15 de Diciembre de 2017 19:15

 

Vida truncada por un celular

Por Antonia Delvalle Castillo, corresponsal

El asesinato de Eduardo Matías Correa Navarro, de 18 años, deja truncada una vida sacrificada y llena de sueños. El joven trabajaba de noche para ahorrar y así poder inscribirse al cursillo para seguir la carrera de Arquitectura.

El joven servidor y monaguillo de la parroquia Domingo Savio de la "ciudad joven y feliz", jugador de fútbol, venía de trabajar en un local de recepciones y eventos, porque necesitaba juntar dinero para poder iniciar, en el 2018, el cursillo de ingreso para estudiar Arquitectura. Se vio forzado a realizar este trabajo porque no encontraba otro empleo, pese a que en su casa se oponían justamente por la inseguridad, pero él estaba decidido a cumplir su sueño de convertirse en un profesional universitario.

El sacerdote Sergio Maciel, encargado de la Pastoral Juvenil Parroquial de Domingo Savio, recordó que como no le estaban saliendo las cosas como jugador, Mati -como le conocían- le comentó que decidió que iba a trabajar como ayudante de cocina de su primo en un local de eventos, para poder pagarse sus estudios. Por ésta razón sólo hasta mayo pudo seguir asistiendo a la misa de los domingos, a las 08:00, donde empezó como monaguillo desde enero de 2016.

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"Siempre se manifestó como un chico transparente, comprometido, servicial, un ejemplo para muchos jóvenes. Era jovial, alegre, cerrista y probó en varios clubes. Nunca tuvo conflicto con nadie. Al contrario, siempre era un chico que mediaba cuando había algún problema. Muy querido por todos", acotó.

El sacerdote dijo que los otros dos compañeros de trabajo del muchacho, Rodrigo Navarro, su primo hermano, y Cristian Romero, también eran monaguillos de la parroquia. Los tres decidieron ir a trabajar juntos para cuidarse el uno al otro a la vuelta, a altas horas de la noche o madrugada, con el único fin de juntar dinero para poder seguir una carrera universitaria.

El padre Maciel dijo que lo sucedido a Mati lleva a reflexionar sobre cuánto vale la vida. Es una pena grandísima para nosotros que por un celular se haya truncado una vida tan joven, una promesa para la Patria, porque era inteligente y buen muchacho.

Manifestó que la inseguridad reinante y campante en el país ya es insostenible, ya que la misma parroquia durante dos meses sufrió el acecho de delincuentes, conocidos como tortoleros, que rompían los vidrios para robar objetos de los autos de la gente que asistía a misa. Ahora les sorprende la muerte de Matías, otra víctima más de la inseguridad. Incluso robaron un bebedero de la iglesia.

HOSPITAL

El sacerdote señaló que, tras la muerte del joven, se puso de nuevo a leer y reflexionar sobre la homilía de Monseñor Ricardo Valenzuela, en Caacupé, dándole toda la razón. Lamentó que en el Hospital de Fernando de la Mora no le hayan prestado tan siquiera los primeros auxilios, y que no tengan una ambulancia para trasladarlo a un hospital especializado habla de una desidia total.

"El chico estuvo agonizando durante una hora, pudo haberse salvado, pero la capacidad de respuesta en el país es lamentable y en salud significa muerte. Si le hubieran socorrido a tiempo podría haberse salvado, estaba consciente, hablaba, lloraba por el dolor que sentía. Le repetía constantemente a su amigo Cristian que no quería morir, le dijo a su papá que se haga algo", subrayó el sacerdote.

También manifestó que como sociedad debemos hacer un mea culpa, por ser tan permisivos y pasivos, y por un Estado que no brinda una atención adecuada al ciudadano. “Una vida que se pierde así a esta edad es lamentable, en la flor de la juventud, con ganas de progresar, de ser provechoso para la sociedad, alguien servicial", acotó.

SIN TRANSPORTE PÚBLICO

Matías junto a sus compañeros de trabajo Rodrigo y Cristian habían salido de trabajar, pero como se cansaron de esperar por un ómnibus de trasporte público optaron por tomar un taxi. Se trata de un problema frecuente de las personas que estudian y en este caso que trabajan en horario nocturno y durante la madrugada. El gobierno siempre se comprometió en resolver, pero sólo queda la promesa.

Ya en el taxi pudieron llegar hasta la casa de Rodrigo, luego emprendieron camino rumbo adonde vive Mati, pero el taxista les pidió más dinero a lo que le respondieron que al llegar le pagarían lo que faltaba. Sin embargo, el trabajador del volante les obligó a bajarse en ruta Mcal. Estigarribia y Pastora Céspedes porque ya no tenían guaraníes con ellos.

Fue en las inmediaciones del shopping Fuente Salemma, distante a unas cuadras de la vivienda de Matías, donde ocurrió la tragedia. Estaban caminando, a punto de llegar, cuando en Mariscal Estigarribia y San Carlos dos sujetos sobre una moto los interceptaron.

Matías tardó en sacar su celular porque tenía un pantalón ajustado, reveló su hermano, por lo que recibió una estocada a la altura del corazón. Fue a tan sólo 300 metros antes de llegar a su domicilio ubicado en Río Ypané casi San Carlos, cerca de la parte posterior de la parroquia Domingo Savio.

HOSPITAL SIN AMBULANCIA

Fernando, el hermano de Matías, relató que lo dejaron que muera desangrado en la patrullera, debido que en el Hospital de Fernando de la Mora no le brindaron al menos los primeros auxilios. Resaltó que al sitio llegó primero una patrullera, aunque para ello esperaron unos 25 minutos.

Posteriormente se demoraron otros 20 minutos cuando le negaron la asistencia en el Hospital de Fernando de la Mora. En este lugar, dijo que el médico Óscar Arzamendia apenas atinó a decirle que le lleven al Hospital de Traumas, en Asunción, porque necesitaba de una cirugía. Le alzó en su auto y él mismo le llevó, ante la falta de ambulancia. Llegó en cinco minutos pero lamentablemente su hermano no resistió y terminó falleciendo poco antes de llegar.

Señaló que no es la primera vez que una persona fallece porque el único hospital de la ciudad no tiene ambulancia para el traslado ni presta una atención de primeros auxilios. Recordó como uno de los casos más sonados el del arquero de fútbol de la sub 18, del Sport Colombia, que recibió un pelotazo y murió sin poder ser socorrido.

Que haya jóvenes como él, capaces de matar por un teléfono celular, es una muestra más de que la mentada oportunidad para la juventud de la que habla hasta el cansancio el presidente de la República, Horacio Cartes, no existe. Tan siquiera le pudieron dar los primeros auxilios en el hospital de Fernando de la Mora. Así se truncaron sus sueños y toda una vida.

 
 

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