28 de Julio de 2014 00:00

 

Industria al servicio de la muerte

Por Héctor Fretes

El siglo XIX transcurría con cierta estabilidad en Europa, tras las guerras napoleónicas, pero la Primera Guerra Mundial recrudeció la violencia a gran escala y trajo innovaciones bélicas sustentadas en potencial industrial de los beligerantes.

Estos avances en muchos casos se dieron de una manera tan rápida que superó incluso a la formación académica militar de la época, “había una superacion tecnológica, pero no una adaptación del pensamiento militar que mantenía algunas cuestiones románticas como el uso de la caballería”, pero posteriomente fueron reemplazados con blindados y semiblindados, refiere el historiador Claudio Fuentes.

La industrialización jugó un papel preponderante en la capacidad de los involucrados en el conflicto. De hecho, Gran Bretaña se preciaba de ser la máxima potencia industrial de aquel entonces, bien preparada para un esfuerzo bélico y con una ventaja territorial, mientras que en la Alemania prusiana iba tomando forma como Estado nación dejando el modelo feudal. “Alemania mantenía muchos elementos de una sociedad feudal pero con tendencia a la industrialización, con máquinas pesadas, pero con buena tecnología y de calidad, mientras que Gran Bretaña apostaba por un modelo industrial de producción masiva”, explicó Fuentes.

Según el historiador, la Primera Guerra Mundial enseñó que el estancamiento bélico resulta contraproducente para el éxito en una contienda, lo principal es romper sorpresivamente la línea enemiga y también desbordar en todos los frentes. Sin embargo, esto pudo ser replicado por Alemania recién en la Segunda Guerra Mundial con la denominada guerra relámpago que tuvo relativo éxito hasta el año 1942, momento en que se nota la insuficiencia de hombres para mantener las líneas y los factores climáticos.

A partir de la Primera Guerra Mundial se notó un mayor involucramiento de los estados en la investigación militar y desarrollo armamentístico en la aviación, que se basaba principalmente en el reconocimiento de posiciones enemigas y el ataque con la mayor precisión posible. “Después comenzaron los combates para evitar que el enemigo ubique locaciones estratégicas, si bien muchos aviones eran muy primitivos que podían caerse solos, podían llevar algunas bombas e infringir daños en la retaguardia o ametrallar soldados en trincheras”, detalló el historiador.

El conflicto estimuló enormemente la fabricación de aeronaves, su uso con fines militares y el desarrollo de la guerra aérea; se construyeron dirigibles, globos y aviones. Éstos últimos se utilizaban principalmente para dos tipos de misiones: la observación y el bombardeo.

También se destaca la intervención de los submarinos tanto para destruir objetivos militares y civiles, sobre todo aquellos que iban cargados de provisiones. En efecto, varios países entraron en conflicto tanto en la primera como la segunda guerra mundial a causa de ataques de submarinos. Alemania ha sido la que más se valió de este recurso a pesar que Gran Bretaña era una potencia naval.

La acción más destacable de 1915 fue el bloqueo submarino impuesto por Alemania a Gran Bretaña. El hundimiento del trasatlántico de pasajeros Lusitania a manos de un submarino alemán el 7 de mayo costó la vida a muchos súbditos estadounidenses, lo que originó una polémica que estuvo a punto de provocar la guerra entre Estados Unidos y Alemania, modificando ésta última sus métodos de guerra submarina para satisfacer al gobierno estadounidense.

La guerra de trincheras (zanjas de gran profundidad) introdujo el uso del mortero, el carro de combate dio inicio a la guerra acorazada, la artillería multiplicó calibres, aumentó alcances y mejoró métodos de corrección. En 1915 empezaron a emplearse gases asfixiantes con la toma de las ciudades belgas, se dio inicio a la guerra biológica y química. La industria química fue propiciada por la revolución industrial de fines del siglo 19, hubo una serie de adelantos en la industria química con el desarrollo de plásticos, polimeros, del combustible y los lubricantes.

En cuatro años de guerra se estima que casi 10 millones de personas murieron, en parte a causa de los combates y una importante porcentaje de pérdidas a consecuencia de situaciones de guerra como epidemias e inanición, entre otros.

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