21 de Febrero de 2006

| EDITORIAL

La educación debe facilitar la autorrealización y capacitar para la convivencia social

En muchas oportunidades ya hemos repetido en esta columna que una educación incapaz de generar cambios sociales es huera, estéril, inútil. En síntesis, una educación abortada, que no existe.

Quienes militamos con pasión, con esperanzas y con absoluta fe en esta misión liberadora, llamada educación, debemos estar muy atentos y atentas en los resultados que va dejando a su paso el noble trabajo de abrir los ojos de la mente y sembrar buenos sentimientos en los corazones de nuestros semejantes cuya formación para la vida se nos confía y la realizamos con toda honestidad, poniendo lo mejor de nosotros mismos en las aulas de las más de 11.400 instituciones educativas asentadas en todo el Paraguay.

Si cada tanto hacemos un recuento de lo realizado en educación y no vemos adelantos sustanciales y satisfactorios en los cambios actitudinales de nuestra sociedad, como resultados inmediatos y directos de una educación integral, abarcante y profunda, aplicada con eficiencia y apoyada por las tecnologías modernas, es porque ALGO IMPORTANTE está fallando en la misma: quizás la educación que estamos aplicando a nuestras futuras generaciones, o no sea la adecuada, o no llena las expectativas, o estamos equivocando el camino, la metodología, o la pedagogía. Entonces debemos tener capacidad suficiente de corregir los posibles errores, lo más rápido y eficazmente posible.

La evaluación de una auténtica educación es fácil: la educación que es capaz de producir cambios actitudinales de quienes la absorbieron y llenaron sus alforjas con las numerosas y útiles herramientas con que enfrentar con éxito los avatares de la vida; una educación que es capaz de facilitar a cada educando y educanda su realización personal y capacitarlo/a para vivir en sociedad, ES, sin dudas, la EDUCACIÓN VERDADERA.

Porque toda educación que se precie de tal debe ser un proceso que, permite, desemboca e, incluso, facilite la realización personal, capacitando, preparando y alistando al individuo para vivir en comunidad.

De allí que, somos muchos quienes estamos convencidos de que la EDUCACIÓN, POR SÍ MISMA Y POR SÍ SOLA, ES CAPAZ DE CAMBIAR LA SOCIEDAD, por más de que esta teoría sea, muchas veces, rechazada o resistida por algunos “purpurados” en educación.

Y el razonamiento para llegar a esta conclusión es sencillo y más claro que el agua, a nuestro entender: SI LA EDUCACIÓN ES CAPAZ DE CAMBIAR LAS ACTITUDES DEL INDIVIDUO, ADEMÁS DE AYUDARLE A SU REALIZACIÓN PERSONAL, INCLUSO, CAPACITARLO PARA VIVIR EN SOCIEDAD, ¿ACASO, AL HACER TODO ESO, YA NO ESTÁ CAMBIANDO LA MISMA SOCIEDAD, FORMADA PRECISAMENTE POR ESOS MISMOS INDIVIDUOS O PERSONAS BENEFICIADAS POR LA EDUCACIÓN?

Nuestro DEBER, como agentes de cambios, ES, entonces, estar vigilantes sobre el tipo, la naturaleza y la calidad de la EDUCACIÓN que impartimos a nuestros niños, niñas y jóvenes, de tal suerte que les ayude a su realización personal y para que vivan felices y en paz con todos sus semejantes.
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