Con la mirada a las elecciones en 2013, el tema de la inseguridad tomará una vez más un lugar prominente donde se vea la solución en más cárceles y condenas más severas. Pero hay que preguntar: ¿Quiénes son los que están inseguros? Sin duda, el lugar con menos seguridad está dentro de la cárcel, donde diariamente personas sufren de la violencia, robos y amenazas de muerte. ¿Acaso estas personas no importan? En efecto, la inseguridad se elimina con la erradicación de la pobreza, una mejor eficacia en la educación y un trabajo digno y estable. Solamente así se puede dar a cada ciudadano, en cada lugar, el poder de proyectar “un futuro lleno de esperanza” (Jer. 29:13).
Ya es hora de cambiar el modelo, de atacar la cuestión de la inseguridad y verlo más allá de la represión de delitos. La mayoría en la cárcel es pobre, marginada y por ende excluida, en cada sentido de la palabra. Hay que cambiar la justicia tradicional de penalizar y plantear una justicia misericordiosa que busque la solución al conflicto y no solamente el castigo. Es necesario que la misión de cada partido político para el 2013 incluya “denunciar las causas más profundas de la inseguridad” y no buscar la popularidad de la gente con sus reclamos y lemas: “¡más cárceles!” y “¡más condenas severas!” como una solución rápida de la inseguridad.
Hay que saber que la cárcel transforma a la persona en todo lo que un ser humano no debe ser y se destruye su alma con el rechazo, la venganza y la enemistad. Se puede hacer mucho para disminuir la inseguridad ciudadana ofreciendo la mano para empezar el largo y difícil proceso de aumentar el autoestima de cada encarcelado.
Por lo tanto, una manera de hacer eso es tomar en cuenta que dentro de las cárceles hay más de siete mil compatriotas procesados, sin la posibilidad de votar. Pregunto: ¿Acaso el Tribunal Electoral de Justicia se preocupa por sus derechos constitucionales de sufragar? (C.N. Art. 120).
Los políticos, que hablan tanto sobre la inseguridad, ¿no quieren ofrecerles su inalienable derecho de divulgar su opción? (DDHH Art. 19). Por último, sin un cambio de actitud sobre los que tienen conflicto con la ley quedamos con el pensamiento del Monseñor Óscar Romero: “La justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos”. ¿A alguien le importa?
Miguel Ó Loingsigh