14 de Enero de 2018

| Elaborado por MF ECONOMÍA - Especial para este suplemento

La marcha de la economía local y sus desafíos en un año electoral

Con el cierre de 2017, la economía sigue su curso sujeta a lo que podría suceder, tanto en el ámbito local como externo. Los planes de inversión del sector privado y las políticas públicas tienen gran incidencia en la actividad económica de Paraguay, así también, las fuerzas económicas provenientes del extranjero tienen alcances profundos en la economía nacional, por su característica de ser pequeña y abierta. Este 2018 seguirá siendo un año de grandes desafíos como romper con la debilidad institucional y fortalecer el respeto a normativas que rigen en el país y que terminan incidiendo en el ánimo de los inversionistas.

En términos de indicadores macroeconómicos, Paraguay se ha venido destacando por su estabilidad durante los últimos años, con un nivel de crecimiento sostenido de aproximadamente 4% al año, entre el 2014 y el 2017. Los componentes que han contribuido a esa expansión fueron variados entre un ejercicio y otro.

En el 2015 cuando se daba la depreciación acentuada del guaraní, sucediendo lo mismo en Brasil y Argentina con sus monedas, la contribución al crecimiento del comercio fue negativa, debido a los mayores costos de importación y el desplome del real brasilero.

En 2016 y 2017 eso fue ajustándose de tal forma que en el último año, el aporte a la evolución del comercio fue de 1,1%, casi un cuarto de la proyección de 4,2% estimada para el ejercicio anterior. Mientras que en 2016, las binacionales fueron las que ‘salvaron’ el crecimiento económico, con una contribución de 1,3% a la expansión del Producto Interno Bruto (PIB) de 4,0% registrado en ese año. Sin embargo, el auspicioso escenario no tuvo vínculo con la generación de empleo en el resto de la economía.

En 2017, el crecimiento económico proyectado fue de 4,2% y las características de esa expansión varían en forma importante. Las binacionales ya no tienen participación tal como ocurrió en 2016, debido a que no repitieron la producción energética registrada durante ese año. Sin embargo, se destacan el comercio, la industria, los servicios y la agricultura con contribuciones al crecimiento de 4,3%, empleando a la mayoría de los trabajadores de la economía en el país.

En el mismo contexto, una parte importante de este crecimiento está vinculado a una recuperación en el sector agrícola, donde se registró una cosecha histórica de soja de más de 10 millones de toneladas y que ha tenido derrames positivos en la cadena agrícola como en el transporte, las finanzas y la agroindustria.

El sector sojero venía sosteniendo reducciones en los precios de venta, situación que le impedía responder a los compromisos contraídos con el sector financiero. La mejora en los indicadores en 2017, combinado con mayores niveles promedio de rendimiento por hectárea dio un ‘respiro’ a los productores, por lo que el 2017 se convirtió en un año de cobros para los bancos, lo que permitió el saneamiento de las carteras de crédito agrícola del sistema financiero.

¿Cuál es la proyección para el 2018? 

Para el 2018, la consultora MF Economía proyecta el valor de una serie de indicadores macroeconómicos.

La tasa de inflación esperada en el presente año se mantiene al nivel de la meta de inflación establecida por el Banco Central del Paraguay (BCP) de 4%. Además, se proyecta que el tipo de cambio cierre 2018, en aproximadamente G. 5.700. Al respecto, la principal presión sobre el dólar norteamericano vendría del exterior y estaría vinculada con la expectativa de su valor en los mercados internacionales de divisas. Se acaba de promulgar la reforma tributaria en EE.UU. que representa una reducción de impuestos para muchas personas y corporaciones. Además, en 2018 se esperan otros tres aumentos en la tasa de política monetaria de EE.UU. y la presentación del plan de infraestructura del gobierno del presidente Donald Trump. Estos factores ejercerían una presión alcista en el valor de la moneda norteamericana.

