Con la decapitación de un soldado británico en manos de un musulmán fanático, el término “terrorismo” nuevamente se ha posicionado en los medios de comunicación y volvió a mostrarnos el terrible rostro de los fundamentalismos, tanto religioso como imperial.
Luego de observar un breve informe de la CNN sobre el caso, decidí echar un vistazo a la situación regional y opté por el Canal América de la vecina Argentina. De nuevo la expresión de la violencia, esta vez, en forma de xenofobia. Un grupo de paraguayos y paraguayas habían denunciado la usurpación de sus propias casas por una turba de exaltados delincuentes quienes inmediatamente se habían puesto a desmantelar las humildes construcciones o simplemente ponerlas a la venta. ¿La razón? Una de las mujeres involucrada en el asalto expresó con claridad “quieren hacer un barrio paraguayo en la Argentina. Están locos”.
Documentos América realizó una implacable investigación y demostró la indignidad con la que muchos compatriotas son tratados en el vecino país. El grado de humillación, violencia y desprecio brotaba a borbotones en cada una de las imágenes. El documental terminó mostrando una larga y penosa marcha de obreros y obreras cabizbajos impotentes ante la impunidad y deshonra de ver sus casas usurpadas y saqueadas.
La noticia me dejó pensando en aquel famoso diálogo de Ulises y su perseguidor Polifemo. El psiquiatra español Joseba Achotegui dice que las terribles adversidades y peligros a los que se vio sometido el héroe de la Odisea fueron indignas aun a sabiendas que el desventurado viajero era un semidios. Los paraguayos y paraguayas que viajan a la Argentina son de carne y hueso, pero al igual que Ulises deben soportar episodios tan o más dramáticos que los descritos en la Odisea. Soledad, miedo, desesperanza y xenofobia, un combo tremendamente amargo.
...y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente...(Odisea, Canto V)
“ preguntas cíclope cómo me llamo…voy a decírtelo. Mi nombre es Nadie y Nadie me llaman todos…” (Odisea Canto IX).
¿Para sobrevivir en un país que suda xenofobia se debe ser nadie? ¿Es posible vivir permanentemente invisible, sin identidad, sin integración social y sin salud mental? Achotegui afirma que la xenofobia es el uno de los males que más terror infunde y a raíz de la misma muchos afectados optan ante la desesperación, quitarse la vida.
Luego de esta triste historia, decidí hacer un recorrido por los canales paraguayos a fin de encontrar un bálsamo reparador entre el terrorismo y la xenofobia. Opté por un programa de nombre “Sálvese quien quiera” (jueves 23 de mayo de 2013, Red Guaraní. 22 a 23 hs), su conductor un pastor en extremo vehemente y con una capacidad innata para comunicar sus ideas, llamó mi atención. A los pocos minutos de escuchar las opiniones vertidas en el programa, empecé a sufrir y me di cuenta que mi día jueves, definitivamente, estaba maldito. Me costaba “dar fe” del tiempo en el que estamos viviendo y me replantee seriamente acerca de la larga lucha que hombres y mujeres sostuvieron a favor de un mundo más democrático, civil y sobre todo, inclusivo. Apresurado miré el calendario y revisé si por esas cosas de la vida el mundo no habría retrocedido siglos atrás…pero la cosa se puso fea cuando evidencié que estando en el siglo XXI persisten ideas del siglo XVII…
Cada expresión que emanaba de las bocas de estos “censores” a raíz de una iniciativa denominada “Hombría al Máximo” me topetó con la grandilocuencia de un abominable discurso procedente del lugar más recóndito donde enmarañados intersticios de la estupidez y la despótica ignorancia, conviven y se regodean. De manera reiterada, una y otra vez, sin contemplación, eso sí, recurriendo a la ramplona argumentación, atacaron la figura de la mujer.
¿Qué daño ha hecho la mujer a estos fanáticos? ¿Con qué autoridad pueden decir que la figura paterna es la que consolida la identidad del niño en la familia? ¿Cómo es posible que se permita, en nombre de dios agredir a las mujeres por el hecho de ser madres solteras? La respuesta la repartía el pastor Agüero.
