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03 de Diciembre de 2017

| La guerra de los guaraníes (XXX)

Las grandes decisiones requieren transparencia

Por Jesús Ruiz Nestosa

En una carta de 1755 al provincial de los jesuitas, escribe el padre Escandón que decisiones como la del Tratado de 1750, que afectan a miles de personas, no deberían realizarse lejos de la mirada pública

El 8 de noviembre de 1755, Juan de Escandón envía al provincial de los jesuitas, Francisco Martínez, un relatorio de más de ciento cincuenta páginas, fechado en Córdoba de Tucumán, con detalles del impacto que causó no tanto la noticia del tratado firmado entre España y Portugal como conocer los detalles del mismo, mantenido en riguroso secreto por los portugueses, conscientes de las ventajas que les daba.

El padre Escandón narra que a todos les pareció tan desmesurado lo que estaba en juego que la gente no le dio mayor importancia. Muchos ni siquiera creían que pudiera ser cierto (1). «Sólo nos dijeron lo que se les daba por la parte de oriente» y se pregunta él mismo por qué «nuestra Corte le había dado tanto sobre casi todo el reino del Perú. O qué se yo por qué sería. Lo que sí sé es que esta misma política y muy tenido secreto guardaron por la parte de occidente se diciendo por allá solamente lo que allí les daba el otro tratado, sin manifestar lo que se les daba también por norte y oriente, como lo hizo el gobernador de Mato Grosso con el padre superior de Mojos asegurándole que ya tenía en su poder el tratado, y que le concedía a Portugal los trece pueblos que de aquellas misiones caían a la otra banda del Mamoré; y era la carta de dicho gobernador que le decía: Quiera dios que muy en breve tendría V.R. el desengaño, cuando con orden del rey católico les harán despejar esas misiones y entregárselas a los portugueses; y que V.R. por lo lejos que están aun ignoran el tratado de división que han hecho las dos majestades al 13 de enero de 1750, y lo tenemos ya, y trajimos las copias y las órdenes, y sabemos los pasos de los que ya vienen a esta ejecución. Esto solo le dice y todo lo otro lo calla; así como los portugueses de acá nos callaban aquello y nos decían lo de por acá, y aun se empeñaban en persuadirnos a los de por acá a los del oriente, como el gobernador de Matto Grosso a los del occidente» (1).

El padre Escandón insiste en la solapada manera de actuar de los portugueses pues se inclina a pensar que no lo hacen de buena fe. También insiste en la extrañeza de los propios españoles ante las noticias del tratado por considerar desmesuradas las cesiones de territorio. «Mucho menos se les hacía creíble a los españoles el que ya nuestra corte sin otros informes de por acá, más de los que le hubiesen querido dar los portugueses, que no se podía allá dejar de ver que eran la parte interesada hubiese estado en un tal convenio (como en la realidad el año de 50 en que los portugueses nos lo daban ya por hecho, no estaba del todo concluido) ni menos lo hubiesen firmado, no obstante que los portugueses daban las particulares señas de que hacía ya tiempo que el tratado andaba ya impreso en Portugal» (2).

El firmante de esta carta tiene indicios claros de que los portugueses no actúan de buena fe y de que, con verdades a medias, informes parciales, prolongados silencios y, sobre todo, mucho misterio, intentan sacar el máximo provecho de una situación que ellos mismos están creando para justificar, más tarde, las acciones que han planeado con mucha anticipación.

Por eso insiste en sus cuestionamientos a todo cuanto rodea al famoso tratado. No solo afirmaban que el tratado hacía tiempo que estaba ya firmado en Portugal (téngase en cuenta que los procesos de impresión a mediados del siglo XVIII eran muy lentos y trabajosos, ya que el texto debía componerse a mano, letra por letra), sino que aseguraban que «ellos tenían ya aquí un extracto de él, que les había venido manuscrito del [Río de] Janeyro; y que en la misma corte de Lisboa estaban ya labrándose públicamente, o ya labrados, los marcos que habían de servir con las armas de Portugal y Castilla para la división de las tierras y dominios que e adelante había de poseer cada una de las dos coronas. [Aseguraban] también que lo que a Portugal se le daba por la Colonia era todo el territorio que hay desde Castillos al río Uruguay entre él, el Ibicuy y el Brasil» (3).

El padre Escandón prosigue diciendo en su carta, cosa curiosa, ya a mediados del siglo XVIII, que una decisión que terminaría afectando a miles de personas debería haberse realizado con mayor transparencia y no de manera oculta: «Las señas eran ya muchas; pero tienen por aquí tan mala fama las noticias que vienen acá por la Colonia, y tantas sus falsedades, que aún una voz que por allí venía la verdad misma, la hacían todavía sospechosa, y aun no se le daba todavía el crédito que merecía. Por lo menos no se lo daban los que suponían que sin tratado de tanta consecuencia se había de haber hecho por la vía ordinaria y no por la reservada. Y aquí está su yerro, de que nunca los quisieron sacar los portugueses que ciertamente lo sabían; y sus razones se tendrían para callarlo» (4).

En el fondo de todo, podía estar el interés por el oro: «Otros españoles había, que estando a la peor parte sospechaban, y aún decían, que si era verdadera la noticia, no podía dejar de ser a costa del oro que los portugueses sacaban de sus minas, o no sino de las que le tenían claramente usurpadas a España. Pero los que mejor discurrían, combinaban estas noticias con otras que ya por acá tenían y una de ellas venida a Buenos Aires de la corte de Lisboa, el año antes: y era que aquella corte tenía unas grandes pretensiones en la nuestra importantísimas a Portugal, y aún añadía el grande y poderosísimo empeño que pretendía para el buen logro de sus intentos, y que en fin, tenían los portugueses la conciencia de un gran proyecto tan bien ideado, y con tal artificio trazado que sería como una especie de milagro el que no saliese todo a medida de sus deseos y a toda su satisfacción» (5).

En el siguiente párrafo aventura el padre Escandón de manera difusa y en términos muy ambiguos otra posibilidad, que califica de «muy devota». «Y era que la dicha corte de Lisboa hacía tiempo que tenía enviado con la de Madrid a un cierto fraile de cierta religión (que nombraba) sujeto de todo carácter en ella, con otro diferente proyecto; pero con el verdadero fin de imponer a la reina Nuestra Señora en el nuevo proyecto, que Portugal ideaba y en lo útil que sería a una y a otra corona el que su majestad interpusiese toda su autoridad y aun su empeño en el ajuste de tal proyecto; todo lo cual con la recomendación, que de la dicha corte de Portugal que había llevado el devoto religioso, lo iba ejecutando o lo había ya ejecutado como de él se había esperado. Supónese que sus informes serían tan sinceros como lo pedía su santo hábito; o a lo menos como los necesitaban los intereses de la corte de Lisboa» (6).

Notas 

1. Jesús Ruiz Nestosa: «La Guerra de los Guaraníes (XXIX): “Son los portugueses como gorriones de suelo”», en: Suplemento Cultural de Abc Color, domingo 19 de noviembre de 2017.

2. Legajo 120, 54, Archivo Histórico Nacional de España, Madrid.

3. Ibid.

4. Ibid.

5. Ibid.

6. Ibid.

7. Ibid.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

 
 

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