Tragedia

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Recientemente fuimos testigos de dos tragedias. Y después todo el lamento, gestos ampulosos de solidaridad, consternación y ruegos al altísimo para sacar las culpas y el dolor por algo totalmente evitable.

El primer ejemplo de esta triste verdad a nivel local, una copiosa lluvia de 30 minutos convirtió las calles de la gran Asunción en trampas mortales. En el plano internacional los sueños del Chapecoense se transformaron en un macabro ejemplo de los oscuros y corruptos intereses que se mueven en el fútbol.

La suerte libró al país de huracanes, terremotos, maremotos, sufrimos a cambio fenómenos meteorológicos de menor impacto, las inundaciones y las tormentas, gracias a la corrupción y al cretinismo, convertimos dos situaciones manejables en catástrofes.

Antes, las grandes lluvias no eran tan dañinas. La tierra chupaba la abundancia de agua y el empedrado minimizaba el impacto. Ahora vinieron los genios y asfaltaron las calles sin ninguna obra para la canalización de las aguas. Vemos que las calles se convierten en cada lluvia en poderosos tsunamis de aguas. Y para completar el panorama, como la idiotez necesita de compañía, apareció el puerco miserable arrojando basuras, escombros, animales muertos en el curso del agua natural y en el raudal, que se lleva todo por delante, matando generalmente a inocentes. Los puercos se salvan, ya que además de estúpidos son cobardes.

En que racionamiento cabe que un equipo de fútbol que estaba por jugar la final de la Copa Sudamericana, viajase en una empresa aérea que tiene 3 aviones, de los cuales 2 no funcionan. En qué lógica entra que un piloto de avión tenga el pensamiento suicida para buscar ahorrar combustible y asesinar a 71 personas. En qué razonamiento está que uno de los mayores negocios del mundo: el fútbol no tenga un mínimo protocolo de seguridad para el traslado de sus principales protagonistas. La respuesta: en la lógica de la corrupción y la avaricia.

La Conmebol, en este caso debe deslindar responsabilidades, porque se habla de que la corrupción sigue campante en dicho organismo, rector del fútbol Sudamericano.

No existen los accidentes. Los provocan los necios por angurria o idiotez.

Óscar Patricio Alonso Pérez