04 de Enero de 2009

| SIMPLEMENTE MUJERES, DE DIRMA PARDO CARUGATI

La humanización literaria de un catálogo de la problemática femenina

Dirma Pardo Carugati es una de las cuentistas paraguayas más relevantes. Desde su primer libro de relatos, La víspera y el día, publicado en 1992, con aquellos estupendos relatos como “David and Betsy”, reconstrucción de la historia de un presidente de los Estados Unidos con una estrella de cine; la borgiana historia de dualidades titulada “O Julio o César” o “Al este de Hiroshima”, terrible recreación de un sacrificio.

/ ABC Color

A esta obra le siguió Cuentos de tierra caliente (1999), donde las narraciones atrapaban al lector hasta empujarlo al interior de las atmósferas bien construidas por la autora, con cuentos como “La sentencia”, relato contrapuntístico donde la resolución queda abierta para una elección libre del desenlace, o “El final de la odisea”, reversión paraguaya de la historia de Homero, con un regreso nada feliz de Eliseo, el “Odisea guaraní”, a su población de Itauguá.

Pero si hay un denominador común en las obras de Dirma Pardo, es la inclusión de problemáticas femeninas en estos dos libros, representados por distintos modelos de mujer. En ambos reivindicaba su necesidad de independencia y denunciaba el machismo imperante en la sociedad, sobre todo en la paraguaya. En realidad, subrayaba la brutalidad del hombre. En Cuentos de tierra caliente destacaba el tratamiento del tema en “A primera vista”, “El almacén cambió de nombre”, “La casa de las tres piedras” y “Siesta de verano”, el relato que cerraba el libro. “La casa de las tres piedras” era un perfecto cuento policíaco, cuyo tema recordaba a la transgresora Las diabólicas, de Boileau-Narcejac, o a una de las películas que los personajes citaban a lo largo del texto. Así, retomaba el tema del móvil de la venganza por el oprobio de la esposa y de sus dos hermanas que el marido ha efectuado con el fin de engañar a las tres y finalmente huir con la fortuna de las hermanas, sus propiedades y la doncella como amante. Era, por ello, la denuncia de la explotación de la mujer que tanto ha preocupado siempre a Dirma Pardo.


Pero ha sido con su última obra recientemente publicada cuando ha incidido más en la llaga de la situación de la mujer: Simplemente mujeres. Sus protagonistas son mujeres sometidas a su suerte, a una vejación continua, a veces inconsciente, y llenas de problemas que en la mayor parte de ocasiones no saben resolver o se limitan a buscar una salida demasiado radical. Los veinticuatro relatos que forman el libro revelan distintos sucesos que afectan a la evolución vital femenina. El denominador común es la frustración generalizada de las mujeres protagonistas, con una variedad compositiva ejemplar, a pesar de la uniformidad estilística de la autora: podemos encontrar microcuentos como “Sueños concéntricos” junto a relatos más extensos como “Hábeas data”. Y todos con su amplitud de extensión ajustada de forma necesaria al contenido del discurso. Por ello, resulta sorprendente la habilidad adquirida por la autora para desarrollar esta variedad de personajes hasta formar un coro del espectro social femenino. Y no sólo del Paraguay, sino de la mujer universal, sobre todo la de extracción popular.


Me resulta atractiva la indagación de la autora en la raíz perjudicial de buena parte de la errónea por errática educación recibida por parte de la mujer: diríamos que “de la mujer” y “para la mujer”. Una educación castrante de la cual la mujer es defensora, generalmente inconscientemente. Esa recreación de las prohibiciones a lo largo de la vida de la narradora de “Etapas de la vida de la mujer perfecta” ofrece con dura ironía el lamento por una educación en la represión que ha recibido a lo largo de la historia de la humanidad. Pero a su vez, Dirma Pardo busca en los cuentos feéricos esa raíz de la educación equivocada: en “Cuentos de hadas y princesas” la narradora ironiza sobre su existencia, ahora metida en las llamadas “noticias del jet set”. Y de ahí pasa la autora a mostrar problemas como el del aborto en “A sangre fría”, recreación del título de Truman Capote para un caso durísimo como el narrado; la culpabilidad por parte de los patrones en “Sin importancia”; la tolerancia que finaliza con el asesinato del marido por su machismo en “Yo tengo la culpa”; el anhelo de la mujer humilde que sueña con lo mejor para su hijo en “Escolta”; la contraposición de pareceres entre la abuela y la nieta en “Etapas de la vida de la mujer perfecta”; las vocaciones reprimidas o postergadas en “Secretos de cocina”; la epístola en primera persona de los avatares de la emigrante y la dureza de sus “nuevas” condiciones vitales en “Vía aérea”; o la preocupación por la mujer y la dictadura de Stroess-
ner en “Suena el teléfono” y “Hábeas corpus”, el primero desde dentro del ámbito familiar de la dictadura, y el segundo, una terrible historia narrada por una víctima presa y violada en la cárcel, cuyo único consuelo es un hijo que, al final… bueno, es una sorpresa bien trazada por la autora que no pienso revelar por respeto a ella y porque los críticos debemos empujar hacia la lectura de la obra reseñada.


El cuento “Confesión”, sobre el tema de la complicidad del sacerdote con la mujer que acude a pedirle perdón por el latrocinio hacia el marido, revela la plasmación de una restitución de la justicia, aunque sea por medio de lo que aparenta ser un pecado. Pero esos pecados serán más graves en virtud de que la vanidad tape la pesadumbre hacia el pasado, como en “Hoy como ayer”. O “Accidente”, donde recurre al tema del adulterio con una originalidad singular. Variedad temática en torno a una problemática.


Veinticuatro relatos que conforman Simplemente mujeres. Una serie de mujeres herederas de la filosofía estoica que dibujan un panorama literario realista, rico y atractivo para el lector. Y es que Dirma Pardo sabe escribir cuentos y en este género es donde se desenvuelve con mayor naturalidad y con un estilo envolvente. Desde aquellos tiempos en que nació en el Taller Cuento Breve a los momentos actuales, han pasado muchos años, casi dos décadas. Pero su aprendizaje y su mejor carácter literario se han revelado en esta obra, de lectura plenamente recomendable siempre que sepamos despejar la incógnita de que las mujeres protagonistas son seres con una problemática singular y que, por ello, un lector no puede permanecer indiferente ante las situaciones narradas.


Esperemos que no pasen nueve años para encontrarnos con una nueva obra de Dirma Pardo Carugati. Por el bien de los lectores. Y de los críticos.


José Vicente Peiró Barco
jvpeiro@ono.com
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