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30 de Marzo de 2014

 

Isla secreta

Por Damián Cabrera

Pensar un lugar desde el duelo: la muerte de Rubén Bareiro Saguier constituye una fecha, una oportunidad para reflexionar sobre el lugar del autor en la cultura y sobre la persistencia de su voz a partir de una imagen y un poema.

/ ABC Color

EL DUELO

¿Cómo son las fechas de nuestros duelos colectivos? El cese de la vida es siempre un cese traumático. Nos preguntamos por nuestros muertos y proyectamos en esa demanda nuestras voces; proferimos en ella un deseo de persistencia, una vocación reflexiva que por rebote nos devuelva las voces de los que ya no están. Esa es una forma de hacer duelo. Quizás en el duelo por la escritura, en la escritura, apelemos a una ineficacia de la memoria, buscando inscribir con mayor profundidad la persistencia. Y esa prolongación de discursos, y de imágenes puestas en palabra, que es la escritura literaria –como también lo son otras formas de inscripción artística–, quizás sea portadora de una expectativa reconfortante: de que las voces no se han ido del todo, y de que también quedarán las ideas por estas animadas.

¿Pero qué significa la muerte de un escritor para una comunidad lingüística, para una cultura común? Aunque no hayamos alcanzado siquiera a rozar sus manos en un saludo, nuestros ojos no se hayan mirado, podemos situar al autor en el espacio de los afectos porque sus discursos nos han movilizado. Y la palabra escrita, en una comunidad particular, es articuladora de imágenes y de posiciones que nos arrojan a la intemperie de un mundo que sin ellas sería otro; gracias a esa escritura que no solo nos representa, sino que representa la vida en sus dimensiones exuberantes y aun siniestras, caminamos por un mundo y un tiempo embebido en sentidos y sensaciones.

¿Quiénes son nuestros muertos? A veces las culturas asignan valores vitales a las voces poéticas, cualidades casi chamánicas. Pero el duelo también es exigente: reclama de estas voces una inscripción; entonces, cuando se presenta la muerte, el inventario de obras, el recuento de su «impacto» en nuestras existencias, es el lugar común.

Entonces, ¿cómo elegir saludar a Rubén Bareiro Saguier en su ausencia? ¿Cómo reclamar la inscripción de ese nombre que ahora es herencia no de un programa ni de una élite, sino de todos los hablantes/habitantes de la lengua en la que escribió, y del espacio desde donde se dijo y nos-dijo a muchos? Elijo un poema.

PARAGUAY NO TIENE SALIDA

Como ruta del oro, esta porción de tierra constituía un callejón sin salida; a medio camino entre los incipientes puertos de los conquistadores y las minas del Alto Perú, el tránsito se hallaba interrumpido por el Pantanal al Norte y el gran e inhóspito Chaco al Oeste. Durante el gobierno de Francia se cerraron las fronteras, y por un tiempo, el Paraguay estuvo aislado.

Atrapado en el accidente de su ubicación geográfica, y por las acciones de sus gobiernos – duros y adversos los más–, las formas excéntricas en las que sus gentes se han ido haciendo terminaron por hacer de este un país fuera de lugar, desubicado.

En delay con relación a diversos procesos en los que los países de la región estaban inscriptos, muchas cosas no pasaron por él; o pasaron mucho después, con esfuerzo, a veces vacilantes.

Quizás por eso no resultara muy difícil que, a un mismo tiempo, diversos sujetos y colectivos comenzaran a metaforizar esa condición del Paraguay insular. Es posible que las más importantes reflexiones al respecto se suscitaran en el seno del grupo Vy’a Raity, o de la revista Alcor, dirigida por Rubén Bareiro Saguier; y quizás sea él el primero en trasladar esas reflexiones al plano de la poesía.

ISLA SECRETA

¿Qué tiene ese poema de tan perturbador que nos encierra en su atmósfera? Hay en él una insistencia: el lenguaje se enfrenta a algo, una tierra, y entra en cortocircuito. La fijación que produce se expresa con una desesperada repetición incesante. Todo lo otro que es además en esa tierra, que es a pesar de ella, aparece como consecuencia de la misma: ese espacio inestable y movedizo arroja unos destellos que más bien son sombras de lo que allí ocurre, y cuya visibilidad no parece posible, no tiene traducción posible porque el lenguaje no alcanza; y el trauma de esa imposibilidad se expresa con esa reiteración incesante.

En la isla, todo es una carrera de acciones fuera de lugar, sobre las cuales, para un colmo mayor, se arroja un velo de niebla que distancia aún más el paisaje: ese ámbito de apariencia desoladora en el que las acciones humanas son gestos agotados de desesperación.

La voz poética está distanciada, pero no puede tomar distancia: hay otra (im)posibilidad que le pesa, palpita en sus modulaciones: así como los hombres sombríos de la isla –y esa voz lo es–, su ser está constituido por esa tierra y por su niebla. Con todo el horror de los parajes y los gestos vacíos del aislamiento, esa voz vibra con un deseo de ahí estar.

EL PARAGUAY INSULAR

La construcción de la representación de un Paraguay insular es nuclear en mucho del pensamiento sobre cultura que se ha producido en y sobre el Paraguay: Roa Bastos popularizó la imagen de «la isla rodeada de tierra», como a su vez lo hicieron Josefina Plá y Rivarola Matto; o Villagra Marsal con la análoga imagen de un «pozo cultural».

¿No tiene la toponimia local en su repertorio de nombres una serie de islas rodeadas de tierra? Isla Pucú, Islería, Yapepó Isla, Zárate Isla, Isla Yobái…

Rubén Bareiro Saguier tomó un espacio físico y abrió en él un espacio para la imaginación y para el pensamiento.

Los nombres ausentes son varios, y es un lugar común decir que sus voces persisten. Pero eso depende de la cultura, de la falta que nos haga lo que una voz designó para seguir con el curso de nuestras vidas. Es grato pensar también que en la historia de nuestras imaginaciones no solo persiste la voz de un autor –como persiste en mí el tartamudeo de este poema– sino también el espacio que habilita, aunque sea en la imaginación.

Damián Cabrera (Asunción, 1984), novelista, ensayista, narrador, ha publicado, entre otras obras, Xirú (Premio de Novela «Roque Gaona», 2012), figura en diversas antologías, como la primera antología argentina de narrativa paraguaya contemporánea, Los chongos de Roa Bastos: Nueva Narrativa Paraguaya, de la editorial Santiago Arcos, de Buenos Aires, y actualmente cursa estudios de posgrado en la Universidad de São Paulo, en Brasil.

Desde la Universidad de São Paulo (USP), Brasil, para el Suplemento Cultural de ABC Color

 

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