11 de Diciembre de 2011

 

Victoria en Yrendagué de heroicos paraguayos *

Por Tte.Cnel. (SR) Antonio E. González

El relato de Saldívar pone al lector en contacto directo con la naturaleza y con el hombre que está en lucha mucho más con las circunstancias que contra el enemigo.

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Victoria en Yrendagué de heroicos paraguayos *_339470 / ABC Color

En la histórica marcha de la Octava División a Yrendagué, la distancia cubierta en cifras concretas fue de 70 kilómetros, de los cuales los primeros 30 fueron en terreno chaqueño de tipo corriente: tierra más o menos dura, bosque bajo, sin agua, en general lejos del enemigo. En los siguientes 40 kilómetros, la calidad del terreno y la presencia del enemigo imponen condiciones excepcionalmente difíciles: el terreno es ahora de raleados bosques sucios, suelo de arena gruesa en que los pies se hunden en cada paso hasta los tobillos. No se puede emplear el machete para abrir camino porque el Regimiento "Batallón 40", que es la punta de la división, está deslizándose entre dos divisiones enemigas, cada una de las cuales es ocho veces más numerosa en efectivos que el regimiento y tres más que toda la división paraguaya. En términos militares, yo debo decir que esta tremenda marcha no es de rodeo o de flanco, según se creía, sino de pura infiltración, y el espacio entre una y otra divisiones bolivianas, Séptima de Infantería y Primera de Caballería, es solo de dos a tres kilómetros. Durante todo el día 7 de diciembre y durante la noche del 7 al 8, la vida de cada uno de los hombres de la Octava División paraguaya, la suerte de la batalla y al final de cuentas el destino de la nación, se están jugando en cada paso que dan esos soldados y en cada minuto de aquellas interminables cuarenta horas de marcha de infiltración bajo sol ardiente, en la noche oscura, en el arenal reseco, en el bosque sucio.
En el regimiento que marcha en punta no hay rezagados y se marcha de un solo tirón: un descanso de 10 minutos en cada hora y un "gran descanso" de dos horas. Es de justicia reconocer que en esta hazaña realmente portentosa no debe verse como factor fundamental la resistencia del hombre y la presencia del jefe superior, sino también la previsión y las condiciones de mando que posee el joven comandante del regimiento y los comandantes subalternos. A la cabeza de cada compañía marcha el respectivo comandante y detrás de la compañía punta está el comandante del regimiento. Y en el último escalón del regimiento punta, marcha el comandante de la división cuya edad triplica en cifras la del teniente Vega y la de cualquiera de los jefes subalternos y poco menos la de los más viejos fusileros.   

En los regimientos que marchan en los escalones siguientes, hay muchos rezagados. Ha llegado a hablarse de abandono criminal, de debilidades físicas y espirituales, pero el juicio definitivo surge de los hechos reales: uno de estos hechos es que ya al iniciarse la marcha de la división, dos de los regimientos no han recibido agua y la tropa camina con las caramañolas vacías o semivacías, con la esperanza de beber en Yrendagué "si Dios quiere", según la orden conminatoria que se ha impartido a la división. Que, en tales condiciones, el hombre mantenga enhiesto el ánimo y no arroje las armas para buscar la salvación en la huida o en la piedad del enemigo es la suprema interrogante ante la que se enfrenta el lector.   

"Conocedor quien escribe estas líneas de las condiciones del terreno del Chaco en la zona Picuiba y las que se refieren al enemigo y a las propias tropas, con lo que me declaro en mejor situación que el lector corriente, no vacilo en consignar el juicio que debe recaer sobre la hazaña cumplida por la Octava División y particularmente por el Regimiento "Batallón 40" en la histórica jornada de Yrendagué: No conozco un hecho semejante en toda la historia de las guerras americanas, y bien hizo nuestro Gobierno cuando, correspondiendo a una solicitud del Ejército, instituyó ese día de Yrendagué, el 8 de diciembre, como "Día de la Infantería" y como "Patrono de la Infantería" de nuestro Ejército al esclarecido Eugenio Alejandrino Garay, el que llegó a Yrendagué el 8 de diciembre de 1934. (Prólogo del libro Yrendagué y otros episodios de la Guerra del Chaco, del Mayor (SR) Julio P. Saldívar, protagonista de la célebre batalla).   

La serie de reconocimientos comienza con el del propio Mariscal José Félix Estigarribia, quien, personalmente, en plena línea de fuego, por primera vez, prendió en el pecho de Garay la condecoración al valor militar "Cruz del Chaco", no concedida hasta entonces a ningún militar.   

"¿A quién confiaba Estigarribia la misión de apoderarse de Yrendagué? A un soldado endurecido por los tropiezos de la vida, a un hombre rubio cuyo apellido recordaba las hazañas de la conquista y de la fundación de Buenos Aires. La gloria es el sol de los muertos, porque así impone la flaqueza humana y también la altivez del escritor que no debe usar el incienso sino en los templos.   

En el escenario chaqueño comienza a perfilarse su figura; Pampa Grande le contó entre sus gestores y ejecutores. La brillante maniobra de Cañada El Carmen tuvo en Garay a uno de sus brazos estranguladores. Pero al héroe no le basta la hazaña colectiva; tiene que realizar cosas temerarias para plasmarse en el bronce de la eternidad; desafiar y vencer las leyes de la lógica vulgar. Tal fue la marcha a Yrendagué, realizada a raíz de la victoria de El Carmen, concepción del Comando confiada a la inteligencia de un jefe que comprendió perfectamente el objetivo de esa aventura en el desierto. Se trataba de apoderarse de la aguada de Yrendagué, distante más de 150 kilómetros, para privar de abastecimiento de agua a la columna del coronel David Toro, que empujaba violentamente al II Cuerpo de Ejército, hasta Picuiba". (General Garay, héroe del Chaco, Mayor (SR) Leandro Aponte, p. 217).  

El Dr. Carlos A. Pastore escribió:  

Por eso, pocos días después de la liquidación de la batalla de El Carmen, recibió orden (Garay) de hacer una conversión a la derecha y de lanzarse sobre Yrendagué. El enemigo no esperaba el golpe porque dentro de la ciencia militar la operación era superior a las fuerzas humanas. Pero la ciencia militar no se construyó sobre la base de jefes como Garay y de soldados como los del Batallón del 40. La D8 quedó rendida sobre el pique, pero el coronel Garay y una compañía del Batallón 40 se apoderaron de los pozos de agua y ganaron la batalla.   

La victoria de Yrendagué es el más grande ejemplo de la eficacia de los Comandos en la guerra. Los soldados quedaron por el camino y el jefe ganó la partida. Plutarco hubiera querido recordar a un capitán de la antigüedad que pidiera a sus soldados resistieran a la muerte unos minutos para morir todos juntos en el combate.

*Publicado en El Diario, de Asunción, el 17 de abril de 1938.
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