03 de Junio de 2008

| REFLEXIÓN PARA PADRES

Ayudemos a nuestro hijo a ser un buen estudiante

El aprendizaje no se da por sí solo. La buena instrucción requiere de tres participantes: el estudiante, el profesor y el padre de familia. Pero ¿cuál es la función del padre o de la madre? ¿Qué pueden hacer para que sus hijos sean mejores estudiantes?

Abg. Christian Godoy

Empecemos bien

Enviemos a nuestros hijos a la escuela diariamente. Los maestros se preocupan porque muchos padres asignan otras actividades a sus hijos. De esta manera, el niño deja de hacer trabajo escolar y recibe el mensaje paterno: “La escuela no es tan importante”.

Mantengamos una actitud positiva. Los niños aprenden mejor cuando se sienten satisfechos de sí mismos. Recordemos esta magnifica norma: “Cada niño debe obtener un triunfo todos los días”.

Trabajemos con los maestros

Los niños aprenden mejor con aquellos que los respetan; por lo tanto, evitemos criticar al maestro delante del niño. Si tenemos alguna crítica hagámosla personalmente al maestro. En caso que éste no resuelva la situación, hablemos con el director.

Manifestemos más interés en el contenido y en el desarrollo que en las calificaciones. ¿Qué está aprendiendo nuestro hijo? ¿Se ve que adelanta? Cuestionemos tanto las buenas calificaciones como las malas. ¿Es cada 5 una señal de buen aprovechamiento, o de que era muy fácil el trabajo?

Si consideramos que existe algún problema, no esperemos hasta la siguiente reunión programada de padres y maestros; pongámonos en contacto con el maestro y concertemos una cita con él.

Fomentemos la responsabilidad

Establezcamos metas que estén al alance de nuestros hijos. Muchas metas pequeñas que un niño puede realizar consecutivamente dan mejores resultados que una sola meta importante, porque establece la meta del triunfo.

Demos premios en vez de aplicar castigos. Es posible que un logro en sí represente una recompensa, pero ciertos privilegios especiales constituyen un estímulo.

Pongamos reglas sobre la tarea

Todos los niños necesitan un lugar tranquilo para estudiar, con buena luz donde no los interrumpan. Reservémosle una hora determinada para que estudie allí.

Recordemos que cada niño es diferente. Algunos trabajan mejor si completan el estudio y las tareas en una sola sesión; otros prefieren estudiar 20 minutos, tomarse un descanso y continuar después.

El estudio en casa requiere de nuestro apoyo, pero no debemos olvidar que la tarea es del niño, no nuestra. Si el niño ignora cómo se escribe una palabra, debe obtener la respuesta del diccionario y no de nosotros. Revisemos la tarea y señalemos los errores, pero insistamos en que sea él mismo quien encuentre las respuestas correctas.
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