Destidós”, novela. (2002)
“Kentenich”, teatro.
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