01 de Agosto de 2014 00:00

 

¿Dónde están?

Por Héctor Fretes

A 10 años de la mayor tragedia civil de la historia del país, aún hay heridas que no cierran, sobretodo en aquellas familias que no pudieron ni siquiera despedir dignamente a sus miembros por no haberlos hallado.

Memorial en homenaje a los desaparecidos tras el incendio del supermercado.

Memorial en homenaje a los desaparecidos tras el incendio del supermercado. / ABC Color

El incendio del supermercado ocurrido el domingo 1 de agosto de 2004, en el supermercado ubicado en el barrio asunceno de Trinidad cegó la vida de casi 400 personas y continúan desaparecidas Severiana Martínez, Alexander Giordino, Blas Rogelio Sosa, Zulema Zanotti, Sara Martínez, Johana Montserrat Soto y Juan Adolfo Lima López.

Según relató Delia López, quien perdió a cinco miembros de su familia ese fatídico día y solo cuatro le fueron devueltos, su entorno aún sigue luchando por dar con su sobrino Juan Adolfo, que el pasado 20 de julio debía cumplir 19 años.  Su afanosa búsqueda tropezó desde el principio con inconvenientes, tanto de parte del Ministerio Público y también por la resistencia de las familias a realizarse pruebas de ADN, para identificar los restos.

“Hay como 24 familias que no se hicieron ADN, que llevaron sus cuerpos ese mismo 1 de agosto, luego recurrimos a la justicia, la causa pasó del fiscal Edgar Sánchez a la fiscala Teresa Rojas, cuyo trabajo fue negligente, ya que tenía que convencerle a las familias de hacerse el estudio u ordenar una exhumación, pero no logró ni uno de estos objetivos, esa era última oportunidad para encontrar a nuestras familiares” relató la mujer en conversación con ABC Color.

Según López, estas familias argumentaron que no hacían falta tales pruebas, debido a que el reconocimiento de los restos fue en base a calzados y ropas, otras acercaron fotografías, pero no en base a una comprobación científica, de hecho reveló que hubo casos en que se devolvieron restos que no correspondían a una familia determinada. Agrega que el miedo a quedarse a quedarse sin nada es la principal causa de la resistencia de las familias que rehusaron a la realización de las pruebas, pese a la existencia de un mandato judicial, que no fue ejecutado por la agente del Ministerio Público.

“Qué triste es visitar a una persona que posiblemente no sea tu familiar, así como nosotros estamos esperando encontrar a los nuestros, ahora no tenemos prácticamente que hacer, ¿a donde vas a acudir?, ya se hizo muestras con nuestras familias y no encontrarnos, o llevaron los restos ese 1 de agosto y no los devuelven por temor a quedarse sin nada o directamente fueron consumidos por el fuego”.

Los desaparecidos corresponden al grupo fallecidos calcinados, “en mi caso toda mi familia falleció de esa manera, a mi hermana pudimos identificarle gracias a su odontóloga el 5 de agosto, los restos de mi cuñado hallamos recién al año siguiente, esto permitió que identifiquemos a otra sobrina que estaba en la morgue judicial, pero nunca pudimos recuperar a Juan Adolfo”.

En otro momento, señaló que aún en el dolor, la fortaleza para luchar por justicia proviene tanto de Dios, como de otras familias afectadas por la tragedia, a veces decaemos, incluso estuve a punto de unirme con mis familiares porque me enfermé, al principio me costó asimilar, pero no nos podemos rendir, recalcó.

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