30 de Agosto de 2005

 

El ecosistema helado: los polos

Los ecosistemas polares se caracterizan, al contrario de los ecosistemas tropicales, por su corta cadena trófica y limitada biodiversidad, que los convierten en sistemas biológicos especialmente frágiles y dependientes de una gran abundancia de sus diferentes componentes. La riqueza biológica de estos climas fríos se distribuye entre las placas de hielo, las aguas marinas, la zona costera, la tundra y algunos bosques boreales de coníferas, configurando un mosaico de ecosistemas que sirve de hábitat permanente o de zona de cría y alimentación a numerosas especies.

En su zona ártica viven entre 3.000 y 5.000 ejemplares del amenazado oso polar. Esta especie ha sufrido un fuerte declive en toda la zona polar ártica a causa de la contaminación de sus áreas de alimentación, donde también se dan cita más de 5 millones de aves marinas de unas 135 especies diferentes. Gran parte de estas aves son estacionales y se concentran durante el verano en la zona costera y los estanques y lagos que se forman en la tundra, donde se alimentan de peces, pequeños invertebrados, moluscos, crustáceos y batracios.

La base de la cadena trófica en el mar se sustenta en la abundancia de plancton y pequeños invertebrados que sirven de alimento a aves como charranes, peces como el bacalao y mamíferos marinos como las ballenas de Groenlandia. En tierra son los líquenes y la escasa vegetación ártica los que proveen de alimento a lemmings, caribúes, bueyes almizcleros, etc.

Tanto en tierra como en mar se encuentran los predadores intermedios, como ballenas jorobadas, focas de bandas, morsas, etc., algunos de los cuales, junto a peces, herbívoros y planctófagos forman parte, a su vez, de la dieta de osos polares, lobos, zorros árticos, etc. El zooplancton a su vez se alimenta de las más de 200 especies de pequeñas algas que viven entre los hielos o bajo estos y las cuales se ven nutridas por la llegada de nutrientes traídos por las corrientes cálidas.

Mientras el oso polar se alimenta entre los hielos y zonas costeras, el oso pardo utiliza los bosques de coníferas y arroyos árticos para procurarse el sustento. A él se unen los zorros árticos que se alimentan de los huevos y aves que se concentran en la tundra y litoral, mientras el lobo depende de los numerosos lemmings, unos pequeños roedores árticos, y rebaños de caribúes, los animales más numerosos del ecosistema ártico.

La Antártida: el eslabón inferior de la cadena trófica está constituido por diatomeas (uno de los elementos del fitoplancton), que deparan el alimento del crustáceo del género Euphasia o krill, muy parecido a un camarón, de unos 3 a 5 cm. de longitud y muy abundante en las aguas subantárticas, que constituye el alimento directo de las ballenas en prácticamente todas sus especies y de algunas especies de focas, así como de las aves aladas, de los pingüinos, y de casi la totalidad de los peces, además de los cefalópodos, entre los cuales sobresale el calamar.

Las plantas que crecen en la Antártida presentan una adaptación al medio tras un largo periodo de tiempo. Las especies antárticas se limitan a algunas plantas con flores, líquenes, hongos, musgos y algas. De todas ellas, los líquenes son el grupo que mejor se ha adaptado al rigor de la climatología en esas latitudes.

Las diferencias entre los polos Norte y Sur se demuestran en las especies que habitan ambas latitudes. Mientras que en el Polo Norte, que goza de características ambientales menos duras, existe una gran diversidad de líquenes, musgos y plantas con flores, en el Antártico por el contrario sólo existen una especie de gramínea (la Deschampsia Antarctica) y una planta con flores (la Colobathus Quitensis), junto con varios cientos de especies de líquenes y algunos menos de musgos y plantas inferiores.

En el mar que circunda el Antártico existe una gran diversidad de algas marinas, algunas de enormes foliolos de 30 metros de largo y algo más de medio metro de ancho, así como algas microscópicas; sin embargo, en las aguas continentales las formas vegetales son muy reducidas.

Temperaturas: el continente antártico es el punto donde se han registrado las temperaturas más bajas, llegando hasta 89,2 grados bajo cero en la zona de Vostok. El Polo Norte nunca llega a ser tan frío. Este fenómeno climático se debe a que la Antártida es un continente helado y el Polo Norte un mar congelado en el centro del océano Ártico. Los océanos se calientan muy lentamente y también tardan más tiempo en desprenderse del calor que han acumulado.

Cuando en el Polo Norte se forma una capa superficial de hielo de hasta un metro de espesor (por debajo queda agua a cero grados), en algunos puntos de la Antártida la capa de hielo alcanza los 4 kilómetros. Las temperaturas alcanzan los valores mínimos precisamente en estos lugares.
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