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27 de Marzo de 2010 16:30

 

Paraná Ra'anga, el vértigo de la lentitud

Por EFE

La agencia de noticias Efe se hace eco de la travesía del Crucero Paraguay por las aguas del Río Paraná. La nota destaca las peculiaridades de la travesía y compara la lentitud del viaje con las emociones que se pueden vivir dentro de él.

En un mundo dominado por las nuevas tecnologías, las prisas y el estrés cotidiano, remontar el cauce de los ríos Paraná y Paraguay imitando a los antiguos viajeros, a paso de hombre, provoca un vértigo difícil de combatir incluso para los navegantes más experimentados.

El Crucero Paraguay, el viejo cascarón reformado que transporta a la expedición fluvial Paraná Ra'Anga (El espíritu del Paraná, en guaraní), auspiciada por la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (AECID), avanza en dirección a Asunción a una velocidad punta de 5 kilómetros por hora, cargado con 70 científicos e intelectuales empeñados en recuperar el espíritu de los antiguos viajes y por una tripulación de 14 marineros paraguayos.

Un viejo barco estadounidense de los años 40 que se utilizó para el transporte de heridos durante la II Guerra Mundial reconvertido en un  "ship-box"  inspirado en los barcos que cruzaban en Misisipi transporta este peculiar pasaje multicultural compuesto por españoles, argentinos y paraguayos.

Los continuos retrasos provocados por las lluvias y los problemas técnicos del barco han obligado a la organización a pasar de largo en algunas de las escalas previstas y a demorar su llegada a otras.

"Parecemos el barco fantasma, muchos nos esperan y nos ven pasar lentamente por el río sin detenernos", lamenta uno de los organizadores de la expedición.

Sin GPS, sin internet y, sólo a ratos, con cobertura para los celulares, los expedicionarios se vuelcan en la elaboración de proyectos que dejen constancia de esta aventura que comenzó en Buenos Aires el 5 de marzo, embarcó en el puerto argentino de Rosario el día 11 y, si todo sale según lo previsto, concluirá en Asunción del Paraguay el próximo día 31.

El músico argentino Oscar Edelstein prepara una ópera sobre su experiencia en Paraná Ra'angá, mientras el historietista español Pere Joan ultima los bocetos de los dibujos que acompañarán a la obra de su compañero de viaje.

El artista sonoro español Francisco López rescata los secretos de las profundidades del Paraná; el argentino Andrés Loiseau trabaja en una escultura que simbolice la travesía y los ingenieros españoles Miguel Aguiló y Santiago González se encargan de provocar encendidos debates entre el pasaje sobre las alternativas al uso de la energía.

Los paraguayos Milda Rivarola, socióloga, y Guillermo Sequera, antropólogo, ilustran la vida de las comunidades indígenas y de los primeros colonos del litoral, y el astrónomo argentino Alejandro Gangui explica los misterios del equinoccio.

Ajenos a la actividad de cubierta, los marineros del  "Crucero Paraguay"  viven en su propio mundo, su  "Chinatown"  en el subsuelo de barco.

En un pequeño cubículo de la proa del barco, los marineros se turnan para descansar y comer en este reducto que  "es una ciudad dentro de la ciudad que representa el barco" , asegura Víctor, un paraguayo de 33 años que hace un año se dedica a recorrer los ríos del país.

Esta "Chinatown"  tiene niveles ordenados por jerarquías, los marineros más antiguos ocupan el primer piso y los rasos se quedan en el corazón de este micromundo.

Por encima de marineros y pasaje, en la terraza de cubierta, descansan los camareros del  "Paraguay", como Julio Vega, que reconoce que la primera vez que vio el río Paraná desde el barco, con su extenso caudal y la fuerza de sus corrientes, sintió un vacío en el estómago.

"Fue una experiencia, estar en un barco en medio de la nada, te viene ese chucho y cuidado", explica.

Silvio Paredes, el primer oficial del barco, ya olvidó esa primera impresión y maneja con soltura este  "hotel flotante" .

Silvio no cree en las leyendas de los monstruos del agua, aunque reconoce que, sobre en norte del río Paraguay proliferan los relatos de monstruos marinos, sirenas y fenómenos extraños.

La única tradición entre los marineros del Paraná y la parte baja del río Paraguay  "es la de las rubias y las morenas cuando los marineros bajan a puerto. Dos rubias y dos morenas son, en realidad, dos cervezas y dos vinos, no piense mal", bromea.

A lo único que teme Silvio es a la anaconda, la serpiente de agua que puede alcanzar hasta doce metros de longitud y que se esconde en los esteros del río.

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