• HOY

    20°
    MIN
    27°
    MAX
     

    TORMENTA CON LLUVIA

  • Jueves 15

    17°
    MIN
    30°
    MAX
     

    Fresco a cálido, cielo nublado a parcialmente nublado, vientos del sureste.

  • Viernes 16

    19°
    MIN
    31°
    MAX
     

    Cálido a caluroso, cielo mayormente nublado, vientos del sureste, luego variables.

  • Sábado 17

    21°
    MIN
    33°
    MAX
     

    Cálido a caluroso, cielo mayormente nublado, vientos del noreste. Precipitaciones dispersas y ocasionales tormentas eléctricas.

  • Domingo 18

    21°
    MIN
    26°
    MAX
     

    Cálido, cielo nublado, vientos variables, luego del sur. Precipitaciones y ocasionales tormentas eléctricas.

  • Lunes 19

    19°
    MIN
    28°
    MAX
     

    Cálido, cielo nublado a parcialmente nublado, vientos del sur.

  • DOLAR 

    compra
    G. 5.800

    venta
    G. 6.000

  • EURO 

    compra
    G. 6.600

    venta
    G. 7.000

  • PESO 

    compra
    G. 130

    venta
    G. 190

  • PESO URUGUAYO 

    compra
    G. 100

    venta
    G. 240

  • REAL 

    compra
    G. 1.500

    venta
    G. 1.600

  • YEN 

    compra
    G. 30

    venta
    G. 55

06 de Mayo de 2018

| Literatura

Noticias del (otro) mundo: Gastón Leroux, reportero de lo irreal

Por Julián Sorel

Hoy se cumplen 150 años del nacimiento del novelista francés Gastón Leroux (París, 6 de mayo de 1868-Niza, 15 de abril de 1927), cuya influencia en la ficción llega hasta nuestros días y es mayor de las que se suele pensar.

Hoy es el cumpleaños de Gastón Leroux, autor conocido en vida por sus extravagancias y por sus folletines y cuyas marcas en la ficción llegan hasta hoy y son más de las que suelen reconocérsele.

Leroux quiso ser abogado, pero aunque estudió derecho su camino se torció enseguida y dejó de ejercer, quiso ser periodista pero lo despidieron luego de algunos años, quiso ser escritor y, bingo, logró serlo hasta que una infección se lo llevó al otro barrio.

Antes de pelearse con su jefe, hizo durante sus años periodísticos un interesante trabajo, y en el caso Dreyfus tomó partido por Émile Zola mientras cubría aquella pantomima de juicio para el diario parisino Le Matin en agosto de 1899.

De hecho, se metió a cronista de tribunales, y se especializó en cubrir causas perdidas, historias de personajes disfuncionales, dignos de las novelas folletinescas que no sabía aún que terminaría escribiendo: marginados, condenados, habitantes de los extramuros del pujante siglo, ignorados seres del subsuelo, una legión entera de monstruos, parias, a veces genios… 

Probablemente con algo de la pasta del periodista que él mismo fue, amasó al reportero Joseph Joséphin, conocido como «Rouletabille», que en su primera aparición resuelve el misterio del cuarto amarillo (Le mystère de la chambre jaune, 1908). Leroux publicó muchas novelas por entregas en folletines, y, por supuesto, con más casos de crímenes y muertes –algunos un tanto cómicos; así, el de aquel sillón de la Academia cada uno de cuyos sucesivos ocupantes moría hasta que llegó un académico invulnerable, porque no sabía leer ni escribir (Le fauteuil hanté, 1909)–.

Después de Alejandro Dumas, ha comentado el filósofo vasco Fernando Savater, muy lector de Leroux, «la novela popular en Francia sigue dos líneas principales, la marcada por Gaston Leroux y luego la que inicia Georges Simenon. La una fantástica y jocunda, la otra sobria y pesimista, una que no necesita la esperanza para divertirse y la otra que prescinde cruelmente de ella». Ha escrito también Savater que, por negras y truculentas que sean, en las páginas de las novelas de Leroux siempre hay alegría: «Incluso en las fatales desventuras del forzado Chéri-Bibi en su penal late una especie de oscuro júbilo indomable y burlón». Pese a lo cual, en ese mismo artículo, a reglón seguido, reconoce Savater que «Quizá el único personaje de Leroux que nos deje melancólicos sin remedio es Erik, el fantasma de la Ópera, protagonista de la más bella novela jamás escrita sobre el París decimonónico» (1).