Apelar a la naturaleza o peor aún, a una entidad divina para estigmatizar el rol de las mujeres es una monstruosidad descomunal. No voy a cuestionar lo mucho o poco que las expresiones de fe ayudaron a los ciudadanos a ser responsables, cumplir con sus obligaciones y hacer valer sus derechos. Pero sí, concretamente, me indigna las expresiones misóginas de un ciudadano que más allá de su investidura pastoral, promueve la sujeción, pautas disciplinarias y el control como estrategia pedagógica de una matriz teológica donde el cuerpo debe ser moldeado y transvasados por ideales de sumisión. Su discurso exige genuflexión y se nutre de prejuicios a la par de animar estigmatizaciones gratuitas. Desde una “moral superior” se conjetura el destino de los otros. Sin embargo, detrás de esa demanda de subyugación sistemática disfrazada de solemnidad, los panelistas administraron a lo largo del programa una viva e inagotable fuente de violencia y terrorismo teológico.
En nombre de dios se cometieron muchos abusos a lo largo de la historia. Quizá haya llegado el momento de cometer actos de valentía y en nombre de la dignidad contestar a los fundamentalistas con un rotundo ¡están equivocados!
No hay divinidad que permita tamaña idiotez, bestialidad y pusilanimidad civil. El pastor Emilio Agüero y sus amigos de “Hombría al Máximo” deben apresurarse y tomar un curso intensivo de civilidad para entender las claves de este siglo. Deben saber que en este país las mujeres son iguales a los varones, que tienen derechos y obligaciones similares, pero que actitudes poco tolerantes hacen lenta la consolidación de un Estado igualitario. Y una cosa importante que algunos exaltados deben saber: las mujeres dejaron de ser “reses” hace bastante tiempo. Y digo esto pues en un momento del programa, la coronación de Agüero se efectuó cuando comentó que un día le exigió a su esposa corrección.
- Yo soy tu pastor
- Entonces, trátame como a una de tus ovejas, respondió la señora…
Pero hagamos un ejercicio de racionalidad. Supongamos que efectivamente somos ovejas y que irremediablemente pereceremos en menos tiempo de lo que creemos. Entonces, ¿tanta obediencia y tanto silencio a cuestas, puede servir para redimirnos? Preguntar es comprometerse con la respuesta. Callar es fomentar la más perversa de las acciones; la omisión. Por eso le pregunto al pastor Agüero si él se reafirma en su creencia de que “las mujeres son ovejas”…
Así como el pastor sienta cátedra cada vez que discrimina yo le aseguro que nuestras certezas no vienen del cielo a dignificar nuestros cuerpos. Las marcas y los estigmas tienen vigencia en medio de totalitarismos, pero el reconocimiento de lo humano y el respeto por los derechos se logran solamente construyendo legitimidades que inspiran legitimaciones y legalidades siempre dignas. Entonces, le invito al “cancerbero” a darse una oportunidad y pensar que el cuerpo, sus posibilidades, sus opciones y su destino forman parte de la sagrada autonomía del cual todos somos dignos merecedores.
Además, le recuerdo al “ungido” que las sociedades actuales han evolucionado de la mano de las libertades fundamentales y que seguirán haciendo a pesar de sus temeridades. Todavía falta desterrar empresas que marcan los cuerpos con la indeleble repartija de “sentido, orden y bondad”. Las fobias, prejuicios y maledicencias alimentan vetustas imposiciones y azotes rancios. Quizá un día entiendan aquellos que confunden autonomía con obligación.
Al final, decidí apagar la televisión y verter en esta carta mis impresiones no sin antes llegar a una conclusión: si solamente pudiéramos evitar las miles y millones de estigmatizaciones, conseguiríamos jubilar de a poco a miles de millones de “iluminados farsantes” que vierten sus temores y conflictos infundados en los cuerpos de los “otros”.
Dr. José Manuel Silvero A
Docente Investigador de la UNA