23 de Agosto de 2011

 

¿Para qué sirven las normas de tránsito?

Prof. Angélica Saucedo

Las calles son lugares frecuentados por mucha gente y, por eso, exigen de sus usuarios respeto y tolerancia. Las normas de tránsito nos ayudan a organizarnos y aprovechar mejor estos espacios públicos. Así nos enseña este cuentito.

El jardín de Doña Inés

(Liana Castello, argentina)

El jardín de Doña Inés era muy grande y florido. Lo habitaban un montón de bichitos de todos los tamaños, formas y colores. Había hormigas, vaquitas de San Antonio, gusanos, sapitos, mariposas, ciempiés sin zapatitos, entre tantos otros.

El movimiento diario era muy agitado. Las hormigas iban y venían transportando hojitas. Los gusanos subían y bajaban de las flores y plantas, los sapos saltaban y las mariposas volaban por todas partes.

El tránsito de insectos y bichitos era realmente muy intenso y poco ordenado.

Todos se quejaban: las hormigas porque los ciempiés ocupaban mucho lugar, los ciempiés porque las hormigas formaban filas muy largas que interrumpían el paso de todos los demás.
Los gusanos porque las vaquitas de San Antonio distraían con sus colores y las vaquitas porque los gusanos iban de aquí para allá pegoteando lo que tocaban a su paso.
Ni que hablar de los caracoles, quienes, por su lentitud característica, se veían en el medio de un caos de tránsito sin saber para dónde ir y ni siquiera, a veces, dónde estaban.

—Sería bueno que se ordenen un poco —aconsejó una mariposa muy entrometida.

—Venga a ordenar usted si tan fácil le parece —contestó una vaquita mientras trataba de despegarse de un gusano con el que había chocado.

La discusión se iba haciendo más acalorada cada vez.

De repente, como aparecido de la nada y luego de un gran salto ornamental, irrumpió el sapo.
—Yo no hablaría de culpas, sino de responsabilidades. Y, según puedo observar, la responsabilidad de este caos es de todos y cada uno de nosotros.

—Mire, bastante nos cuesta ponernos de acuerdo entre nosotros, como para que venga uno más —rezongó un gusano.

—Por eso mismo —contestó el recién llegado— necesitan alguien que los ordene.

—¿Y qué propone, don sapo sabelotodo? —preguntó burlonamente la mariposa.

—Hay normas de tránsito a tener en cuenta, reglas que cumplir y respetar. Si todos las conocen y las cumplen, el tránsito en el jardín será una maravilla y nadie chocará con nadie. No habrá discusiones ni peleas y mucho menos accidentes que lamentar.

Como el sapo sabía de lo que estaba hablando, les enseñó todo lo que sabía a los animales y pronto se organizaron.
Las luciérnagas se ofrecieron como semáforos, las vaquitas de San Antonio señalaban donde no podía estacionarse, las mariposas avisaban cuán congestionados estaban los caminos y así cada uno comenzó a cumplir una función en el jardín de Doña Inés.
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