Es esa, Le Fantôme de l’Opéra, publicada en un solo volumen tras aparecer por entregas en Le Gaulois desde septiembre de 1909 hasta enero de 1910, la novela más conocida de Leroux, por sus muchas adaptaciones cinematográficas y musicales, sobre todo. Al estreno de la primera de esas versiones –con el legendario «monstruo» hollywoodense Lon Chaney como protagonista–, en esos años de fines de un mundo y gateos de otro, asistió el propio autor.

La historia es conocida. Erik vive oculto en los sótanos de la Ópera, llenos de pasadizos secretos y paredes corredizas; a esa su morada de soledad y tinieblas llevará a Cristina en busca de un amor que quizá pueda curarlo en parte del rechazo que inspira a todos desde la infancia la deformidad espantosa que su máscara cubre.

Antes de empezar a escribir un relato, se dice que Leroux elegía dos palabras, formaba con ellas varias frases y elegía con cuál iniciarlo y cerrarlo. Cierto o no, es coherente con muchos intereses de Leroux, aficionado a muy diversas formas de desafío intelectual: a los espectros y la lógica, a los acertijos y los enigmas, a los misterios en general. Y entre todos, desde luego, al misterio de la muerte, como él mismo dijo en alguna ocasión y como resulta evidente en su obra. Se dice también que, una vez cumplido ese ritual de la elección y combinación de palabras, se encerraba a escribir y que al terminar disparaba todas las balas de su revólver y celebraba ruidosamente con su mujer. París estaba acostumbrado a sus extravagancias.

Como recordando ciertas prácticas profesionales de sus años de cronista especializado en causas perdidas y seres marginales, en un prólogo al Fantasma de la Ópera Leroux defiende la veracidad de la historia narrada con testimonios que recopila y cita. Me parece, fuera de eso, que si de algo no cabe dudar es de lo «real» de esta historia de un hombre roto que siembra el terror porque no ha conocido nunca el amor, furioso y triste demonio de rostro deforme y voz de ángel.

Una de las huellas del solitario enmascarado de Leroux que he reconocido hace poco, por cierto –lo vi por azar en estos días, mucho después de su estreno en el 2011– está en el largometraje francés de animación en 3D dirigido por Bibo Bergeron Un monstre á París: en el personaje de Francouer se unen, como en el Erik de la novela de Leroux, la voz que seduce y la fealdad que repele y condena al repudio de la sociedad. Pese al giro en dirección a un final feliz, hay momentos muy logrados (cómo olvidar esa canción en medio de la noche: 

«J’ai lu dans le journal 

écrit en lettre capitales 

un monstre à paris 

je suis à part 

je suis à part 

je suis apparemment, à part, 

rue à paris vers minuit 

un monstre à Paris…», 

interpretada, si no me equivoco, por Matthieu Chédid).

Quizá desde los truculentos terrenos del melodrama el fantasma de la Ópera homenajea y prolonga a ese otro fantasma que en ese mismo siglo XIX un gran filósofo hoy bicentenario, Marx, anuncia que recorre Europa. No lo sé a ciencia cierta, pero personalmente no lo encuentro inverosímil. Del periodismo a la literatura, Leroux desmontó, en sus mejores momentos, el colorido y el brillo superficiales de aquella sociedad burguesa de un tiempo de optimismo oficial, de aquellos días pujantes y henchidos de fe en el «progreso», de aquella belle époque que, filtrada de impurezas y de zonas de turbiedad, limpia de miserias e inequidades, la industria nos suele devolver con el dulce encanto del kitsch y la poesía en sepia de las postales vintage. Bajo las superficies risueñas de la triunfal urbe moderna, Leroux trazó así la meticulosa cartografía de las exclusiones, las rutas sórdidas de las agonías de los desplazados, el mapa secreto de lo inasimilable por el orden que rige las existencias normales que se viven y se exponen a pleno día. Reveló sus oscuros intestinos trágicos, el detrás y el revés, los (bajos) fondos del sueño iluminista, las sombras inevitables que la luz de la razón proyecta, las alcantarillas y los subsuelos de sus soledades, sus deformidades, sus abandonos, todo un universo subterráneo que guarda también, se nos revela al cabo, inesperados tesoros ajenos a los cánones, desconcertantes júbilos y maravillas perversas, la inconfesable belleza de los monstruos.

Notas 

(1) Fernando Savater: «El folletinista prodigioso», El País, 9 de diciembre de 2008. Disponible en: https://elpais.com/diario/2008/12/09/cultura/1228777203_850215.html

juliansorel20@gmail.com

 
 

ABC COLOR EN FACEBOOK

 
 
 

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo