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26 de Marzo de 2018 07:00

 

Abrazados a los "verdugos"

Por Alejandro Acosta

Los presidenciables de la ANR y de la Alianza Ganar comparten el mismo plato. Ambos debieron tragarse “sapos” proenmienda en busca del poder. Mario Abdo Benítez fue a Mburuvicha Róga por el abrazo republicano y Efraín Alegre intenta una segunda alianza.

Los hoy principales rivales por la presidencia de la República, Abdo Benítez por la ANR y Alegre por la Alianza Ganar, en un momento estuvieron unidos en una misma causa: el rechazo a la ilegal enmienda constitucional y enfrente tuvieron como “enemigos” a varios con los cuales hoy se abrazan.

El presidenciable de la ANR, liderando el movimiento Colorado Añeteté, instaló una fuerte bancada disidente al cartismo y al Gobierno en el Senado. Con la enmienda, esto no hizo más que agudizarse, sobre todo tras la convención colorada de finales de octubre de 2016, donde se impuso impulsar la reelección para Cartes.

El fallido primer intento de violar la Constitución conocido, como el fiasco del “Firmatón”, que consistió en una masiva presentación de planillas con firmas (muchas de ellas falsas, según constató la Justicia Electoral), polarizó más aún a los oficialistas y a los disidentes colorados.

Tras el fracaso de esa intentona, el siguiente paso era buscar formar la enmienda desde el Congreso. En una caldeada reunión de mesa directiva del Senado, el 12 de diciembre de 2016, el senador Silvio “Beto” Ovelar advertía sobre las consecuencias de un tratamiento de la enmienda. “Yo no me responsabilizo por otros, pero yo me voy a enfrentar, estoy jugado. Es más, el responsable de lo que pase se llama Horacio Manuel Cartes Jara”, responsabilizó entonces Ovelar.

Entonces ya empezaban a acusarse de “vendidos”, sin ahorrarse calificativos. "No le tenemos miedo a un mafioso como él (Cartes), narcotraficante. Vos sabés bien, Juan Darío (Monges), cuántas veces hablamos”, se oyó decir a “Beto” Ovelar.

El receso parlamentario no hizo más que dar tiempo para que los que intentaban violar la Constitución afinaran detalles, mientras desde la disidencia continuaban apelando para que Cartes y sus aliados desistan de la reelección.

“Nadie quiere salir de Mburuvicha Róga y del Palacio. Cartes no tuvo la fuerza para administrar el poder con sabiduría y eso se empezó a notar cuando no pudo articular consensos mínimos, cuando empezó a dividir al partido, a la sociedad; no construyó un consenso mínimo en base al diálogo”, afirmaba Mario Abdo Benítez el 16 de enero de 2017.

Ya en marzo, mes clave para los cartistas, llanistas, luguistas y del partido Unace, no cesaron los ataques cruzados contra los que intentaban violar la Constitución y los que supuestamente no querían “que la gente decida”.

Los insultos y calificativos fueron subiendo de tono y llegaron a su clímax en la primera sesión "mau", donde se cambió el reglamento interno de la Cámara de Senadores, el primer paso en busca de la enmienda ilegal. “¡Sos un vendido de mierda!”, le gritaba en la cara el senador “Beto” Ovelar a su exaliado Julio César Velázquez, que presidió la sesión “mau”.

“Los vendidos pues actúan de esa manera, así como actuó Julio Velázquez hoy, sin ningún tipo de rubor, pero como cobardes corriendo como ratas”, acusó Ovelar entonces.

Las confrontaciones siguieron escalando hasta puntos aparentemente irreconciliables, luego de que 25 senadores aprobaran la enmienda. Mario Abdo Benítez volvió a tomar la palabra entonces y calificó de “sicarios de la política” a sus ahora aliados.

“Fue como si tenían que cumplir algo que se le había pagado anteriormente y llevar el premio al que les pagó; hicieron todo, atropellando todas las normas, y eso nosotros no vamos a convalidar”, indicó Mario Abdo tras el primer atropello al Congreso.

Ya con los hechos consumados de la quema del Congreso y el asesinato de Rodrigo Quintana, Mario Abdo Benítez no dudó en responsabilizar directamente al gobierno de Horacio Cartes de la tragedia. “Solamente la soberbia de algunos puede insistir en un proyecto como la enmienda, que está manchada de sangre”, remarcó públicamente.

El rechazo a los violadores de la Constitución Nacional se mantuvo como discurso de campaña ya con miras a las internas presidenciales e incluso Mario Abdo Benítez, en nombre de Colorado Añetete, dijo que no quería “ni un violador de la Constitución Nacional” en el Congreso.

La misma noche de su victoria, el 17 de diciembre de 2017, como candidato de la ANR a la presidencia, mantuvo su discurso. Vamos a ser uno con el partido colorado, no vamos a abrazarnos con la impunidad, dijo, algo que empezaría a cambiar poco después en nombre del “abrazo republicano”.

“Tal vez haya que tragar sapos, pero yo voy a hacer una campaña distinta”, afirmó el presidenciable colorado el 19 de diciembre de 2017, a dos días de su victoria, y luego tuvo que ir hasta Mburuvicha Róga para abrazarse justamente con Cartes, el que permitió el intento de violación constitucional.

Pero la prueba más clara de que el “abrazo republicano” finalmente se impone ante todo, incluso a una de las crisis políticas más graves de la democracia, la resumió el propio Mario Abdo Benítez al afirmar: “Yo no puedo ser verdugo de alguien que me ayuda a llegar al poder”.

Cabe destacar que la incoherencia no es exclusividad de los presidenciables, ya que hasta hace algún tiempo era, por ejemplo, impensable ver a Horacio Cartes y Juan Carlos Galaverna abrazados, o a Nicanor Duarte Frutos tragarse sus críticas contra Cartes; todo sea a cambio de algún cargo “para los amigos”.

Aliados en segundas nupcias

La Alianza Ganar trae un antecedente de conflicto más prolongado que el de lo colorados y es que ya cuenta con un primer “matrimonio” fracasado tras el quiebre en pleno gobierno 2008-2013 que terminó con la salida anticipada del expresidente Fernando Lugo, algo concretado justamente por muchos de los hoy aliados.

Justamente, tal vez esa espina clavada de saber qué habría pasado si Lugo seguía en el poder tentó al Frente Guasu, agrupación que respalda a Lugo, junto con el movimiento liberal Equipo Joven (llanismo), para aliarse a Cartes en busca de intentar forzar esa posibilidad, pese a que la Carta Magna claramente prohíbe volver a candidatarse a un expresidente.

Enfrente encontraría a quien hoy es referente principal de la Alianza Ganar: el candidato a presidente Efraín Alegre, que en ese momento aún no se ganó la postulación, pero sí fungía ya como presidente del PLRA.

Las disputas entre Blas Llano, líder de Equipo Joven, y Efraín Alegre, entonces presidente del Partido Liberal Radical Auténtico, también son de larga data pero nunca llegaron al punto de reeditar una convención colorada.

Hasta el 25 de febrero de 2017, los colorados eran los únicos que contaban con el “logro” de llegar a los sillazos en una Convención. En esa fecha, pese a los disturbios, la Convención del PLRA decidió rechazar la propuesta del llanismo de habilitar una “concertación” para las próximas elecciones. Ese planteamiento realmente ocultaba la intención de buscar la reelección para Lugo y, por ende, para Cartes.

El propio Efraín Alegre había calificado de una “asociación criminal” una eventual concertación, ya que apuntaba a violar la ley suprema de la nación, la Carta Magna, y buscar una reelección ilegal. En ese momento, atacó tanto a los llanistas como al propio Lugo y a su sector.

“Los convencionales están hastiados de los parlamentarios que van a transar, negociar y a atentar contra la Constitución”, afirmaba en febrero de 2017, ante el inminente tratamiento de la enmienda, y en reiteradas ocasiones amenazaron con expulsar del partido a los legisladores que apoyen el intento de golpe.

Ya con los hechos consumados del intento de violación constitucional y el atraco a la sede partidaria liberal, Alegre hizo una juramento contra quienes votaron por la enmienda. “Ninguno de estos senadores son liberales. Te juro por Dios que los vamos a expulsar (del partido) y la historia no les va a olvidar a los traidores. Lo que ellos están haciendo es una afrenta a un pueblo y partido”, dijo, aún conmocionado por el asesinato de Rodrigo Quintana.

Los llanistas no se quedaban atrás e incluso el propio Blas Llano denunció una supuesta amenaza de muerte por parte del senador liberal Luis Alberto Wagner, por votar a favor de la enmienda, y calificó de “fascista” la intención de expulsarlos del partido por sus votos.

“He recibido un mensaje de texto en uno de mis números; además de descalificarme como persona, lo cual no me preocupa tanto, también recibí una amenaza a mis hijos”, afirmó Llano en el contexto de la primera sesión “mau” y la de la aprobación de la enmienda.

Las disputas siguieron durante la campaña electoral de cara a las elecciones internas del 17 de abril, sobre todo con el llanismo, dado que con los luguistas la reconciliación ya se iba gestando desde antes, apuntando a la alianza. No obstante, la unión entre llanistas y luguistas persistía en el Senado incluso mucho después del fracaso de la enmienda.

Alegre ya empezaba a tragarse algunos “sapos”, por ejemplo, evitando cuestionar al Frente Guasu por haber avalado la postergación de una sanción contra Óscar González Daher por el escándalo de tráfico de influencias desde el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.

“No es ningún problema que tengamos diferencias. (Nos cuestionan que nos aliemos); sin embargo, en el Partido Colorado no hay drama. Ahí se puede matar a un vicepresidente y no importa, porque viste que ellos tienen licencia hasta para matar”, afirmó Efraín Alegre, haciendo un ejercicio de indiscutible pragmatismo (aunque no de coherencia), como diciendo: "Si los colorados pueden pisotear todo lo dicho y abrazarse a sus enemigos, ¿por qué nosotros no?".

 
 

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