27 de Marzo de 2015 19:00

 

Formó su empresa tras las rejas

Por Víctor Franco Novarecci

Una esquina de dos metros por uno, una computadora, un par de máquinas bordadoras y gente trabajando sin parar, es la imagen que vemos en el pabellón cristiano “Libertad” de la cárcel de Tacumbú, donde nos recibe Walter Báez.

Jovial en el trato, con tereré de por medio, Walter nos cuenta el duro camino que todos los días recorren dentro de la cárcel de Tacumbú, para lograr la reinserción laboral. “Nos levantamos a las 5:00 y trabajamos todo el día” señala el interno quien está condenado a cinco años de prisión que ya cumplió con tres años de encierro.

“Tobi Artesanías” se llama la empresa que Walter Báez montó dentro del presidio y comenta la fuerte historia que lo marcó. “Yo hice mal las cosas y en 10 años perdí todo lo que tenía y terminé preso. Acá conocí a Dios, que cambió mi vida... aprendí a trabajar, conocí a la mujer que hoy es mi esposa y tengo un hijo de un año, que nació acá en Tacumbú...”. Breve y fuerte relato de lo que es su vida.

Walter tiene una empresa formada dentro del reclusorio más hacinado y peligroso del país. Empezó hace poco más de un año, forran termos, hace todo tipo de trabajos artesanales, actualmente tiene 16 empleados (todos internos) y una sucursal en la cárcel de Emboscada.

“Trabajamos con los internos a quienes tratamos de alejarlos primeros de los vicios (drogas) luego vemos su compromiso y trabajan acá con nosotros. Las historias de vida que te pueden contar son muy fuertes, pero quieren una segunda oportunidad y le estamos dando”, relató el empresario.

“Tengo el apoyo afuera de mi mamá y mi esposa, quienes son las encargadas de venir a buscar la mercadería toda hecha y las llevan a los clientes. Tenemos gran movimiento en materia de ventas y por eso vamos creciendo”, explicó Báez

La empresa montaba por Walter produce, tiene RUC, tributa al Estado desde el mismo presidio y genera una producción de unos 40 millones de guaraníes al mes. La intención de “Tobi Artesanías” es poder exportar el producto a otros países y comentó que a través de otra empresa hace un tiempo enviaron a los Estados Unidos 100 guampas, iniciando de esa manera ya una nueva senda y marcando otro rumbo, para su negocio.

Pero el entrevistado recuerda que su llegada al penal y sus inicios fueron duros. “Cuando yo vine acá estuve metido en todos los líos, pero después me di cuenta que eso no me iba a llevar a nada bueno. Trabaje primero en la cocina, después aprendí oficios y ahora luego de mucho trabajo esfuerzo tengo mi empresa y puedo ayudar a otros compañeros”, señaló Walter.

Muchos negocios compran los termos y otras mercaderías a Walter y las vuelven a vender, el negocio sigue y el interno nos comenta que ya está para pedir su libertad condicional, pero adelantó que seguirá viniendo al presidio a seguir con su empresa.

"Mi intención es seguir con la empresa desde la cárcel, yo voy a venir todos los días a seguir ayudando a mucha gente que realmente quiere salir adelante", sentenció el próspero empresario.

 
 

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