En cuanto al PIB, MF Economía estima una tasa de crecimiento moderada, situada en 3,4%. Y en este punto es necesario realizar algunas especificaciones como que el crecimiento real del PIB mide el cambio en el volumen de bienes y servicios producidos en el año, no el cambio en el valor de producción.

El principal factor de las economías que son agrícolas dependientes como el caso de Paraguay, es el componente climático y los riesgos vinculados. Las últimas dos recesiones por las cuales atravesó el país en 2009 y 2012 estuvieron vinculadas a sequías que afectaron las cosechas de los principales productos agrícolas, impactando profundamente en el resto de la economía. 

En tanto que la perspectiva para el 2018 es la de un clima relativamente bueno, que acompañe la cosecha de soja de verano. Además, no se descartan riesgos limitados de menores lluvias en el otoño por causa de “La Niña”, que afectaría la siembra de maíz y soja, inmediatamente después de la cosecha grande de soja. 

Si bien el sector agrícola ha tenido un rol preponderante en la actividad económica de 2017, se estima que el volumen de la cosecha de soja en este 2018 será menor. Esto representaría una reducción en la producción de la oleaginosa que tendrá que ser compensada por otros cultivos del sector agrícola para mantener los niveles de crecimiento cercanos al 4%. Si todos los demás sectores de la economía mantienen comportamientos ‘normales’ o acordes a su crecimiento en los últimos tres o cuatro años y la producción agrícola total no crece, la expansión del PIB necesariamente será menor a la tasa de alrededor de 4% que se venía registrando hasta el 2017.

Como se mencionaba, la soja tuvo una cosecha histórica durante el 2017, de aproximadamente 10.600.000 toneladas, pero se espera una cosecha menor de 9.600.000 toneladas en 2018, representando una reducción en la producción de 10%.

En cuanto a los demás productos como el trigo y el arroz, no se estiman mayores cambios en los niveles de producción, por lo que no tendrían una incidencia importante en el nivel de crecimiento del sector agrícola. Por su parte, el maíz, en 2017, se cultivó relativamente poco en comparación al 2016, ya que por temas vinculados al clima muchos productores seguían con la cosecha de soja de verano en la época de siembra de maíz, lo cual redujo su producción.

La expectativa es que este año la cosecha de maíz sea mayor, aumentando de 3.000.000 de toneladas en 2016 a 4.000.000 toneladas en 2017, un crecimiento real de 33%. Debido al gran peso de la soja en el sector agrícola, el incremento en la producción de maíz es solo suficiente para compensar la caída en la oleaginosa, lo que arroja que el sector agrícola no crecería o se expandirá muy poco este año.

Con relación a los niveles de precios, los principales productos agrícolas de exportación se mantendrían en 2018. En el gráfico de precios se muestran los valores promedios históricos de precios al productor de soja, maíz y trigo. En 2017 el valor de la soja promedio al productor fue de alrededor de US$ 310/tonelada y se espera que los niveles de cotizaciones se mantengan similares en 2018. Esta tendencia se ajusta a las proyecciones internacionales que rondarían los US$ 370/tonelada.

Los precios al productor del maíz y el trigo también se encontrarían en niveles de 2016, cercanos a los US$ 85 la tonelada para maíz y US$ 130 la tonelada en trigo. Estos valores son bajos con relación a los de 2011 a 2013 y prácticamente seguirían dejando pocas ganancias en estos cultivos.

Con respecto al comportamiento del sector ganadero, en los últimos años, el crecimiento del hato ganadero se ha frenado por la mayor faena y ciertas situaciones vinculadas al clima. Si bien se viene trabajando en mejorar la eficiencia en la producción, todavía queda mucho por hacer para alcanzar mejores niveles.

Para el 2018, la perspectiva es la de un crecimiento del sector, dadas las proyecciones de la demanda mundial y porque se espera ingresar a nuevos mercados. Esto fundamenta aún más la importancia de seguir trabajando para lograr un aumento del hato ganadero, el cual permitirá que el ciclo productivo continúe siendo sostenible para atender los mayores niveles de exportación sin descuidar el mercado local.

