01 de Agosto de 2014 00:00

 

Ycuá Bolaños: cobertura de la tragedia

Por Jorge Coronel

Entre cuerpos calcinados, angustia y desesperación, periodistas y reporteros gráficos vivieron la cobertura más dura de su vida: reportar, desde el más crudo escenario, la noticia.

Entre víctimas, bomberos, policías y ciudadanos colaborando, reporteros gráficos debían capturar la tragedia.

Entre víctimas, bomberos, policías y ciudadanos colaborando, reporteros gráficos debían capturar la tragedia. / Carlos Shatebeck, ABC Color

Así como médicos, enfermeros y policías, periodistas y reporteros gráficos estaban allí para cumplir su labor. Era, sin dudas, la experiencia más caótica y escalofriante que habían vivido, hasta entonces, a lo largo de sus vidas.

Se trataba de la tragedia más grande registrada en nuestro país: la del incendio del supermercado Ycuá Bolaños, en Trinidad, que dejó más de 400 personas fallecidas.

“Teniendo en cuenta el escenario del área de cobertura en cuestión, era muy amplio”, comenta diez años después Édgar Ferreira, uno de los periodistas de ABC Color que cubrió el evento. “Demandó que todo el equipo de periodistas acuda al lugar. Había varios focos y, a medida que transcurrían las horas, era más sombrío el panorama y, a la vez, más impactante”.

El periodista recuerda lo dramático que fue “ver criaturas, ancianos, niños, rescatados en patrulleras, llevados a los hospitales… era una cosa muy sorprendente, muy pocas veces vista, al menos en nuestros medios”.

“Yo estaba en el diario”, cuenta Carlos Schatebehk, reportero gráfico del diario ABC Color. “Recibimos la información de que había un principio de incendio, entonces me subí al móvil y fui. Llegando, más o menos a la altura de España y Brasil, veo que viene una patrullera de la policía cargada de cuerpos ennegrecidos. Ahí doy la alerta en radio para pedir refuerzos, porque me di cuenta de que era algo grande”, recuerda.

A partir de allí, las calles de Artigas y Santísima Trinidad se convirtieron en escenario de la película de terror que nadie hubiera querido vivir. “Había bomberos, policías, había gente rompiendo vidrios… los bomberos agujereando paredes para que salga la temperatura de adentro. Sobre Artigas, abrieron una puerta del estacionamiento y salieron las promotoras de una gaseosa ennegrecidas y llorando”, recuerda.

En ese momento, el fotógrafo corre hasta el inicio de la rampa, y observa que rompían vidrios, descubriendo los cuerpos calcinados. “Me acuerdo que el comisario Aristides Cabral sale y le ve a unos cuantos policías custodiando para que no entre más gente, porque era un caos, una desesperación, entonces le dice el comisario: 'Che ray: ja salva (hijo: salvemos) la mayor cantidad de gente posible porque hay gente que necesita todavía'. Fue así como varios policías pudieron ingresar, arriesgando su vida, para sacar a toda la gente que podían.

“Algunos estaban viviendo todavía, entonces entraron y comenzaron a mover los cuerpos; había gente viva, pero aplastada”, menciona.“Los periodistas policiales estábamos muy acostumbrados a ver cadáveres”, expresa Ferreira. “Pero el caso Ycua Bolaños tiene una particularidad, porque –aparte de los cadáveres– fue muy sorprendente e impactante fue ver gente quemada en momentos en que eran evacuadas y llevadas en vehículos. Era un mar de ambulancias y vehículos que ayudaban en el rescate de las víctimas”, agrega.

Para Schatebehk, uno de los responsables de inmortalizar las imágenes, nada fue más fuerte que retratar los cadáveres de niños. “Era lo peor que me había pasado y, como soy padre de familia, dos semanas después comencé a sentirlo. No pude comer hasta tres o cuatro días después, no se me antojaba nada. Después de dos meses, tenía pesadillas: me llegaban los recuerdos de las criaturas”.

“Recordar ese evento es algo que no trae ningún tipo de recuerdo que sea bueno para nosotros, para quienes vivimos de cerca y, peor aún, para quienes perdieron a sus familiares”, acota Ferreira.

El periodista lo define como un hecho “dantescamente atroz”. “Hubo un antes entre Ycuá Bolaños y hoy. Después, toda la gente empezó a tener temor a acudir a centros públicos, tenían mucho miedo: cualquier alarma de incendio recordaba inmediatamente el terror”.

El día del incendio demandó la cobertura periodística más completa posible: con un horario extendido desde el mediodía hasta la noche, con el mayor número de periodistas, tanto de guardia como de día libre y hasta de vacaciones.

Periodistas de países como Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y corresponsales de medios asiáticos, llegaron especialmente al Paraguay para narrar al mundo el episodio más trágico registrado en nuestro país.

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