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05 de Febrero de 2019 12:28

 

La muerte ronda a los civiles que escapan del EI

Por AFP

BAGHUZ. Omra Aamur llora mientras alimenta a su nieto sentada delante de una camioneta con el cadáver de su hija a bordo.

Cuando huían del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en el este de Siria, la matriarca perdió a dos hijos por el disparo de un obús.

“Huimos de la muerte y saliendo nos la topamos de frente”, lamenta Aamur, tras haberse ido del último reducto del EI en la provincia oriental de Deir Ezzor.

Los centenares de personas que abandonan casi a diario el área en poder de los yihadistas corren peligro.

Este sector muy cercano a la frontera iraquí es blanco de una ofensiva de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza árabo-kurda apoyada por Washington.

En su huida hace una semana, un obús cayó en el camino utilizado por la familia Aamur -de origen iraquí- y por otras muchas para escapar del último reducto del EI.

El hijo de Omra murió en el acto. Una de sus hijas, Israa, y una de sus nietas resultaron heridas graves. La familia dio marcha atrás y volvió a intentarlo al cabo de unos días.

Las víctimas de los combates y familiares consultados por la AFP son incapaces de decir si fueron alcanzados por los disparos de las FDS o de los yihadistas.

El domingo, horas después de haber llegado a territorio de las FDS cerca de la aldea de Baghuz, Israa y la niña murieron como consecuencia de las heridas.

“La muerte está en todas partes”, suelta Omra Aamur, con la nariz vendada, mientras abraza a su nieto.

“Ya nadie llora a los muertos”, añade esta mujer, de 60 años, vestida con una abaya de color oscuro y velo negro en la cabeza.

El cadáver de Israa está en una camioneta. Combatientes de las FDS vendrán a buscarlo para enterrarlo cerca de allí, en un cementerio improvisado, donde ya fueron sepultadas cuatro personas fallecidas poco después de su llegada.

“Sin medicamentos”

AFP

Desde hace una semana, la alianza árabo-kurda suspendió sus operaciones terrestres destinadas a arrebatar los cuatro kilómetros cuadrados en los que están atrincherados los yihadistas.

Una suspensión provisional a causa de los civiles presentes en el sector que, según la FDS, son usados como escudos humanos por el EI.

Los bombardeos de artillería y los ataques aéreos de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, que apoya a las FDS, continúan.

Las personas que huyen se dirigen a las afueras de Baghuz, donde las fuerzas árabo-kurdas realizan registros y llevan a cabo interrogatorios para intentar detectar a yihadistas que intenten pasar desapercibidos entre la multitud.

“Hamudi, Hamudi”, dice Amani Mohamed, mientras los socorristas se ocupan de su hijo Mohamed, que yace en el suelo tembloroso y con el cráneo vendado.

Hace una semana, ella también intentó huir con sus cinco hijos. Los niños resultaron heridos por un disparo de obús, lo que obligó a la familia a dar marcha atrás.

Hamudi tiene seis años y medio. Resultó herido grave, de modo que la familia volvió a intentar huir. Pero su estado empeoró.

“Allí no hay medicamentos”, señalan. Los socorristas de una ONG estadounidense se arremolinan en torno al pequeño. Uno le habla para intentar que no caiga en coma.

“¿Qué dicen? ¿Su estado es grave?”, pregunta llorando Amani a todo el que se acerca. “Dios, sánalo”, implora.

“Fuera del mundo”

 

Desde el comienzo de diciembre, más de 36.000 personas, principalmente parientes de yihadistas, huyeron del último reducto del EI en Deir Ezzor, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que calculaba que en el lugar habría más de 3.200 yihadistas.

Cerca de Baghuz, las autoridades separan a los hombres de las mujeres, que se instalan con sus hijos en el suelo a la espera de ser transportados a un campo de desplazados en el norte del país.

Las madres alimentan a sus hijos o les cambian los pañales en el suelo tras haber pasado una noche en el frío del desierto.

Iman Asuad está sentada al lado de sus muletas. Fue herida en una pierna por un disparo de obús.

“Allí no hay nada, ni medicamentos”, dice mientras amamanta a su bebé. Safaa Hamdu también está herida en las piernas.

“Hace diez días intentamos salir, los yihadistas nos dispararon”, explica esta mujer que parece haber perdido la noción del tiempo.

“Estoy agotada. Tengo la impresión de estar fuera del mundo”, explica.

 
 

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