En términos de precios de los distintos tipos de carnes, los mismos se mantendrían y solo se observarían subas marginales, producto de la estacionalidad propia del negocio.

El sector financiero, por su parte, posiblemente haya sido uno de los más afectados en forma indirecta con la caída del precio de la soja que se iniciaba en 2014. Este grupo económico tuvo que realizar ajustes para adecuarse a la realidad de clientes con muchas dificultades para hacer frente a sus deudas. Además, en el 2015 el guaraní se depreció en 25% con relación al dólar, que representaba un riesgo para aquellos clientes que se habían endeudado en moneda extranjera.

En el 2017 se comenzó a observar una leve recuperación en el sector financiero como efecto de la cosecha récord de soja y la estabilización del precio de la misma. El gráfico de crecimiento de la cartera de crédito muestra cómo se debilitaba la colocación de créditos bancarios entre el 2015 y el 2016, tanto en moneda extranjera y moneda nacional. Recién en mayo de 2017 se comienza a observar una leve recuperación de los créditos en ambas monedas.

Para este 2018 los niveles de liquidez se mantendrían elevados con perspectivas de una recuperación gradual en las carteras de crédito de las entidades financieras. Los indicadores de morosidad seguirían estables, cercanos a los niveles de 2017. En ese año también se observó una leve recuperación en el saldo de préstamos bancarios con dificultades que necesitaban un plan de refinanciación. 

Las decisiones inherentes a las políticas públicas durante el desarrollo económico del 2017 no estuvieron ausentes, por consiguiente, tampoco lo estarán en el 2018, teniendo en cuenta las próximas elecciones presidenciales. En el mismo contexto, el clima de incertidumbre provocado por las idas y vueltas en las decisiones de la Subsecretaría de Estado de Tributación (SET) con relación al Impuesto a la Renta Personal (IRP), se intensificó hasta los primeros días de este 2018. Además, el tratamiento del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el 2018 también fue blanco de discusiones y decisiones que hicieron tambalear, en cierta manera, la institucionalidad del país.

Considerando solo estos temas, el 2018 seguirá siendo un año de importantes desafíos como romper con la debilidad institucional, punto tan cuestionado por las agencias calificadoras de riesgo, así como fortalecer el respeto a normativas que rigen en el país y que terminan incidiendo en el ánimo de los inversionistas tanto nacionales y extranjeros. Además, deben impulsarse esfuerzos para mejorar los niveles de educación primaria y secundaria, y focalizar propuestas de políticas públicas para lograr por ejemplo, ampliar la cobertura de servicios de seguro de salud que en la actualidad llega al 25% de la población total.

En este mismo contexto, no se puede obviar la importancia de la renegociación de la Itaipú Binacional, cuyo acuerdo sentará un precedente trascendental en el manejo de las políticas públicas de Paraguay, sumado a lo que representarán los recursos adicionales para las finanzas del Estado.

Así como la asunción de un nuevo Gobierno viene cargada de dosis de esperanzas, las perspectivas para el 2018 también se mueven dentro de un ambiente económico auspicioso.

* Este 2018 está marcado por las próximas elecciones presidenciales de abril, que no solo tendrá su impacto en la conformación del nuevo gobierno, sino en las decisiones y perspectivas de conducción para los próximos años. Uno de los temas centrales es la renegociación de Itaipú, en 2023, después de 50 años.

* Deben impulsarse esfuerzos para mejorar los niveles de educación primaria y secundaria, y focalizar propuestas de políticas públicas para lograr por ejemplo, ampliar la cobertura de servicios de seguro de salud, que en la actualidad llega a solo el 25% de la población total.

* Decisiones inherentes a las políticas públicas no estarán ausentes en el desarrollo económico del 2018, teniendo en cuenta las próximas elecciones presidenciales y en el mismo contexto, el clima de incertidumbre provocado por las idas y vueltas en las decisiones de Tributación sobre el IRP.

 
 

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