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12 de Julio de 2013 16:00

 

No Te Va Gustar: “¡Paraguay fue una sorpresa!”

Por Jorge Coronel

Emiliano Brancciari, voz y guitarra de No Te Va Gustar, revela antes del show en Asunción la intimidad creativa de la banda de rock uruguaya con más éxito por estos días.

Su música aportó frescura al rock del sur de América. Desde Uruguay, la banda de rock No Te Va Gustar hace de las suyas hace ya 19 años. Y el tiempo les dio la razón, porque –por estos días– son la banda más potable del rock hecho en la región, convirtiéndose en la agrupación que más discos vende en la Argentina, y conquista escenarios competitivos, como el de México.

Detrás de las canciones se esconde el alma de Emiliano Brancciari, vocalista de la agrupación y cabeza creativa en la composición de los temas.

A pesar de tocar para unas 50 mil personas –como lo hicieron en abril de este año, en la Costanera Sur de Buenos Aires–, o liderar las listas de los discos más vendidos, o los rankings de los videoclips más vistos en las cadenas televisivas, el frontman de la banda no pierde la humildad y conversa con la misma cercanía con la que –hace un año, tres meses– charlábamos en Asunción sobre su ascendente crecimiento que se vislumbraba, tras la edición de “Público”, material grabado en vivo en CD y DVD.

Con un nuevo disco en manos –“El calor del pleno invierno”, lanzado en octubre del año pasado–, la agrupación volverá a Asunción para un concierto que dará el próximo 14 de setiembre, en Arena Circo (Manuel Gondra y Mariscal López).

La complicada agenda de giras no impidió que el vocalista mantuviera una amena charla telefónica desde Montevideo, en la que no tuvo reparos para hablar del derecho de piso que tuvieron que pagar, de la continua idea de “empezar de cero”; dio consejos de composición, confesó cómo elige su banda el repertorio, eligió las canciones favoritas de su repertorio, habló de su participación en “Señor Pombero”, el nuevo disco de Kchiporros; compartió sus recuerdos de Asunción y rindió homenaje a su eterno compañero, el recordado tecladista Marcel Curuchet.

“Me acostumbré a escribir estando de gira, porque nosotros últimamente estamos mucho tiempo afuera de nuestras casas”, es lo primero que dice Brancciari cuando hablamos de su rol creativo, fundamental para NTVG. Pero aquel incesante movimiento geográfico no impide encontrar el momento para componer, cada vez que puede. “Viajamos mucho por diferentes países, y esa necesidad de escribir la tengo todo el tiempo, entonces no puedo esperar llegar a mi casa para hacer una canción, escribir una letra o lo que sea”.

“Es un trabajo continuo”, dice. Y agrega: “Pero también es un oficio, entonces es inspiración pero también es dedicación, ¿no? Cuanto más te sientes a tocar la guitarra con una lapicera y un cuaderno, con más facilidad te van a surgir ideas. Si lo dejás por mucho tiempo y después querés retomar… cuesta más. Entonces también hay que dedicarle un poco de tiempo, no solamente cuando sentís que la inspiración llega”.

-¿Cuándo empezaste a descubrir esa veta creativa?

-Hace 16, 17 años que estoy escribiendo canciones. Con el correr del tiempo me gustan cada vez más, pero bueno… es una cuestión de gustos.

-Para un público que todavía no se tomó tiempo para escucharlos: ¿Cuáles son las cinco grandes canciones de NTVG, de las que más orgulloso te sentís o las que más te emocionan?

-“Clara” es una; y es una canción del segundo disco. Te puedo decir “No era cierto”, que es del primer disco, que hasta el día de hoy es como un himno para el grupo y sigue teniendo un significado muy potente.

Te puedo decir “Chau”, que es una canción, que –si bien no es una historia que me haya ocurrido a mí–, me gusta como canción…

Hay una que no tocamos en vivo que se llama “Te quedás”, que está en el disco “El camino más largo”. Es una canción que escribí cuando falleció mi abuelo. No la cantamos seguido, pero me encanta escucharla.

Y después, del último disco: “Nada fue en vano” es la que más me emociona.

-Hoy por hoy son “la gran banda uruguaya”: llenan lugares en Argentina, México, los mercados más difíciles de entrar en Latinoamérica. ¿Llegaste a explicarte, de alguna manera, este boom internacional que pegaron?

-De nuestra parte existe una coherencia de muchos años, de trabajar mucho y dedicar tiempo y amor a lo que más nos gusta hacer… y saber empezar de cero siempre, más allá de cómo nos vaya en algún lado, y si tenemos que –después de tocar para miles de personas– ir a tocar a otro lugar para 100, disfrutar de eso. Empezar de cero en cada lugar, y aunque las condiciones no sean las mejores.

Eso, según nuestra parte, y siempre hacer todo lo posible por sentirnos identificados con la música que hacemos. No hacer nada que no nos guste. Eso es como nuestra forma de trabajar y hacer las cosas. Y que lo humano esté por arriba de todo. Si no está todo bien entre nosotros, no sirve.

Y creo que lo demás es una coincidencia; y es el tiempo y el lugar justo, es estar… Por ejemplo, en Argentina hay un intercambio generacional lógico, porque hay bandas que ya no existen –muy conocidas–, entonces existe un recambio y en ese recambio entramos nosotros. Y, quizás, la forma de hablar: tenemos una forma de decir las cosas que es bastante simple, y tratamos de que todas nuestras canciones signifiquen algo; no cantar por cantar. Me parece que es eso y el carisma grupal.

Me parece que el show en vivo de nosotros es muy potente, pero lo importante es que somos un grupo. El camino grupal es mucho más importante que el camino que haga cada uno, individual. En realidad la gente lo nota: que somos todos distintos, ¡el público nuestro también es muy heterogéneo! Eso no es casualidad. Nosotros somos muy diferentes entre nosotros, pero estamos todos para lo mismo, digamos. Entonces, en el público también se da eso: la gente es muy diferente en edades, en clase social, en lo que te puedas imaginar. Y nuestro repertorio también es variado.

-Lo de “empezar de cero tiene” que ver, especialmente, con Argentina, donde empezaron tocando como banda telonera de bandas más populares en ese momento, en diferentes ciudades.

-Mirá: nosotros, por ejemplo, cuando ya estábamos llevando acá (en Uruguay) miles de personas, empezamos de cero en Argentina, y tocábamos para 50; o viajábamos muchos –muchos– kilómetros para tocar en un festival a las 4 de la tarde, cuando no había nadie. Y sí. Y ahora, por ejemplo, que tocamos en Argentina para un montón de gente y, al poco tiempo, estábamos tocando en Perú, por primera vez en Lima, en un lugar para 200 y pico de personas.

O hemos ido también a Europa, donde empezamos a tocar en lugares muy chiquitos. Y la verdad que está buenísimo eso… tenemos la suerte de viajar gracias a lo que nos gusta, que eso es importante, y que todos los públicos merecen el respeto y merecen que nosotros demos lo mejor, estemos tocando para miles de personas o para un puñado de gente. Entonces eso es importante.

-Y eso también debe ayudar a equilibrar el ego: tocar en el Luna Park y, horas después, en un lugar pequeño en Lima…

-Sí, sí, nos ha pasado. Estar tocando en el Luna Park, y al otro día yéndonos a Europa a cargar equipos y empezar de vuelta, y la verdad que eso nos hace bien, nos mantiene unidos como grupo y con los pies sobre la tierra porque nos ayuda a recordar todo lo que tuvimos que pasar y vivir para tener los privilegios que tenemos hoy, como cerrar un festival o tocar para mucha gente.

-En marzo del año pasado confesabas que tenías un “exceso de material” en la preproducción del nuevo álbum, que hoy se llama “El calor del pleno invierno”. ¿Cómo fue la selección de las canciones? ¿Estás conforme con lo que quedó?

-Sí. Primero lo que hicimos fue bajar de 30 a 20, solamente escuchando las maquetas bajemos a 20. Las tocamos un poquito y ahí dijimos: “ya es mucho para trabajarlas todas”. Bajamos a 20, y ahí empezamos a producirlas. Y después bajamos a 15, que fue el número con el que terminamos trabajando. Y, cuando ya llegábamos a la grabación, ya bajamos a 13 finales: sacamos un par porque nos pareció que redundaban un poco o se repetían en algo con algunas de las que quedaban, entonces no fue muy difícil la elección.

Pero esas canciones que quedaron afuera, capaz tienen una oportunidad para el disco que viene.

-¿Cuáles son los criterios que valen al momento de la selección?

-La primera selección, cuando bajamos de 30 a 20, y de 20 a 15; ahí votamos, porque es más una corazonada de qué canciones te gustan más, y es una cuestión de gustos. Y después, ya cuando estamos en el número más pequeño, ahí ya es hablado, no es un voto. Ahí empezamos a hablar: “si ponemos estas dos canciones, capaz que el disco se nos cae…”, “por qué no ponemos una que sea…”, no sé, hay una infinidad de posibilidades que puede tener una canción, desde la letra hasta la velocidad, o el género. En nuestro caso, que tenemos discos muy variados, tratamos de que no se repita en un mismo disco.

-Se podría decir que hay una democracia casi política en el filtro…

-Digamos que sí, pero llega un momento en el que tenemos que empezar a consensuar, más que votar, porque ya nos ha pasado en algún disco de hacerlo todo votando, y al final el disco nos quedo un poco “desbalanceado”. Porque el voto es algo que es representativo, pero es frío, no termina siendo una obra completa porque de repente se queda un disco muy denso, o en un par de canciones que repiten la temática. Entonces decidimos que, ya en el paso final, tratar de llegar al consenso hablando… y dando argumentos.

-Colaboraste en “Señor Pombero”, el nuevo álbum de Kchiporros, banda paraguaya con la que ya coincidieron en México. ¿Cómo fue ponerle voz a la canción “Cada día”?

-Lo hicimos a distancia, nos pidieron. El disco lo estaba produciendo El Chávez, él produjo el disco “El camino más largo”, y me mandaron las pistas. Yo estaba justo en un momento en que yo estaba de gira, pero les pedí si me podían esperar hasta un momento que yo iba a llegar a Uruguay, y lo podía hacer en el estudio. Me esperaron, y lo hice a fin de año, y la verdad que quedó buenísimo. Ahora, cuando vaya para allá, quiero que me den el disco…

-El último show en Asunción –a fines de marzo de 2012, en el Casco Antiguo– convocó a miles de personas, y se generó una química muy fuerte entre la banda y el público. ¿Qué recuerdo les dejó ese concierto?

-¡Fue una sorpresa! La verdad, fue una sorpresa porque no pensábamos que había tanta gente que nos quería ver y no solo eso: ¡se sabían toda las canciones! Desde las más viejas a las más nuevas. La verdad que fue una grata sorpresa. La pasamos muy bien, y lo que nos pasa siempre con Paraguay es que vamos menos de lo que nos gustaría. Siempre cuando estamos ahí decimos: “Hay que volver lo más rápido posible”; y después pasa un montón de tiempo. Esta vez, por suerte, pasó solo un año.

-Esa oportunidad tuvieron como teloneros a Tío Hiena y Salamandra, una de las bandas más populares. ¿Hubo un intercambio de materiales? ¿Generaron vínculos?

-Yo me traje el disco de Salamandra y estuvo buenísimo; aparte la gente estaba re prendida con los shows de ellos. Así que el recuerdo es buenísimo. Hicimos una buena combinación entre los tres grupos.

-Las productoras destacan el pedido que hace la banda de que los teloneros con los que van a tocar tenga el mismo trato artístico que el de ustedes. ¿Es un gesto que nace a partir de la experiencia propia?

-Aprendimos lo que no nos gusta que nos hagan. Hemos pagado derecho de piso en todos lados. Y, de última, creo que es ridículo hacer tocar a la banda telonera en menores condiciones, o sin las mismas posibilidades que el que cierra el espectáculo. Me parece que eso es tonto, es no estar seguro de sí mismo.

A nosotros nos ha pasado tocar con bandas que no nos permitían utilizar o la batería o no poder sonar al mismo volumen, o prender algunas luces, tocar con la luz prendida… un montón de cosas que nos pasaron, y que no nos gustan, que no es necesaria porque esto es música, esto es para compartir. ¡La música tiene que unir! No puede servir para competir, porque no es una competencia.

-¿Qué tienen planeado para el concierto del 14 de setiembre, en Arena Rock?

-Un poco de cada disco, se suman varias canciones del disco nuevo: el orden, obviamente, es diferente. Tratamos de cambiar los enganches entre canción y canción, y aparte va a estar bueno porque vamos por tierra, porque vamos a estar tocando en Formosa y en Misiones, entonces lo que vamos a hacer es cruzar por tierra... Ahí podemos llevar los instrumentos nuestros, todos, además de la escenografía. Eso hace que el show esté más completo. En avión no podés llevar todos los instrumentos, por una cuestión de sobrepeso…

-Algo muy fuerte que paso entre la última visita a Paraguay y este regreso, es la muerte de Marcel Curuchet (N. de la R.: tecladista de la banda, fallecido en julio del año pasado). La desaparición física coincidió con el éxito profesional. ¿Cómo tomaron fuerza para seguir adelante?

-Y bueno… salimos adelante apoyándonos entre nosotros como la familia que somos. Es muy difícil, es algo que no se supera la muerte de un amigo, de un compañero, pero estamos tratando de asimilarlo, salir a tocar, que es nuestro mejor homenaje.

Nos parece que si nosotros dejábamos de tocar no era lo que él hubiera querido, entonces paramos por un tiempo y luego pusimos toda la fuerza en este proyecto, que también es de él. El disco también fue grabado por él, así que salimos a defenderlo con todas las ganas, y el golpe fue el más duro que nos tocó vivir.

Y estamos en eso… la verdad que es muy difícil. Ahora se cumplió un año de su último cumpleaños –el 4 de julio pasado–, que lo estábamos festejando en México el año pasado, unos días antes del accidente. Entonces todo nos recuerda a eso. Nuestro mejor homenaje es tocar y recordarlo. Sigue siendo parte del grupo, parte de nosotros, de la familia, pero fue un golpe durísimo. Y la última vez que estuvimos ahí fuimos juntos, así que también lo vamos a recordar en Paraguay.

La charla finaliza cuando –tras un silencio cargado de emoción–, parafraseamos una frase de Curuchet: la que dice que “lo prometido es y será siempre deuda”. El homenaje, seguramente, seguirá en Asunción el 14 de setiembre.

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